Jacobo Rivero, vecino del mítico barrio madrileño de Lavapiés, es flamenco, periodista, escritor y documentalista. Colabora en diversos medios como El Salto, Rojo y Negro, El País y Cadena SER. Entre 2015 y 2019 puso en marcha M21 Radio, la emisora pública del Ayuntamiento de Madrid, un proyecto para la difusión de contenidos culturales y escuela de formación radiofónica. También dirigió la revista cultural ilustrada M21 Magazine.
En cine documental ha trabajado con los directores Javier Corcuera y Fernando León. En 2023, ganó el Premio Ciudad de Alcalá de Periodismo «Manuel Azaña» por el reportaje «La huella de Camarón», publicado en El País Semanal. Es autor de varios libros sobre cultura, deporte y política, los dos últimos: la novela policiaca Dicen que ha muerto Garibaldi (2023) y Candela. Memoria social de un Madrid flamenco (2025).
Candela. Memoria social de un Madrid flamenco es un libro fantástico que recomiendo ampliamente. Sobre todo a las personas que tenga interés por alguno de estos dos temas: Madrid, la ciudad que es de todo aquel que se adentra en sus noches más profundas, y al mismo tiempo de nadie; y/o el flamenco.
Candela… es un viaje sobre el Madrid más profundo, más auténtico, popular y cultural que uno se puede encontrar, más allá de palacios y reyes anacrónicos y obsoletos. El libro, a partir de la historia de un bar mítico de la capital española: El Candela, nos lleva en un recorrido por la historia reciente del flamenco y su actualidad. Un libro que, sin querer, se vuelve nostálgico y nos recuerda una Madrid que una vez fue y, muy probable y tristemente, nunca volverá a ser por todos esos problemas que la modernidad capitalista trae a las grandes ciudades, a las que poco a poco las va desproveyendo de toda autenticidad, destruyendo su cultura y su identidad. Del Madrid de las tabernas populares al Madrid de los bares de coctelería fina, donde se reservan el derecho de admisión, aunque con echar un ojo a la carta uno se puede auto-excluir sin mayor trámite.
Candela es también un viaje por el mundo flamenco, por la historia de sus protagonistas y los lugares más tradicionales de ese tipo que existieron en Madrid y que se encuentran en vías de extinción.
Por estas razones, busqué entrevistar a su autor, Jacobo Rivero. Una persona extraordinariamente amable, conocedora de Madrid y del tema flamenco, no sólo desde el punto de vista musical, sino también social, que quizás es la parte más importante y medular de este arte místico, su germen y su razón de ser.
La entrevista
¿Cómo surge la idea del libro?
Jacobo: Quería escribir algo sobre el barrio de Lavapiés, que es mi barrio; y sobre los cambios que se están produciendo, que son cambios muy globales también, como la gentrificación, la pérdida del comercio tradicional. En fin, todas las variables que operan en muchas grandes ciudades. Y tenía la idea difusa de que fuera El Candela: El Candela podría ser una buena percha para hablar de esto. Pero, ya cuando cierra en su fase tradicional, por decirlo de alguna forma, en agosto de 2022, y veo en las noticias que la periodista termina el noticiero diciendo: algún día se escribirán libros sobre lo que fue el Candela. Fue, un poco, el empujón para realmente ponerme ya a trabajar decididamente sobre este libro.
Tenía la idea de no hacer un libro que fuera recopilatorio de anécdotas, porque Candela es un bar que trae muchas anécdotas de grandes noches, de grandes genios. Sino que fuera un relato coherente que, de alguna forma, al paralelo de que estuviéramos hablando de un bar, hablara también de un barrio y, como lo que dijo hace poco un lector, también casi hasta de un país. Son las transformaciones que ocurren en España entre 1982 y 2022, contadas a partir de un bar y de un bar flamenco. Esa es una característica que no es ya muy habitual, ya que no hay muchos bares flamencos, desafortunadamente; y en el barrio también la cosa ha cambiado mucho.

¿Cómo llegas a Lavapiés?
