Vania Véjar

Bruno Santamaría es el director del documental Margarita (2016), que retrata cómo un joven cineasta graba el documental de la vida de una mujer que vive en las calles de la ciudad de México. Al intentar reunir los fragmentos de las historias de aquel singular personaje que transita entre la lucidez y la locura, se muestra el desarrollo de una relación entre ambos: el retrato de un encuentro.

A propósito del surgimiento de la relación esta mujer, Santamaría nos relata:

En la azotea de un edificio viejo en la colonia Del Valle dormía por las noches una señora de aspecto tenebroso, cargaba un par de muñecos diabólicos pintados como ella: chapitas rojas, cejas exageradas, pestañas pronunciadas y labios de corazón. Hablaba con los muñecos como si estuvieran vivos.

Yo vivía en ese edificio. Nunca la vi dormida en mi azotea, o al menos no lo recuerdo, pero cada que mis padres me asignaban la tarea de tender la ropa yo apretaba mis puños, cerraba los ojos y me armaba de valor para subir. El miedo se hacía más fuerte en cada escalón y con cada piso crecía la incertidumbre de encontrar a la señora “cara de payaso” en mi azotea. No quería mirar a esa mujer.

Un día mi padre vio en la televisión una película vieja y semi erótica que había sido filmada en la misma colonia en que nosotros vivíamos y en donde la joven que protagonizaba se parecía mucho a la señora payaso.

-Yo creo que son la misma persona -dijo mi papá.

Me dio una tremenda curiosidad. Quise buscar a la señora, quise encontrarla en la azotea de mi edificio, pero por mucho tiempo no nos la encontramos más, no supimos de ella más.

Pasaron varios años, estaba por salir de la primaria y mis papás tenían un vochito negro. Salí con las llaves del carro para abrir la puerta del coche y ahí estaba la mujer “cara de payaso”, recargada sobre la puerta, fumando sin moverse y con una expresión seria. Le pedí que se moviera y no me contestó. Le repetí que si de favor podía moverse y me dijo que no. De manera tímida intenté una última vez pedirle que se moviera pues tenía que abrir la puerta, pero sin voltear a mirarme respondió que no.

Así pasaron ocho años de encuentros en los que no fue clara la comunicación. La quería conocer pero no sabía cómo. A veces me asustaba encontrarla, sobre todo de noche. A veces buscaba su mirada pero otras veces, al sentir sus ojos mirarme yo bajaba los míos. Me intimidaba mucho.

Una noche la señora se me acercó. Me dijo que me parecía mucho a un santito, que me parecía mucho a una estampita de un santito que traía consigo. La sacó y me la regaló. Me dijo que era narizón y barbón como yo. Nos reímos un poco.

Me preguntó mi nombre -Me llamo Bruno, ¿y usted?

-Me llamo Margarita -me dijo.

Podría calificar ese suceso como el principio de un encuentro. Empecé a conocerla poco a poco, año tras año, conversación tras conversación hasta perdernos un poco de miedo.

La señora tiene nombre y se llama Margarita.

Platicábamos poco pero me llamaba la atención todo lo que me contaba:

-Hay que comer carne para reencarnar, pero no la del súper porque esa es carne humana. Hay muchos parecidos a uno y uno a veces es varios al mismo tiempo; por ejemplo, yo a veces soy Margarita, a veces Cecilia, a veces Lucero, y otras Hilda. Hay gente mala, como las cubanas gigantes que me quieren hacer daño, o los nazis, o los Amadeus; también los nacos, a esos sí los mato. Hay que cambiar el color del cabello en relación al clima y a los temblores, ya está muy azul y pesado, te quiero pintar de güerito.

Pero no es una mujer que sólo habla de hombres que comen hombres, habla de cine, de historia, de música, de poesía; sabe algo de inglés y francés. Es muy culta, ocurrente, inteligente y sensible.

¿Quién es Margarita? Volvió a mí el recuerdo de la película que vio mi padre. ¿Cuál sería? Él sólo recordaba que era un poco erótica y que había sido filmada en la colonia Del Valle.

Para titularme de la licenciatura en comunicación hice un cortometraje de ficción y pensé que Margarita podría ser la madre del protagonista. Necesitaba tomarle unas fotos para la carpeta. Salí de noche a buscarla. Fui con mi cámara fotográfica y la encontré como siempre, fumando a media noche afuera de la tiendita de mi casa. Le pedí que fuera actriz de un cortometraje que estaba por hacer y me dijo que sí. De inmediato saqué mi cámara y tomé la primer fotografía.

