Foto: Vagabunda Mx

En nuestras reseñas vagabundas, hoy hablaremos de Ante el tiempo. Historia del arte y anacronismo de las imágenes, de Georges Didi-Huberman (1953), escritor francés que se ha posicionado como uno de los pensadores más influyentes en el análisis de la imagen, la estética y la filosofía.

Hace veinte años, Didi-Huberman publicó Devant le temps. Histoire de l´art et anachronisme des images, título que 2006 Adriana Hidalgo editora publicaría en español, con traducción de Antonio Oviedo, dentro de su selección de filosofía e historia.

En esta obra, el escritor francés aborda la historia del arte en relación con los modelos que cada momento histórico encumbra, genera, critica o, incluso, demerita.

Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo. Como el pobre ignorante del relato de Kafka, estamos ante la imagen como Ante la ley: como ante el marco de una puerta abierta. Ella no nos oculta nada, bastaría con entrar, su luz casi nos ciega, nos controla. Su misma apertura -y no menciono al guardia- nos detiene: mirarla es desearla, es esperar, es estar ante el tiempo. Pero ¿qué clase de tiempo? ¿De qué plasticidades y de qué fracturas, de qué ritmos y de qué golpes de tiempo puede tratarse esa apertura a la imagen?

Con esto inicia Ante el tiempo, y será en ese tono entre poético y filosófico que Didi-Huberman plasmará toda la reflexión que hace entorno al arte, la representación y el tiempo, unido este último concepto ambivalente de anacronismo -la parte maldita del historiador-, tópico esencial que retomará el autor.

El anacronismo sería, pues, menos un error científico que una falta cometida respecto a la convivencia de los tiempos. Lo mismo que la historia del arte como “ciencia” es incapaz de camuflar hasta el final su arraigo literario, retórico, incluso cortesano, lo mismo la historia como “ciencia” es incapaz de recursar hasta el final la ambivalencia de su propio nombre, que supone la trama de las ficciones (contar historias) tanto como el saber de acontecimientos reales. Una vez más, el anacronismo juega, en la posición de este problema, un rol absolutamente crucial. De un lado, aparece como la marca misma de la ficción, que se concede todas las discordancias posibles en el orden temporal: a este respecto, será dado como el contrario de la historia, como el cierre de la historia. Pero de otro, legítimamente puede aparecer como una apertura de la historia, una complejización saludable de sus modelos de tiempo.

Bajo estos conceptos clave, Didi-Huberman se lanza a seguir o construir su propia arqueología del arte, retomando a Plinio el Viejo y su noción de “semejanza” y cuestionando abiertamente la visión de Panofsky de “la historia del arte como disciplina humanística”; después aborda la historia del arte y su fragmentación en la memoria con Walter Benjamin a la cabeza de tal reflexión. El siguiente punto versa sobre la modernidad con Aby Warburg y Carl Einstein como anclas; y finalmente la Imagen-Aura: del ahora, del otrora y de la modernidad.

Un libro que tras dos décadas mantiene su complejidad y vigencia para quienes deseen leer a un ya clásico contemporáneo en estudios de la imagen, o retomar entre su biblioteca personal este ejemplar, para abordar la imagen de estas otras dos décadas del siglo XXI donde la imagen ha construido su reino digital y su propio anacronismo.

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