Fotografía: Lucía Ges

Ay Pablo estoy que no lo puedo creer, por fin vamos a tener nuestra propia casa. Nada que la renta y que otro mes y entonces ya no nos alcanzó para arreglar la lavadora. Ahora estaremos dando una mensualidad por veinte años pero para un patrimonio. Un sueño Pablo.

Sí Marina, yo también estoy muy contento de haber obtenido ese crédito en la empresa. Toda mi vida había soñado con tener una casa para mi familia. Eso de sentir que uno no es dueño de las paredes en que duerme está gacho.

Y mira, dice que Verde Bosque está a veinte minutos de la entrada principal a la ciudad, que cuenta con vigilancia las 24 horas, alberca y áreas de esparcimiento común, casas compactas pero altamente funcionales. Y excelente vista, cierra Marina.

A los dos los envuelve una brisa primaveral que le da un toque celestial a sus rostros y sus bellas sonrisas.

Oye Pablo, ¿no decía que eran veinte minutos hasta la entrada principal? Pues habrán medido el tiempo a las tres de la madrugada de un martes, porque ve, ya llevamos una hora atorados aquí. En fin, tendremos que levantarnos no a las seis sino a las cinco de la mañana para ver si libramos este tráfico.

Pablo y Marina tuvieron que vender algunos de sus muebles debido a lo compacto de su nueva casa. Eran los muebles o ellos. Sirve de que le damos un toque minimalista a nuestro hogar Pablo, dijo Mariana todavía intentando mantener el optimismo.

Chingada madre Marina, ¿ya viste?, apenas llevamos unos meses y ve, dos grietas en esta pared y dos en el piso de arriba y espérate a que llegue la temporada de lluvias, hasta goteras vamos a tener. Me hubieran dicho que casa funcional significaba casa madreada y no me aventaba una deuda de media vida.

Tranquilo Pablo, a las casas hay que darles mantenimiento. Sí, Marina, por el uso, no porque las hayan hecho con material de la jodida y al puro aventón. Ya Ricardo, el vecino, me dijo que a él ya se le chingó la tubería del gas, que casi se andaban ahogando en la noche si no sea porque el perro empezó a ladrar y a brincar por la casa hasta que los despertó y olieron a gas. Para que estemos al pendiente, me dijo.

Mamá, la señora Eli nos dijo que no podíamos jugar en la alberca, que hoy no nos tocaba turno. Pero si ayer y antier dijo lo mismo. Pinche vieja, déjala, ya veremos si cuando necesite que tu papá le ayude a arreglar su bomba del agua, que seguro no pasa de dos días más, sigue con que no pueden ir al chapoteadero ese que nos vendieron como alberca de lujo. Pues ni modo, vayan a los columpios, nada más fíjense bien que no estén sueltos.

Pablo, me contó Andrea que tengamos cuidado con el guardia nuevo de la entrada. Dicen que desde que llegó ya van varios carros que se roban, que de guardia no tiene nada, es quien avisa a los rateros para que entren a sus anchas. Además ya tienen ganados a los policías de la zona. Si a mí ese hombre me dio mala espina desde que llegó. Don Pepe era tan buena persona, pero oye, con  lo que cobran de mantenimiento y a él le pagaban una miseria, consiguió algo mejor y se fue. Pero ahora sí quedamos bien con esto.

Mamá, dice doña Eli que si mi papá le puede ayudar con la bomba del agua…

Detrás de los anuncios espectaculares

La ciudad comienza a desbordarse por sus orillas, adueñándose de parcelas, casas de campo, terrenos de cultivo o para la ganadería.

Empiezan a aparecer manchas blancas en medio del paisaje. Son los cotos que invaden cada vez más espacio.

Cientos de casas iguales, una tras otra se acomodan como fichas de dominó.

Lo llaman cambio de uso de suelo y les reporta millones a los especuladores, constructoras, políticos y vendedores. No hay planeación urbanística sino negociaciones con políticos de la mesa para que aprueben los proyectos. Hay un terrible impacto ambiental y pésimas garantías para los compradores.

En el caso de los proyectos residenciales para personas con alto poder adquisitivo, lo que cambia son las historias detrás de los muros, las instalaciones y la existencia de garantías al comprador. El menoscabo ambiental permanece o hasta aumenta por tratarse de zonas privilegiadas, así como las lucrativas negociaciones y la expansión abrumadora de la mancha urbana.

 

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Mariano Ruvalcaba
Sociólogo. Se especializa en analizar las dinámicas socioculturales de distintos grupos sociales y comunidades. Ha tenido la oportunidad de vivir en distintas poblaciones de México, donde la ha pasado muy bien, mientras escribe sobre lo que vive, investiga y observa.

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