En el texto La dictadura del porno abordé cómo la pornografía ha sido una de las más acérrimas enemigas del vello en sus distintas modalidades, sobre todo en lo que respecta a la zona genital. La publicidad ha sido la otra gran compañera anti-vello. Ambas funcionan como un equipo ideal para generar dinero, basándose en crear una necesidad de consumo.

En el caso de las zonas genitales, dice el texto, eliminar el vello púbico es excluir parte de la potencia que existe en ellos, es hacerlos infantiles, pulcros, en realidad es volverlos inofensivos y dóciles. El vello púbico está, además de para fines prácticos y de protección en nuestra estructura anatómica, para recordarnos que estamos ante una frontera primitiva.

¿Pero quién suponen ustedes que gana con la expulsión del vello púbico en el imaginario erótico y del canon estético en general? Exacto: la depilación profesional, los rastrillos, las ceras y cremas depiladoras. ¿Cuántos millones al año genera la industria de la depilación a nivel mundial? Y cabe también otra pregunta relevante: ¿Cuánta contaminación y basura genera esta industria?

Los grandes ganadores de la campaña anti-vello

No hace falta hacer grandes investigaciones para descubrir que la industria de la depilación genera ganancias multimillonarias. Basta con usar la imaginación y pensar en la cantidad de rastrillos, cremas y ceras que se venden todos los días, de hacer un recuento de lo que cada mujer u hombre (pues ya no es un mercado mixto) gasta a lo largo de su vida en estos productos, además de las centros cosmetológicos que ofrecen diversos métodos de depilación, como la depilación láser, la depilación con hilo u otros.

Pondremos un par de ejemplos para ahondar un poco en cifras. En Argentina, “los valores aproximados del mercado de cera señalan que la media pierna cuesta $ 50, pierna entera $ 52 y axilas $ 20. En la alternativa láser, hay que desembolsar alrededor de $145 por sesión y por zona, cada 35 días”. (Clarín, 2013)

Mientras en España, según estudio, el 59 % de las mujeres se depila, frente a un 21 % en los hombres. La eliminación del vello ocupa el segundo lugar entre los cuidados personales preferidos por los españoles, superada sólo por la peluquería, que obtiene una puntuación de 2,50 sobre 3 frente a los 2,09 de la depilación. El presupuesto mayoritario también es menor de 20 euros al mes. En cuanto a la edad en que las mujeres comienzan a depilarse es poco antes de los 15 años. (Hola, 2010)

También en España una campaña para convencer del ahorro de la fotodepilación, expone: “Los tratamientos que hacemos aquí son una inversión porque el primer año te gastas unos 300 euros y luego solo tienes que venir una vez al año y te gastas entre 100 y 150, pero es una depilación permanente, que sirve para evitarte el gasto de depilarte cada mes”. (Hola, 2010)

Los datos anteriores, aunque se refieren a dos países en particular, dan un breve pero significativo esbozo de lo que proporcionalmente ocurre en distintos países, que si bien, cada sociedad tendrá sus cifras específicas derivadas de la concepción social de la belleza, podemos decir que en la mayoría se repetirán algunas de estas estadísticas.

La clave es subrayar el interés multimillonario de la campaña anti-vello, que tanto la publicidad, la industria pornográfica, el cine, la fotografía y las convenciones estéticas apuntalan y reproducen. Si socialmente la convención fuera mantener el vello al natural la industria de la depilación simplemente no existiría y los únicos ganadores serían, en primer lugar las mujeres, que han sido el objetivo principal de dicha campaña, pero también los hombres, que cada vez se unen más a las filas de los humanos sin vello. Así que no es fruto de la casualidad que desde muy jóvenes se inserte en nosotros el chip anti-vello.

Ahora bien, este puede ser el móvil social del rechazo al vello, pero históricamente hay un trasfondo, el cual puede explicar también el aspecto ideológico.

Historia e ideología contra el vello

Tenemos que habrá estudios que señalen que desde las culturas antiguas existían las prácticas estéticas, estando la eliminación del vello entre ellos. A este tipo de referencias son muy proclives las campañas estéticas, quienes independientemente de cuál sea la veracidad histórica, las toman como pilares para legitimarse.

El que hayan existido estas prácticas desde la antigüedad no tiene nada de inverosímil, basta con que pensemos en la facilidad con que hemos asimilado la idea de que el bello es antiestético para sospechar que hay un trasfondo interesante para que esta práctica sea de fácil asimilación cultural.

Una de las hipótesis para tratar de descifrarlo es observar que el humano tiene una larga historia de recelo para asumir su tronco común con el reino animal. Hay culturas que lo han aceptado más que otras o ciertas épocas más que otras. Las religiones, fundamento durante siglos de muchas cosmovisiones, han generado distintas reacciones ante ello. Las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo, han hecho del hombre un caso único, superior dentro de la creación divina, no es una criatura más sino el hijo de Dios y por ello mantiene un predominio sobre cualquier forma de vida.