Me preguntó para qué eran las fotografías. Le contesté que para tener referencia del personaje de la película. No dijo nada, se quedó mirándome en silencio mientras le tomé las fotos, parecía molesta. Nos despedimos y me fui corriendo a mi casa.

Al día siguiente fui en búsqueda de Margarita pero no estaba. Al siguiente día tampoco, ni al siguiente… Nos dejó plantados.

Decidimos contratar una actriz (bueno, a la mamá de un amigo) para que interpretara su papel. Necesitaba un maquillista que la personificara. Cuando tuvimos la primera junta y le enseñé las fotos para explicarle cómo debían estar maquillados los personajes, me respondió:

-Yo conozco a esa señora.

-Claro, pues duerme cerca de nuestra preparatoria -le dije.

-No, la conozco porque es mi tía –respondió.

No quiso decirme mucho más. Tampoco quise preguntar mucho más, pero de inmediato me puse a buscar como loco en internet todas las actrices con los apellidos que él tenía.

Vania Vejar interpreta a Eva en Eva y Darío. Así decía un clip de Youtube.

Tienen la misma voz, la misma nariz, la misma mirada.

¡Sí fue actriz!

Encontré dos posters y un emocionante fragmento de 5 minutos en YouTube. Le llamé a mi papá para enseñárselo y preguntarle si era la misma que él había visto y me dijo que sí. En el tráiler aparecen dos jovencitos en medio de un templo en ruinas, semejantes a Adán y Eva. Sale una serpiente que los tienta. Dios los castiga por cometer el pecado original y los condena a vivir en la miseria.

-¡Margarita es familiar del director, el director fue operador de cámara de Buñuel, hizo 70 películas en México. Margarita se quedó atrapada en el papel de Eva. Por eso sigue viviendo donde se filmó la película, por eso vive fuera de la iglesia, está buscando su perdón!

Fui en búsqueda de Margarita al día siguiente pero no estaba. Al siguiente día tampoco, ni al siguiente…

No volví a ver a Margarita por mucho tiempo.

Apliqué al examen de la escuela de cine y la tercera etapa del proceso de admisión era hacer una fotosecuencia con el tema de crisis. Y a pesar de que la última vez que le tomé fotos se molestó, una vez más quise fotografiar a Margarita.

Debía tomar las fotos pero tenía tiempo de no verla alrededor de mi casa. Mi mejor amiga me acompañó en coche a todos los posibles lugares donde sabía que deambulaba Margarita: en el parque, en el estadio del Cruz Azul, junto a la iglesia, en Félix Cuevas… pero nada. Regresamos a mi casa y, decepcionados, estacionamos el coche. Pero justo en el portón, de enfrente a donde estacionamos el carro, estaba dormida Margarita.

-¡Bendita suerte!

Esperé a que amaneciera, le compré un café y me senté a esperar.

-¡Qué bueno que viniste a verme! -me dijo sonriente al despertar.

Le ofrecí el café, platicamos un poco, y le conté que estaba haciendo un examen. Le mostré la cámara, la agarró y me tomó un par de fotografías. La tomé yo y le saqué una foto. Después ella de nuevo, y luego yo otra vez a ella. Empezó a posar, a sonreír. Y a manera de juego nos acabamos el rollo tomándonos fotos.

A partir de ese momento comenzó a regalarme diferentes detallitos; una bolsita con piedritas, un rosario, un billete falso, una cajita en forma de cruz con unos palitos de madera, una medallita de una virgen, un vasito de veladora y un avión de juguete. Al principio sentía que sus regalos tenían cierta carga energética, trataba de seguir las instrucciones de lo que ella me decía, no quería que fueran brujerías.

En la escuela de cine empecé a desarrollar una investigación sobre Margarita. Fue por eso que busqué a Rodrigo Díaz, quien subió a YouTube el fragmento de Eva y Darío. Resultó ser un apasionado y enamorado de Diana Mariscal, colega de Margarita. Fui a su casa. Al llegar empezamos a platicar de cine y, sin haberle dicho nada, él lo sabía todo. Mirándome fijamente a los ojos y mientras se ponía un poco de desodorante en aerosol frente a mí me cuestionó:

-¿Dónde está Vania Vejar? ¿Qué sabes de ella?