Jacobo: Ya desde pequeño venían mis padres mucho, con mis hermanos, somos seis hermanos, y aquí se celebra, muy cerca de Lavapiés, El Rastro madrileño, un famoso mercadillo callejero. Entonces, yo ya de pequeño estaba muy fascinado con el ambiente de estas calles y de todo lo que se movía por aquí. Recuerdo mucho que a mi padre le gustaba un bar tradicional, que ya no existe, en el que se vendía cerveza negra de barril, muy poco habitual en España, con gambas, y el ambiente que había en ese bar… a mi padre le gustaba ir los domingos al Rastro y luego tomar una cerveza ahí, yo era muy pequeño, pero recuerdo que todo el ambiente que se estaba moviendo ahí, a mí me fascinaba.
Luego ya de adolescente empecé a venir con mis amigos, porque también el barrio era un sitio donde se agregaba mucha gente alrededor de la música punk, del rock and roll, de lo que entonces se llamaba el movimiento okupa. Todo eso iba creando en mí una inquietud sobre que este era un espacio singular. Además, era un espacio de Madrid donde ya desde muy pequeño veías a personas migrantes, donde había una tradición de población magrebí, donde había muchos sonidos, muchos olores, muy diferentes; y desde pequeño eso siempre me atrajo bastante. Creo que ahí empezó un poco el enamoramiento. Ya, definitivamente, fue cuando me instalé aquí a vivir. Fue a mediados de los años 90. En lo que ya fue la culminación de un proceso.
El libro se llama Candela. Memoria social de un Madrid flamenco ¿El flamenco es esencialmente popular, surge del mismo pueblo y siempre ha tenido estos vicios de…, bueno, estos procesos de apropiación por parte de otras clases sociales o cuál sería tu visión en lo social del flamenco?
Jacobo: El flamenco es una música popular, pertenece a los géneros de músicas populares, como pueda ser el jazz, el blues, el tango en Argentina, bueno, cada país tiene sus particularidades sobre lo que es el folclore popular. En ese sentido, es un una música que agrega las capas populares en torno a sus propias vivencias. En el caso del flamenco muy vinculadas a las penas que a veces se cantan como alegrías. Con el amor, con el desamor, pero también con los cantos de trabajo, y también con las circunstancias sociales. El flamenco es una música muy, muy social. No se puede entender de otra manera que no sea sin la sociabilidad que se genera.
Primero el cante, luego el toque que lo acompaña y finalmente el baile. Pero es una música popular. Lo que ocurre en Madrid es que a partir de finales, mediados, finales del siglo XIX, empieza a ser una ciudad de inmigrantes, de personas que vienen sobre todo del sur de España. especialmente Andalucía y Extremadura. Entonces claro, el flamenco que ha nacido en Andalucía tiene diferentes cantes, diferentes palos, según la región del sur del que viene: están las malagueñas…, hay muchos estilos. Y todos esos estilos convergen y se encuentran… de tal manera que aquí en Lavapies y en el Rastro convive gente que viene de Málaga, gente que viene de Sevilla, gente que viene de Jerez, gente que viene de Badajoz; y, entonces, ya es una experiencia de mestizaje. Y ahí, la particularidad del flamenco madrileño es que es un lugar de encuentro, es un lugar de encuentro y de mestizaje, lo cual es importantísimo para el flamenco.
También es un espacio donde se desarrolla profesionalmente el flamenco, porque empiezan las primeras tabernas, los primeros tablaos más tarde. Donde los artistas vienen aquí a ganarse la vida como artistas. Algo que en Andalucía era imposible. Y, además, se desarrolla, sobre todo, y es otra particularidad del flamenco madrileño, el tema de la guitarra; empiezan a estar las primeras guitarrerías, empiezan a estar los primeros lugares donde se fabrican los instrumentos, la zapatería para el baile, etc.
La memoria del flamenco, la memoria institucional, la memoria mainstream, muchas veces se queda, digamos, en la capa superior: los artistas que llegaron a ser estrella, los que salen en la televisión, pero olvidan toda la parte social; y el flamenco no es nada sin esa parte social. El flamenco se debe a la afición y la afición, básicamente, se cultiva en los espacios populares.
¿Siempre ha habido homogeneidad en cuanto a los palos o hay variaciones respecto de cada región de España?
