Fuente: 40defiebre.com

La industria del porno ha establecido parámetros en el imaginario erótico de hombres y mujeres a lo largo del tiempo, independientemente de si son consumidores esporádicos o asiduos de películas, revistas o, en los últimos tiempos, páginas web. Desde distintas disciplinas teóricas se habla de cómo el cine, la moda o la publicidad han modelado la concepción de belleza occidental. Lo anterior es indiscutible y aunque está emparentado con el tema a tratar, aquí nos centraremos en la pornografía como un espacio en donde no sólo se construyen prototipos de belleza femeninos y masculinos, sino de cómo el sexo, su evocación y realidad, adquieren estándares específicos.

El sexo es un tema central como en muchos aspectos tabú en nuestra cultura.

Ha generado cantidad de literatura a su alrededor, así como vivencias innumerables a lo largo de la historia. No hay ámbito del pensamiento que no lo haya abordado, así como tampoco ninguna religión ha dejado de hacer referencia a él.  La ciencia ha tratado de explicarlo, la ciencias sociales y humanas de analizarlo, la religión de sitiarlo, la literatura de esbozar su impulso poético, pero el porno, ¿qué ha hecho del sexo, de los cuerpos?

No nos referimos a los filmes o fotografías de aliento erótico, donde hay una exploración y expresión realmente creativas, sino a aquellas en donde el único objetivo es mostrar relaciones sexuales o los genitales para generar ganancias económicas, y que es lo que aquí se establece como pornografía.

La industria pornográfica lo que ha hecho es desmantelar el imaginario erótico innato en el humano y darle una configuración que no conviene más que a su propia industria, una de las más lucrativas a nivel mundial.

Mientras la literatura erótica sugiere imágenes, el porno las dicta, no hay juego posible.

Con aquello que se lee se puede imaginar lo que se deseé, con aquello que una cámara dirige de manera determinada o con una fotografía explícita del cuerpo femenino, masculino o de una relación sexual, no hay mucho con qué negociar al interior de la mente del receptor.

¿Qué escenarios eróticos genera o sustrae el porno en la mente de las mujeres? Tomando en cuenta la historia de sumisión que ha tenido la mujer en la cultura occidental, con una incipiente revolución y emancipación sexual que aún no logra erradicar cantidad de prejuicios. ¿Y qué ocurre en el caso de los hombres? Lo cuales desde muy jóvenes están en mayor contacto con revistas y películas porno, donde muchos han comprado la idea del sexo que les han vendido, en donde el hombre es una maquina omnipotente y la mujer una sumisa, una indomable a domar o una experta en el arte amatorio. ¿Cuánta idealización vende el porno en los negocios del sexo?

Hay que señalar que la pornografía también tiene su historia y realidad particulares en el ámbito homosexual, sin embargo existen elementos en común con las preguntas expuestas aquí.

Volver bonito al sexo

Una importante cantidad de personas han estetizado su imaginario erótico a través del porno, es decir, lo han vuelto bonito. Porque por más que una película o revista pornográfica sea explícita hasta parecer un documental de anatomía humana, revela lo que debería permanecer oculto para seguir siendo seductor. Por más sucia o perversa que consiga ser una película porno, su suciedad está allí, su perversidad no puede modificarse. Termina por crear los clichés triviales que conocemos del sexo. Pero son unos clichés que cobran su cuota en la vida cotidiana de las parejas comunes o en las fantasías individuales.

Se puede objetar que el porno puede ser usado como un complemento en la excitación de una pareja, ¿pero realmente no sigue siendo morder el anzuelo que nos ha hecho creer esta industria, así como las perspectivas que ven en la afluencia del porno una liberación sexual de nuestra cultura?

Un síntoma de la estetización del sexo por parte de la industria del porno es la cada vez preferencia exclusiva por las zonas genitales depiladas, cuando no el rechazo directo sino lo están, al considerarlo de mal gusto o repulsivo.

El vello púbico no es sexy hoy en día.

¿Cuántas películas o revistas porno exhiben las zonas genitales de sus modelos con vello púbico al natural? ¿Venderían acaso? ¿O se publicitarían como una colección para gustos extremos o vintage –por aquello del gusto por la moda retro­–? Es una ironía que lo extremo sea hoy lo natural. Eliminar el vello púbico es excluir parte de la potencia que aguarda en los genitales, es hacerlos suaves, infantiles, pulcros; en realidad es hacerlos inofensivos y dóciles. El vello púbico está, además de para fines prácticos y de protección en nuestra estructura anatómica, para recordarnos que estamos ante una frontera primitiva.

Código de barras al imaginario erótico

El porno convierte el erotismo natural propio del sexo que toda persona, pareja, trío o grupo deberían explorar por sí mismos, en un inventario de perversiones prefabricadas. El ser humano no requiere de un guion o un catálogo prediseñados para explorar sus apetitos sexuales, está proveído de un lienzo a desarrollar y con el que jugar desde la pubertad.

Ahora que si queremos hacer acopio de guiones que potencien nuestro imaginario, allí está la literatura erótica –donde claro, también existe la nula o vasta calidad–. Sin embargo, entre los pecados del sexo, sus lineamientos, sus modas, su higienización, su venta al por mayor, los cuerpos ultramodelados, los best seller, los feminismos, los machismos, la frustración, los prejuicios, los tabúes y el porno, ¿qué queda para evocar libremente?

Este texto no trata de una posición moral respecto al porno ni tampoco de una campaña para hacerlo desparecer –no intentamos privar al mundo de semejantes obras de arte, tranquilos estimados lectores, podrán seguir disfrutándolo–, sólo desea invitar a repensar el fenómeno, sacudirle el aura de válvula de escape “natural”, pues recordemos que al sexo se le asignan cantidad de tapujos, luego se le explota de mil modos posibles, para finalmente crear modelos, dependencias y sueños húmedos listos para ensamblarles un código de barras.

 

 

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