1. Cuando llegues al aula, recuerda que en el mundo exterior ya hay demasiados problemas como para generar un ambiente de confrontación entre alumno-profesor. Haz todo lo que esté en tus manos para impedirlo.

2. No es necesario leer mil teorías sobre estrategias para el aprendizaje –aunque siempre viene bien hacerlo–, recuerda lo que más odiabas o te aburría al ser estudiante y haz todo lo posible por hacer lo contrario.

3. Sonríe cada que la ocasión lo requiera y haz que sean muchas; invita a que sonrían tus estudiantes, de lo que dices, de lo que ellos dicen. El disfrute es contagioso.

4. Haz por experimentar la emoción que ellos sienten por sus intereses –olvídate de ti y de siempre andar con estandarte de soldado del conocimiento–.

5. Ojo, no confundas los cuatro consejos anteriores con el “síndrome de Chabelo”, –el que quiere ser amigo de todos los niños–, eres su profesor(a) no su amigo ni su cirquero. Lo complicado es encontrar el justo medio entre la empatía y el respeto.

6. Sé objetivo con aquello que puede interesarles a tus alumnos y lo que no, así podrás evaluar dónde se requerirá más esfuerzo para la motivación y comprensión. A partir de allí elige las actividades de clase y el material. Evita librar batallas perdidas.

7. Guarda tu “status de autoridad suprema” para los casos estrictamente necesarios: el poder se desgasta y la animadversión es la peor enemiga de la enseñanza.

8. Si por más que te esfuerzas no logras ser claro, cambia de tema o de estrategia para explicarlo –o de profesión–.

9. Si eres docente porque no te ha quedado de otra o te has oxidado en el trayecto, eso se refleja y lástima por ti y por tus estudiantes. Si es tu caso, debo decirte que estos ingredientes están fuera del alcance de tus manos.

10. Si finalmente haces todo lo posible para generar un buen ambiente de aprendizaje y los alumnos no responde ante ningún estímulo, también sé franco contigo mismo(a). Entonces pasa estoicamente el mal trago en espera de grupos o escuelas mejores. Si jamás llega ninguna de las dos cosas y, estar entre mochilas, cuadernos y libros es lo tuyo, siempre puedes ahorrar y poner una papelería.

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