Jacobo: Yo siempre aclaro que no soy un flamencólogo, tampoco soy como un académico, un estudioso del flamenco; pero hay algunos palos que se han perdido… Y luego está el tema… por ejemplo, los fandangos, hay muchos estilos de fandangos, la solea que es un palo más exigente. En fin, hay un montón de palos. Afortunadamente, en Andalucía si hay una tradición, muy de pequeños pueblos, en los que se mantienen todavía cantes y palos muy poco habituales en las grandes ciudades, donde a lo mejor predomina algo más orientado, desgraciadamente, hacia el turismo, que tiene que ver con la bulería, las alegrías, etc.
Pero en cualquier caso, lo impresionante del flamenco es que es un océano, es un océano de palos, de cantos, de tradiciones. Incluso instrumentalmente, ha habido poca evolución, pero la evolución que ha habido ha sido brutal, porque aquí se incorpora al cajón peruano, ahora se le conoce como cajón de flamenco, pero es relativamente reciente. Tiene esa capacidad de estar innovando, buscándose, reivindicándose; y todavía, afortunadamente, es un arte que genera mucha atracción para el que le gusta la música. Es muy habitual encontrarse a alguien que viene de otras músicas y de repente tropieza con el flamenco y quiera buscar, investigar, aprender y reivindicar, también, incluso los palos más olvidados.
El primer contacto, de forma literaria, de investigación, que tuve con el flamenco, fue a través de un libro que recopilaba artículos periodísticos relativos al concurso de cante jondo de Granada de 1922. De su lectura, me llamó la atención que había una polarización entre dos bandos de articulistas: Había un tipo más afín a la burguesía que decía que el flamenco era una barbaridad, que era una cosa de cantina; y había otra fracción, en la que estaban los promotores del concurso, entre los que se encontraban Federico García Loca y Manuel de Falla, que decían todo lo contrario, que era un valor de España, que era algo que se tenía que rescatar, que se estaba perdiendo. Al final de cuentas, creo que las dos partes eran un poco burguesas en el sentido de que también, a lo mejor sin querer, García Lorca, su idea de re-enaltecer el flamenco era como hacerlo más vistoso para la alta sociedad. Lo que quiero preguntar es qué tan importante, qué tanto influyó este concurso de cante jondo, por las personalidades que intervinieron en él, para su relanzamiento, para su rescate.

Jacobo: Yo creo que fue un evento importantísimo, porque en 1921 lo que ocurre es que se rompe una tendencia que era la criminalización del flamenco. Hasta entonces la prensa, la prensa burguesa, utilizaba el flamenco como una acusación sobre los desmanes sociales, hasta el punto de que un crimen muy famoso que hubo aquí en Madrid, a finales del siglo XIX, principios del siglo XX, en la prensa dijeron que el presunto asesino vestía como un flamenco.
Había unos usos y unas costumbres que tenían que ver con la sociabilidad del flamenco en las clases populares, que eran los cafés cantantes, las tabernas, en las cuales muchas veces la gente se quedaba, incluso, a dormir. Donde la gente iba a cantar, donde iba a tocar, donde la gente tomaba vino… Entonces, claro, lo que ocurre con Federico García Lorca y Manuel de Falla es que revalorizan ese sujeto tan criminalizado hasta el punto de considerarlo un arte culto, un arte popular culto y de enorme valía.
Hay muchas interpretaciones respecto a esto, ¿no? Porque, por un lado, le da una categoría social, en parte también porque muchos enviados extranjeros en España empiezan a valorar también el flamenco a partir de ese congreso. Por otro lado, tú tienes que tener en cuenta que la métrica de los poemas de Lorca y más tarde de Miguel Hernández, de Rafael Alberti, encajan perfectamente en el flamenco, hasta el punto que todavía hoy, en algunas de las entrevistas que hice para el libro, había gitanos que me hablaban de Federico, sin apellidos, como si fuera todavía alguien familiar, alguien importante. También yo creo que todavía él tiene mucho valor, como se sitúa él para el pueblo gitano. Y bueno, puede haber una crítica desde el punto de vista como de cultura burguesa, pero en el fondo creo que la intención era otra; y esa lectura es como más actual. Realmente Federico García Lorca, creo que fue un poeta del pueblo, y en ese sentido, fue el primero que entendió, claramente, que todo lo que se estaba moviendo alrededor del flamenco era alta cultura popular.