Vania Véjar

Me sorprendió y espantó que hiciera esa pregunta. ¿Cómo sabía que yo quería información sobre ella?

Me dijo que sabía que había desaparecido porque ninguna otra mujer tenía esa voz, esa voz tan dulce y frágil. Sacó un acetato original con el soundtrack de la película, puso sobre la mesa un dvd con la película y me dijo:

-Ahora son tuyos.

Fue un hermoso regalo. Rodrigo fue un puente que me permitió acercarme al universo que Margarita habitó en la década de los 70. No sólo me regaló esto, me presentó con muchos conocidos y amigos de las épocas de la Margarita joven.

15 de septiembre de 2013

Margarita tenía miedo de los cuetes del día de la independencia. Yo estaba camino a una fiesta y ella me pidió que me quedara un rato a platicar con ella, así que estuvimos fuera de mi casa pasando la noche. Los cuetes empezaron a sonar más y más duro, Margarita tuvo más y más miedo. Me pidió que entráramos en el departamento. Yo no quería entrar porque recordé que me había dicho que ha matado hombres, y que carga unos cuchillos en su carrito. Preferí quedarme con ella en la calle.

Los cuetes siguieron sonando y ella empezó a ponerse más nerviosa. Volvió a pedirme que entráramos. Decidimos entrar en el pasillo del edificio. No pasó nada. Estuvimos un rato platicando bajito para no hacer ruido. Después de un rato entramos en el departamento. No pasará nada, pensé.

Al principio fue un poco incómodo para los dos. Ella no sabía dónde sentarse; yo le dije que se podía sentar en la mesa, pero dijo que se sentía sucia y que quizá olía mal. Saqué una cerveza y se la serví en vaso de unicel, me sentí culpable, saqué uno de vidrio y se lo cambié. Ella entró en el baño y abrió el agua caliente. No abría la puerta. Me va a matar mi mamá, pensé.

Yo no sabía qué estaba pasando. De pronto salió con la cara lavada. Nos sentamos en la mesa. Ella miró alrededor un ratito en silencio, luego se maquilló la boca y empezó a contarme cosas que jamás me había dicho.

Saqué una cámara de video. Me preguntó si era Kodafilm, y le dije que no.

Me contó que su tío tuvo muchas de esas, y me empezó a contar su historia como Vania Véjar, la actriz. Me habló de su familia, de su pasado, de su vida. Así pasamos toda la noche: platicando, cantando canciones de Angélica María y Enrique Guzmán, me maquilló la boca, me puso vaselina en las pestañas, nos reímos, jugamos y al final la acompañé de nuevo a la calle.

Esa noche comprendí que al abrirle la puerta de mi casa, Margarita me abrió la puerta de su vida. Y fue en ese momento que decidimos hacer una película.

Vania Véjar y Bruno Santamaría

 

Fuente: IMCINE.

8 Comentarios

  1. Vania (al menos ese era el nombre del credito de la pelicula que filmó) vivió esporádicamente (durante mucho tiempo) en un grupo de casas sobre la calle de Moras entre las calles de San Lorenzo y Miguel Laurent, recuerdo que fué entre 1976 y 1981, a diario la veía sentada afuera de un establecimiento que vendia pan y refrescos conocida como la tienda de «Don Gabino» ubicada sobre la av. Felix Cuevas casi esquina con calle Patricio Sanz,…siempre con un cigarro, un pepsi y a veces una lata de sardinas o atún, otras veces con una torta de las que vendían en la tienda, platicaba a veces sola otras con una foto que sotenía en su mano. Un día dejó de ir, tanto a la casa de Moras como a la tienda de Don Gabino, y ya no supe más de ella, hasta ahora.

  2. Yo estudiaba Medicina a principios de los años setentas, leer este relato me llevó e esa época extraordinaria de mi juventud, y curiosamente, uno de nuestros mejores maestros vivía en la calle de Moras, adónde fuimos cuando terminó el curso que tuvimos con el. Claro entonces Margarita debía estar bien, sería interesante saber que le pasó, y con todo el respeto que me merece, supongo que podrían haber sido las drogas, excelente relato.

  3. Wow, gracias por compartir este excelente documental. Me trajo muchos recuerdos y llore cómo no lo habia hecho en mucho tiempo. Vania es mi media hermana y le pido a Dios que la proteja donde quiera que se encuentre. No estoy segura, pero creo que ella ya falleció. En fin, gracias!

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