Recordemos que el cristianismo fue la religión preponderante durante siglos en Occidente y que retomó elementos esenciales del judaísmo. Su concepción del hombre como ente superior y ajeno al mundo animal, reinó sobre el imaginario medieval y posterior. Es junto a esta idea que se establece también una concepción particular del cuerpo y de los sentidos.

Si hacemos un recuento de la relación entre vello y bestialidad en el imaginario religioso medieval, veremos que ya desde tiempos ancestrales, llegando hasta las cosmovisiones “paganas”, estos dos elementos están emparentados. Sin embargo, es con el cristianismo con el que adquieren una connotación exclusivamente negativa, asociada con los seres malignos, con los monstruos con lo opuesto la pulcritud luminosa de lo divino y lo bueno.

Esto se vio acrecentado cuando los sentidos comenzaron a percibirse según los preceptos cristianos que cada vez desconfiaban más del cuerpo, de la carnalidad pues eran la entra al pecado. Los sentidos de la proximidad, el olfato, el tacto y el gusto se comenzaron a controlar más que la vista y el oído, que podían guardar una distancia mayor y, por tanto, evitar tentaciones carnales. La vista fue la más privilegiada de todas (Muchembled, 2002) Y a la vista el vello no le resultaba grato, había demasiada animalidad en él, lo primitivo, y por tanto, lo lejano a lo divino, lo habitaban.

Esto quedó arraigado en el imaginario colectivo por siglos, para cuando la ciencia hace su aparición y toma la batuta del mundo, el decir que somos parte del reino animal es un eco que se escucha, se acepta como real pero que en la psique colectiva dista mucho de ser una verdad asumida. Y además, con el arribo de la ciencia y más tarde de la tecnología, también llegó un modelo económico basado en el consumo de mercancías. Entonces volvemos al inicio de este texto.

La razón por la que muchas mujeres (y también hombres) se depilan

La revista JAMA Dermatology recoja un estudio sobre los hábitos de las mujeres en relación con su vello púbico. Tami Rowen, ginecóloga de la Universidad de California en San Francisco y autora principal del trabajo, ha intentando efectuar la radiografía perfecta de este hábito higiénico-estético a través de encuestas. Los resultados arrojan que la razón principal por la que las mujeres se depilan el vello fue el sexo, seguida por las vacaciones y por las visitas al médico. De este dato, los autores concluyen que las consultas pueden ser un buen lugar para hablar de la depilación genital y comentar los pros, contras y riesgos que pueden surgir de su práctica. “En las consultas de ginecología vemos muchas lesiones relacionadas con esta práctica. Los médicos tenemos que ser conscientes de ello porque las mujeres que llegan con irritación, infecciones, etc… casi nunca piensan que lo que padecen pueda estar asociado a sus hábitos respecto al vello púbico”, afirma Rowen. (Iriberri, 2016)

Un síntoma de la estetización del sexo por parte de la industria del porno es la cada vez preferencia exclusiva por las zonas genitales depiladas, cuando no el rechazo directo sino lo están, al considerarlo de mal gusto o repulsivo.

La ecuación parece ser:

-Menos vello igual a más suavidad, mayor pulcritud, lejos de la animalidad y luego también más bello.

-Mientras que la presencia de vello se relaciona con fricción, una animalidad tangible, gráfica y luego entonces como fealdad.

Las generaciones de robots con características cada vez más humanas no incluyen vello. No imagino que una vez que la elección de la manipulación genética de los bebés se convierta en un mercado de compras elegir, los padres con mayor capacidad adquisitiva vayan a elegir el vello como una de las características que desean en su bebé. Un futuro sin vello es lo que se ve venir, un humano cada vez más desligado de su animalidad. Aunque es cierto que también hay movimientos y “modas” que pugnan por la rebelión contra la depilación. Veremos qué futuro le depara al vello dentro de la singular civilización humana.

 

Bibliografía

Clarín. (2013). “Costos de la belleza…”, Clarín, en línea: https://www.clarin.com/sociedad/costos-belleza-mujer-gastar-verse_0_H1JBD69iDmg.html

Hola. (2010). “Los españoles y la depilación”, Hola! México, en línea: http://mx.hola.com/belleza/actualidad/2010052114446/depilacion/espana/habitos/

Iriberri, A. (2016). “La ciencia se pronuncia sobre el vello púbico”. En El Español. Disponible en https://www.elespanol.com/ciencia/salud/20160629/136236971_0.html

Muchembled, R. (2002). Historia del diablo. México: FCE.

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