Hablas de los cafés cantantes, tanto en el libro como ahorita respondiendo la pregunta anterior. Me parece que es un punto de inflexión para el flamenco ¿Cuándo surgen?
Jacobo: Surgen a finales del siglo XIX o mediados del siglo XIX, mil ochocientos… creo que hay constancias de 1860, primero en Sevilla, pero se extienden por todo el país, hasta el punto que creo que a finales de siglo donde más cafés cantantes hay es en la ciudad de Madrid; y creo recordar, este dato lo digo un poco… creo que hay como unos 1500 cafés cantantes en Madrid entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esto nos da una idea de la importancia que tiene el café cantante, porque el café cantante, como te contaba, también es un lugar de refugio y también es un lugar de socialización de la casa obrera. Los primeros sindicalistas son asiduos de los cafés cantantes; las primeras conversaciones sobre las posibles huelgas, muchas de ellas se hacen en los cafés cantantes, porque no hay [locales] sindicales ni ningún tipo de estructura. Entonces, está muy ligado a la extensión del flamenco a una forma de vida y por eso la criminalizan; y también, al movimiento obrero y a los orígenes del movimiento sindical.
¿Qué tan importante es, en la actualidad, seguir pensando en los orígenes del flamenco?
Jacobo: Hay un debate histórico, como en muchos géneros musicales, como ocurrió también con el jazz, entre tradición y vanguardia. Yo creo que es importante, en verdad, que no hay que olvidar los orígenes, porque hay que mantener el respeto por esa música. Nadie cuestiona que porqué no se innova en la ópera o en la música clásica, ¿no? Porque se respeta su origen, el valor que tiene. Lo mismo ocurre con el flamenco, se puede desarrollar hasta el infinito, pero sin olvidar de dónde viene y la importancia de la tradición; y el valor presente de esa sociedad que construyó una música hecha para el pueblo.
Y en este cruce, que toda expresión artística tiene, entre tradición y modernidad, que no se trata de negar la modernidad, sino que, a veces, hay una modernidad hegemónica que conduce todo hacía un lado, y las expresiones frescas de la diversidad, quedan apagadas en ese proceso de modernización ¿Cómo le podemos poner cuidado a la evolución normal y natural del flamenco frente a la modernidad? ¿Cómo lo defendemos de ciertas cuestiones hegemónicas?
Jacobo: Aquí en España hay una muy pobre cultura musical, en las escuelas no se estudia el flamenco y tal. Entonces, claro, hay una… [acaparación] con las redes sociales, con la pérdida de la calidad del periodismo, lo que abunda es la superficialidad. Cuando solo se aborda la superficialidad, pues, estás luchando contra una especie de ola gigantesca en la cual es muy difícil intervenir. Pero, es verdad también que puede tener un efecto contraproducente, para la lógica esta de la superficialidad, que es que sea la puerta para entrar en un mundo como más apasionante. Es decir, que hay gente que escucha, por ejemplo, a Rosalía, aunque eso no sea el flamenco, de repente sienta un interés por el flamenco hasta profundizar en eso, y eso es positivo.
¿Cómo se mantendría? La opción buena sería que en las escuelas, efectivamente, se estudiara la música y la importancia de la música. La música es buena, incluso para el desarrollo de otras habilidades, como pueden ser las matemáticas, el razonamiento, la creatividad, etcétera. En el caso del flamenco, ha sido un género muy maldito también, muy criminalizado. Luego, ha caído muchas veces en estereotipos y en tópicos, por parte de los medios de comunicación, muy vilipendiado.
Luego, lo que comentábamos de los artistas que han viajado fuera de España. El flamenco aquí ha sido innovador en esa posibilidad de salir. Ramón Montoya, mitiquísimo guitarrista, gitano, nacido en este barrio, fue el primero que internacionalizó la guitarra flamenca, actúo en París, en Buenos Aires, en Londres, en un montón de sitios. El flamenco siempre ha sabido salir de las fronteras, sobre todo nunca ha querido sentirse encorsetado. Entonces, durante el franquismo, especialmente; durante la dictadura de Franco, también viajó por muchísimos lugares, en lo que se conoce como la maleta flamenca. Llegó a Japón, donde tiene un éxito tremendo; viajó a Nueva York, donde estuvo exiliado Sabicas, que fue uno de los más importantes tocadores de guitarra, influencia directa con Paco de Lucía. En fin, un mare magnum de cosas, y se trajo lo que le interesó, porque una de las características que tiene el flamenco y los flamencos, y la vida flamenca —que quizás es más importante, incluso, que todo eso— es esa mirada periférica a todo lo que pasa a su alrededor, que tiene que ver con lo social, pero también tiene que ver con lo musical, con lo artístico, con lo creativo; y eso está muy presente siempre.

