Richard Sorge es uno de los espías más relevantes en la historia contemporánea, para muchos es uno de los mejores de la historia. Activo en Tokio desde 1933 hasta su captura final por las autoridades japonesas en 1941, este agente soviético se infiltró en la embajada alemana y en las más altas esferas del Gobierno de Japón, suministrando al régimen de Stalin información crítica que alteró el curso de la Segunda Guerra Mundial. 

Nació en Bakú (1894), en lo que entonces era el imperio ruso (actualmente Azerbaiyán). Hijo de un ingeniero alemán, que a su vez era hijo de Friedrich Sorge, un ayudante de Karl Marx. Su madre era de origen ruso. La familia abandonó Rusia en 1906 y se mudó a Berlín.

Richard Sorge (izquierda), 1915

Creció en Alemania después de que su familia se trasladara a este país cuando tenía tres años. En su juventud luchó para Alemania en la Primera Guerra Mundial—la experiencia le dejó con una cojera permanente y un imborrable desprecio por la guerra. Desencantado con la situación de posguerra, en 1919 se une al Partido Comunista de Alemania. Tras atraer la atención de la policía, huye a Moscú en 1924, donde trabaja para el Comintern de Vladimir Lenin antes de unirse finalmente al GRU. (Nippon, 2018)

A finales de los años 20, casado ya con una bailarina rusa, viajó a China, donde se empapó de su cultura. Esperaba que esos conocimientos le sirvieran para trabajar en algún periódico, pero su principal misión a su regreso a Alemania fue integrarse en el movimiento nacionalsocialista, desde donde podía detallar sus actividades a los servicios secretos rusos. También aprovechó su estancia en Berlín para trabar amistad con Eugen Ott, agregado militar de Alemania en Tokio. A mediados de 1933, Sorge comunicó a sus superiores soviéticos que se disponía a viajar a Japón como enviado del Frankfurter Zeitung.

En el país del Sol naciente, el espía supo mover sus piezas. Por una parte, informó a Stalin de los movimientos del ejército nipón; por otra, pasó informes japoneses secretos a Ott, convenciéndole de que trabajaba para Alemania, y por último se atrajo el reconocimiento del secretario del canciller japonés, que se convirtió en una de sus fuentes. Sorge, que como miembro del partido nazi gozaba de total confianza, consiguió incluso fotografiar los informes que detallaban los movimientos de la Kriegsmarine, la armada alemana, y descifrarlos en sólo una noche. (Lagunilla)

En el artículo de “Intrigas en Tokio: el legendario espía soviético Richard Sorge”, se expone lo que a continuación presentamos:

Sorge y Japón

En la primavera de 1936 Sorge envió noticias a Moscú, oídas de Ott, sobre las negociaciones secretas de Alemania con Japón en torno a un acuerdo anticomunista—el Pacto Anti-Comintern, que se firmaría en noviembre de ese año. Habiendo reconocido las implicaciones militares de este acuerdo, Stalin temía que el tratado le llevaría a un frente múltiple de guerra contra la alianza nipo-germana, un conflicto al que la Unión Soviética no podría sobrevivir. Se cree que el informe de Sorge contribuyó a la firma de Pacto de no agresión germano-soviético de 1939, una forma de reducir la posibilidad de que aquello pudiese ocurrir.

A pesar de todo, Stalin no evitaría la guerra con Alemania durante mucho tiempo. A finales de 1940, Sorge comenzó a informar sobre la concentración de fuerzas alemanas cerca de la frontera rusa. El Kremlin, posiblemente suspicaz ante el alcoholismo y los líos de faldas de Sorge, dudó de la veracidad de estos despachos y no tomó precauciones. Sorge continuó advirtiendo a Moscú en vano para evitar la invasión, enviando un último informe el día antes de que el 22 de junio de 1941, Hitler desatara la Operación Barbarossa sobre las incautas fuerzas soviéticas.

Ozaki Hotsumi suministró a Sorge información crucial sobre los planes del Gobierno japonés.

Este ataque fue un golpe devastador. Desconcertado, Stalin comenzó a mostrarse desesperado por conocer si Japón tenía la intención de descartar su pacto de no agresión con la Unión Soviética, firmado en mayo de dicho año, y atacar desde el este, algo sobre lo que Alemania estaba insistiendo activamente a su aliado.

Ozaki mantuvo a Sorge al tanto de las novedades durante meses a medida que el ejército de Japón y los líderes políticos discutían una estrategia. Al final el Gobierno desechó el asalto a los Soviets como una posibilidad, y para comienzos del otoño otros acontecimientos geopolíticos centraron el consenso en una invasión de las colonias del Reino Unido, los Países Bajos y Francia en el sur, ricas en recursos.

Al oír esto de Ozaki, Sorgeenvió el despacho más importante de su carrera en septiembre de 1941, informando a Moscú de la decisión del Gobierno de Japón. Ahora que la amenaza de un ataque se había disipado en el frente oriental soviético, Stalin trasladó sus fuerzas a occidente, un movimiento que frenó el avance alemán en Moscú y cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Abandonado a su suerte

Sorge cumplió su misión, pero no logró escapar. La policía había empezado a sospechar de personas como Ozaki y había estado estrechando su cerco sobre la fuente de un número de transmisiones de radio ilícitas. Después de que el agente japonés Miyagi Yotoku diera los nombres de sus colegas en un interrogatorio, la policía echó sus redes sobre este círculo de espías, arrestando a Sorge en su casa el 18 de octubre.

Sorge ofreció a las autoridades un informe detallado de sus actividades como espía, por el que fue juzgado y condenado a muerte. Sin embargo, el Gobierno de Japón no tenía claro qué debía hacer con el espía e intentó en varias ocasiones intercambiarlo por prisioneros japoneses custodiados por los Soviets. Como era práctica habitual, no obstante, Moscú se negó categóricamente a admitir cualquier conocimiento sobre este agente. “No conozco a ese hombre”, fue la respuesta de Stalin.

Olvidado, Sorge fue ejecutado en la horca el 7 de noviembre de 1944, mientras gritaba vivas al Ejército Rojo y la revolución de octubre. Fue enterrado en una fosa común en el cementerio de la prisión de Sugamo en Tokio.

Tras la guerra, Ishii Hanako, amante de Sorge durante cerca de seis años, supo de su destino y en 1950 pidió que sus restos fueran trasladados a un espacio en el cementerio de Tama en el oeste de Tokio. Ishii cuidó de su tumba hasta su muerte en el año 2000, a los 89 años, y fue enterrada junto a su amado Sorge.

La tumba de Sorge en el cementerio de Tama.

 

La Unión Soviética tardaría dos décadas en sacar a la luz finalmente a Sorge. En la década de 1960, bajo el Gobierno de Nikita Khrushchev, el Kremlin redescubrió la historia del espía, le reconoció como héroe, y le conmemoró con estatuas y otros honores.

No parece que a Sorge le entusiasmara su vida de intrigas. En una ocasión se lamentó de que si hubiera vivido en tiempos de paz habría sido profesor, aunque su trabajo clandestino ayudó a cambiar el resultado de la Segunda Guerra Mundial y la trayectoria de la historia moderna.

Bibliografía

Nippon, (2018). Intrigas en Tokio: el legendario espía soviético Richard Sorge.

Lagubilla, P. (2018). Richard Sorge, el superespía con talón de Aquiles.

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