El documental Historias del Buen Valle, se estrenó en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, importante evento cinematográfico en el que la película ganó el Premio Especial del Jurado. Posteriormente, el largometraje aterrizó en el Festival de Sevilla de Cine Europeo, no en la competencia oficial, sino que en la Sección European Film Academy.
La película tiene como objeto central el barrio de Vallbona, al norte de Barcelona, una de las llamadas ciudades dormitorio a las afueras de la capital catalana. Para ello, su director sigue a una serie de personajes, cuidadosamente seleccionados mediante entrevistas previas (“casting” dicen los gringos) a los residentes de aquella peculiar comunidad, en la que conviven personas de las más diversas nacionalidades, idiomas, culturas, religiones y etnias.

Una de las claves del filme recae en esta visión para escoger a las personas que protagonizarán las historias del Buen Valle. En donde encontraremos desde un señor que parece tener algún “problema” cognoscitivo degenerativo que, entre otras cosas, lo hace hablar con toda franqueza, pasando por una gitana portuguesa cantaora, hasta un niño muy simpático, que desde esa temprana edad para la toma de consciencia, ya se da cuenta de que la “modernidad” esta destrozando su comunidad.
José Luis Guerin, maneja con maestría pedagógica la cámara. Una cámara que a veces platica con los personajes y otras, las más significativas del documental, simplemente los observa en convivencias comunitarias, como lo que parece la terraza de una bar donde al arte flamenco sale a relucir con magnifica espontaneidad; o, un día de campo en un cuerpo de agua que baña los linderos del barrio. Las escenas son tan artísticas (en el sentido expresivo) que a veces pareciera, aunque no fue así, que fueron planeadas especialmente para que la cámara las capturara y que no surgen de la captura espontánea del momento.
El director, no deja de lado el enfoque social y nos muestra las problemáticas del lugar. Un barrio rodeado de vías de acceso a Barcelona, ya sea por automóvil o tren, cuya infraestructura destructora, le pasa por encima al barrio, aislándolo en un mar de ruido, concreto y abandono.

Al respecto, el director dijo lo siguiente, en la rueda de prensa en San Sebastián: “Vallbona, un barrio tan humilde, ignorado, puede contener las grandes metáforas del mundo. Cómo gravita ahí, en un sitio tan pequeño, desde la especulación inmobiliaria, la gentrificación, el cambio climático, cómo afecta a esos huertecillos, la inmigración, los conflictos identitarios, la guerra. Todo el mundo contemporáneo ¿Cómo puede ser una caja de resonancia, de algo amplio?”
Otro punto interesante de película, que también se maneja con gran maestría, es el diseño de sonido, en donde la música y los sonidos naturales del barrio compiten por ser los guías que facilitaran la inmersión del espectador en Vallbona de una manera excepcional.
Tuve la oportunidad de hacer un par de preguntas a José Luis Guerin respecto de Historias del Buen Valle y muy generosamente esto fue lo que me contestó:
Preguntas a José Luis Guerin (director) durante el Festival de San Sebastián
Los idiomas son multiculturalidad, pero también la música es multiculturalidad. Y me parece que es muy destacable la presencia de la música en la película. Quisiera saber si esto fue una cuestión espontánea que se grabó o sí, de alguna manera, se planeó la inserción, yo creo que muy legítimamente, de algunas secuencias musicales que pudieran representar ciertas identidades.
“Jamás he impuesto la música, ha surgido de ellos. Lo que sí, a veces, hemos grabado cosas que luego he querido reelaborar, porque la realidad a veces no se deja capturar así al primer golpe. Y entonces, cuando he hecho esas reelaboraciones, he querido ser estrictamente fiel a la música que había grabado, lo cual ha traído no pocos problemas de derechos musicales. Pero para mí era muy importante que quedara eso, esos temas musicales. Esa diversidad musical parte de ellos.”

Me parece que el sonido es trascendente y es parte de la experiencia cinematográfica en esta pieza en particular. Quería saber si nos puedes platicar un poco más respecto al sonido y si tuviste algunas dificultades sobre todo en las escenas que se graban afuera, en la intemperie.
“A mí me gusta mucho, en las películas, hacer, a veces, rodajes sin imagen, solo con sonido para describir el paisaje sonoro de la película y tener muchas posibilidades para montar el sonido. El paso constante de los trenes que crea un tempo en la película. El rumor de los coches a lo lejos, la naturaleza que emana de ahí, los gritos de los chavales jugando a fútbol. Tener todo eso bien descrito para tener muchas opciones de montaje de sonido. Muchas veces defino más los espacios por el sonido que por lo que se ve. Y está algo que es muy bonito para mí: en las personas que tienen un origen más rural, el canto, la canción, sigue teniendo una función primordial, que da una relación con oral distinto. Ahí está, la entrañable Fátima, la gitana portuguesa que está cantando siempre.
Una cosa que constaté en Vallbona es que gran parte de sus habitantes tienen un origen campesino, rural. Se encuentran en una tesitura en la que han perdido la cultura popular campesina de la que proceden y muchas veces no se han integrado en la nueva cultura urbana de la ciudad capitalista en expansión que les acoge. Y sientes esa especie de desarraigo o esos coletazos de una cultura campesina en un espacio en extinción, como esa mujer portuguesa que me conmueve como sobrevive en ella casi de una manera tan natural, casi esa especie de cultura pagana que sobrevivió en los bosques, que es capaz de dar una significación a un árbol seco, como si… me conecta con Dafne transformándose en árbol y esos mitos que mantuvieron a veces las brujas en el bosque, la sobrevivencia de algo muy atávico.”
Aunque, soy de los que consideran que un documental no debe de competir con películas de ficción, porque son dos estilos cinematográficos totalmente distintos en los que por lo regular el despliegue artístico (en el sentido estilístico) de una ficción queda, necesariamente, desvalorado, hasta ignorado, a la hora de evaluarse a la par de la ficción, me parece que Historias del Buen Valle es una pieza de magnifica calidad y que, olvidándonos por un momento de lo anteriormente dicho, bien merece el premio especial del jurado que dicho colegiado entregó en San Sebastián.
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