En el libro mencionas que la muerte de Franco fue una cuestión que influyó muchísimo, sin querer a lo mejor, no solamente en el arte en general, sino en el flamenco también. Por ahí, hay una parte en la que dices que con la muerte de Franco, el flamenco dejó de ser un hobby de niños burgueses y se volvió como que abrir las puertas hacia lo popular.
Jacobo: Sí, porque el franquismo lo que hizo, con la victoria de Francisco Franco, para empezar, la mujer, que había estado en el canto, en el toque y en el baile, es relegada única y exclusivamente al baile. Se le prohíbe, y se le cercenan las posibilidades, de ser cantaora, o de ser tocaora, eso para empezar. Con lo cual, ya empieza a transmitir, el franquismo, a partir de los años 60, con la primera llegada de los turistas, una imagen estereotipada de lo que es el flamenco.
Por el otro lado, los flamencos son hijos del pueblo, entonces saben muy bien el grado de explotación y de miseria en la que se vivió aquí durante la dictadura. Son los primeros también en viajar fuera, por esto mismo que decíamos hace un momento, con lo cual también ven lo que está pasando en el mundo, que está habiendo un movimiento contra la guerra de Vietnam o los hippies o lo que sea; y todo eso se lo traen de vuelta. En los 70, en lo que aquí se llama la transición y la muerte de Franco, coincide con un periodo en que el flamenco despierta y salen artistas, como puede ser José Menese, quizás sea el más significativo de todos, pero también Enrique Morente, Manuel Gerena, que están comprometidos con los cambios sociales, pero particularmente comprometidos con la izquierda y con la transformación social del estado de las cosas.
Y además, se había dado un movimiento social brutal, increíble, único en el mundo, que yo sepa, que es que se empiezan, a partir de finales de los años 60, a crear peñas flamencas, que es un movimiento auto-organizado, completamente auto-organizado, de aficionados a un género musical que construye sus propias sedes, en el contexto de una dictadura, que prohíbe, precisamente, el asociacionismo de cualquier tipo. Las peñas flamencas es un sitio en donde recuperan toda la tradición flamenca, y a la vez, su propia composición y su oposición al franquismo. Entonces, claro, es un género, muchas veces olvidado por la narrativa oficial sobre lo que fue la transición en España, pero fundamental en esos años. Y de hecho, estos artistas: José Menese, Paco de Lucía, Enrique Morente, especialmente, van a tocar a las universidades, a las fábricas, a donde está la movida…
Ha habido siempre un proceso de turistificación del flamenco y me da la impresión que en un momento muy álgido la gente más flamenca se replegó hacia ciertos lugares, es decir, de hace 20 años para acá, más o menos, tú te encontrabas en un bar y había espontáneos y había cosas que se veían, no solamente en Andalucía, sino aquí en Madrid, y eso dejó de suceder; empezaron a estar los tablaos que son más enfocados hacia el turismo, hacia un entretenimiento con ciertas características de espectáculos. Que no está mal, pero la cosa es que como que se perdió ese balance que había, ¿tú crees que esa fue una manera de combatir un poco la turistificación y tratar de reapropiarse del flamenco?
Jacobo: El problema es que el flamenco para crecer y para alimentarse necesita de intimidad. Necesita encontrar espacios íntimos, dónde alimentarse y contagiarse. Lo que pasa es que, claro, antiguamente o hace 20 años, antes, los bares, las tabernas, los locales de ocio, podían ser espacios asequibles: Tú o yo, podía abrir un bar. Y, entonces, en ese bar montaba un poco su idiosincrasia, su particularidad, su música, su ambiente, lo personalizaba. Ahora, estamos ante una invasión de franquicias que han arrasado con el comercio local y es imposible que tú o yo abramos un bar en el que lo importante sea tener un espacio íntimo, un refugio, con cierta familiaridad. Te tienes que vender obligatoriamente a las necesidades del mercado. Ese cambio en la composición social de los territorios ha afectado directamente al flamenco, hasta el punto de que ya es muy difícil encontrar —casi en ninguna ciudad de España, salvo, ya te digo, en rincones muy especiales de Andalucía, algún lugar de Madrid muy concreto— espacios de intimidad donde el flamenco se pueda desarrollar hasta el punto de que alguien llegue y se ponga a cantar. Es la situación en la que se encuentra ahora. Yo creo que sigue habiendo muchísimos artistas, sigue habiendo muchísimo relevo, pero todo depende de un hilo muy fino, porque la capacidad social del encuentro se está perdiendo a unos niveles muy acelerados. Y ese es uno de los problemas que hay.

Hablando de esto, la peña flamenca de Lavapiés, ¿cuándo surge y es, digamos, como retomar esta tradición o todavía existen algunas peñas más aquí en Madrid?
Jacobo: No, en Madrid hay varias peñas, especialmente en los barrios del sur. En Vallecas hay una peña de El Duende que es maravillosa. Afortunadamente, todavía existe algunas pequeñas islas de salvación del flamenco, digamos, alejadas del turismo.
Aquí en Lavapiés surge, porque hay un festival que se hace en Andalucía todos los años que se llama la Fiebre del Cante, que reivindica un poco este flamenco social, este flamenco tan comprometido. En ese festival, que es un festival para 400 personas, muy asequible. No es un negocio, no es un festival de estos al uso de una gran empresa. No, no, todo lo contrario. Es un festival en el que te cuidan. Pues, nos estábamos encontrando a gente de este barrio. Entonces, de ese encuentro y, precisamente, a partir de este libro, dijimos: oye y si ponemos una lista a ver si hay gente que pudiera estar interesada en hacer una peña flamenca. En este barrio que ha tenido una tradición flamenca brutal; probablemente sea uno de los barrios de Madrid, o el que más, con más tradición flamenca. Y en esa primera presentación del libro, y en esa primera hoja de: si hay gente que está interesada en montar una peña que se apunte, ahí, surgieron 57 personas. Ya fue un elemento de decir: ostras, aquí hay mucha tela, ¿no? Hasta el punto de que ahora somos alrededor de 100 personas. Nacimos en marzo de 2025. O sea, en menos de un año hemos duplicado las intenciones, y sigue creciendo.
Aparte de los conciertos, estamos haciendo otro tipo de actividades: Vamos a hacer una actividad con un colegio de aquí del barrio, que hay población gitana además; hemos hecho cosas en cuevas, en casas de vecinos. En fin, se ha genera una energía constituyente, muy bonita y muy positiva, que también curiosamente está surgiendo en otras ciudades de España. Ha pasado con la peña La Bandera en Sevilla, que es un poco nuestro referente; y está pasando con dos peñas que han surgido o que están surgiendo en Zaragoza y en Barcelona. Digamos que hay un nuevo movimiento telúrico dentro del flamenco que tiene que ver con la fiebre del cante, con un podcast que se llama El Café Silverio, con algunos libros que han salido. Ahí hay un movimiento de placas muy interesante en una dirección, ahora mismo, insospechada, porque todo el movimiento es muy joven, y estas cosas hay que verlas con más de perspectiva del tiempo, pero es cierto que esto está ocurriendo.

Hay algo que mencionas en el libro, que fue parte del éxito del Candela en su momento con la peña Chaquetón, que la visión de Pablo Tortosa fue esta de ser un poco más incluyente, que antes de esto era como que tenías que saber; los jóvenes como que se cohibían un poco porque…
Jacobo: Claro, el flamenco, como otras músicas populares, tiene… pero, el flamenco muy especialmente, tiene esa consideración de los puristas. Que tiene una parte buena que era la preservación del legado histórico del flamenco original, que es maravillosa; pero, tiene un problema y es un problema de crítica y de falta de autocrítica a la vez. Es decir, el flamenco es un género, también, que ha envejecido, eso es innegable, donde además, la sabiduría, la experiencia y la trayectoria es un valor muy importante, muy bien considerado por motivos obvios, pero también puede ser un boomerang. Un boomerang en el sentido de que alguien se puede aferrar tanto a la tradición que cierre las puertas a cualquier persona que tenga menos conocimiento o talento.
Nosotros pensamos que el conocimiento es un proceso. Aparte, el flamenco es que es inabarcable. Incluso, el más purista de todos los puristas puede llegar un día y tropezarse con una piedra que no esperaba, porque se le había pasado un dato. Hay un flamenco maravilloso, que yo sigo mucho, un veterano, mayor, que siempre dice, el que te diga que es el que más sabe ese es el más ignorante.
Hablando de la contemporaneidad del flamenco, podrías recomendarle, a los lectores de la Vagabunda, tres artistas que te parezcan interesantes de la contemporaneidad.
Jacobo: Yo creo que hay tres clásicos, que siguen siendo contemporáneos, que hay que mencionar, que son: Camarón de la Isla, por todo lo que supuso; Enrique Morente, por todo lo que supuso también; y José Menese, también por su compromiso social. Yo creo que esos tres clásicos son muy contemporáneos, porque ellos sí que supieron equilibrar la mirada entre tradición y vanguardia.
Y luego, hay tres actúales que, personalmente, me parecen muy interesantes en el cante que es la parte fundamental. Uno es Ezequiel Benítez, de Jerez, que es un cantador impresionante, que está en un momento, además, muy potente. Otro, que es un poco más polémico, pero que yo creo que también es un grandísimo cantaor, que tiene muchísima sabiduría y muchísimo respeto por el arte, que probablemente, incluso, sea de los que más conocimiento tiene que es Israel Fernández, que es un cantador joven, gitano, muy particular, con un pellizco, como se dice en el flamenco, también muy bueno… Y luego, inevitablemente, tengo que decir que Ángeles Toledano, que aunque está en este camino entre el cante tradicional y la modernidad, por decirlo de alguna forma; con bases electrónicas, con otro tipo de letras, desde una postura más feminista, también me parece muy potente. Creo que tiene también la consideración o ese valor añadido del respeto por la tradición y la voluntad de romper con lo impuesto.
Si tuviera que recomendar tres de ahora: Ezequiel Benítez. Jerez es fundamental, es una ciudad fundamental en la historia del flamenco, porque fue la única ciudad de España donde los gitanos estuvieron considerados como un ciudadano más; entonces, el flamenco germinó a unos niveles impresionantes. Israel Fernández, porque creo que es un cantaor que estudia mucho el cante. Ángeles Toledano, porque está en ese puente, en ese camino, en el que, respetando la tradición, está buscando otros senderos y otras posibilidades.
Y, sobre este mismo tema, aparte de Candela. Memoria social de un Madrid flamenco, que ese lo recomiendo yo, alguna otra referencia bibliográfica que recomiendes.
Jacobo: Yo creo que es fundamental leer el libro de Grimaldos, Alfredo Grimaldos, que es un crítico de flamenco, ya muerto, comunistas, declaradamente comunista, un crítico espectacular. Creo que su libro se llama: Historia social del Flamenco, de veras impresionante. Hay un libro muy curioso, también, esto es casi anecdótico, que se llama Andalucía, Cante jondo y comunismo libertario, que es un libro que se escribió originalmente en 1933, por dos hermanos de un pueblo de Andalucía, anarquistas, en el que teorizan sobre las particularidades del flamenco en relación al cambio social y es impresionante ese libro. Y bueno, luego, José Manuel Gamboa, es un estudioso, flamencólogo, crítico de flamenco, que hay que leer.
Has trabajando muy de cerca en el área cinematográfica, ¿tienes algún proyecto en esta área?
Jacobo: Tengo una historia maravillosa para cine, que espero que algún día se lleve a cabo. Precisamente, sobre lo que hablábamos antes, sobre la maleta flamenca, sobre estos flamencos que viajaron por el mundo difundiendo el flamenco. Tengo una historia que me gustaría llevar a buen puerto, que tiene que ver con ese contexto de los flamencos que viajaron a Estados Unidos, en concreto, que tiene que ver con el franquismo y que tiene que ver con la conexión con los sonidos negros.


























