Mayra Hermosillo ganó el Colón de Plata a Mejor Dirección en la 51 edición del Festival de Huelva de Cine Iberoamericano, por su opera prima Vainilla. Así mismo, la película fue distinguida con el Colón de Plata a Mejor Interpretación de Reparto, que recayó sobre todo su elenco.
El largometraje se estrenó en en el 82 Festival Internacional de Cine de Venecia, en la sección paralela denominada Giornate degli Autori. Posteriormente, pasaría con gran éxito por el Festival de cine Adelaida, hasta llegar a Huelva donde se presentó con gran éxito en el Gran Teatro de aquella ciudad, ganando los premios ya mencionados.
Vainilla es una ficción inspirada en vivencias de la directora Mayra Hermosillo, en su natal Torreón. Se centra en la perspectiva de Roberta (Aurora Dávila), una menor de, aproximadamente, 8 años, que vendría siendo Hermosillo de niña, respecto de las cosas que pasan a su alrededor durante aquellos primeros años de toma de conciencia. Teniendo como conflicto central, un posible desahucio, de la casa en donde viven, a ella y otras 6 mujeres, todas sus parientas, dentro de las que se encuentra su madre, Alicia (María Castellá); su abuela, Georgina (Paloma Petra); su bisabuela (Rosy Rojas); una prima (Fernanda Baca); Tachita (Lola Ochoa), que trabaja allí, pero ya es considerada como de la familia; y una tía, Limbadia (Natalia Plascencia). Es, como pueden ver, una casa habitada por puras chicas.

Mayra Hermosillo procura no dramatizar demasiado en cada circunstancia que se presenta, trata de hacer una película ligera, al estilo gringo: Don’t Worry, Be Happy, —una filosofía convenientemente buena para un sistema que no funciona y que tanto gusta a algunos críticos de cine— cayendo en ocasiones en la comedia, una comedia intencionada y bien manejada. A pesar de que en el fondo sí intenta exponer algunas cosas de importancia, como, el abandono de su padre o lo que ella misma llama, el bullying social que sufrieron todas las integrantes de aquella singular familia, pero especialmente afectó a la niña, por ser una casa en la que no había hombres.
Tuve la oportunidad de platicar con Mayra Hermosillo y me dijo lo siguiente a este respecto: “…recuerdo que en Torreón, que es tan pequeño, era como… O sea, de verdad, había un bullyng social. Genuinamente era como: estas mujeres son putas, brujas, prostitutas. No hay un hombre, no hay una figura masculina, es raro que no esté un hombre ahí, ni de la bisabuela, ni de la abuela, ni de la madre, ni de la tía. Es raro. Entonces, era difícil que dejaran ir a mis amigas. Y tampoco era como que era tan bienvenida en las otras casas.”

Son muchos personajes, 7 mujeres, más un par de hombres que revolotean ocasionalmente alrededor de la historia, más un tercero, un padre de oidas, puesto que nunca aparece. Y cada una de las mujeres, Hermosillo, las trata de dibujar de un color distinto, otorgándoles su propia personalidad e identidad; pero, sin profundizar en sus circunstancias particulares, sólo las comunes. De tal forma que tenemos un abigarramiento de personalidades, pero poco sabemos en el fondo de cada una de ellas.
Es por eso, quizás, que el jurado de Huelva haya decidido darles un tratamiento de bloque, le dan el premio a todas en conjunto, porque aunque distintas, conforman una entidad única. No obstante que la directora se preocupa por desarrollar las personalidades de las habitantes de aquella casa, narrativamente no hay una distinción entre una y otra, salvo la niña, desde luego, que es nuestra protagonista (y en principio, técnicamente, no entraría en la calidad de reparto, es decir, que ella no fue premiada) y alguna tía aficionada a la cerveza que lucha por aportar algo económicamente a la casa, pero realmente su vicio no se lo permite.

Yo no sé, cuando es correcto darle el premio de mejor interpretación de reparto a todo el elenco de una película, pero, ahora que lo pienso, también sucedió en Sitges, en el Festival de Cine Fantástico de Cataluña, donde el jurado dio un premio similar a todo el reparto, en este caso masculino, de la película The Plague. Un reparto también variopinto en cuanto a personalidades, pero, efectivamente, sin un reflejo de sus circunstancias particulares, sólo las comunes, narrativamente uniforme, salvo por el protagonista y algún papel secundario. Quizás en está comparación de similitudes podamos encontrar las claves a la duda inicial.
Otra característica importante de la película es que el 85 o 90 por ciento de la misma se desarrolla en la casa, en el inmueble familiar. Lo cual queda bien, es decir, no se extraña que la película nos lleve a diferentes escenarios, porque al final se trata de una historia muy intima y ese análisis interior que hace la directora de su propia niñez, ni narrativa, ni estéticamente requiere una variedad de lugares o espacios. Por allí la cámara hará algunas expediciones a la escuela de la niña, sólo para mostrar sus principales preocupaciones que el acoso social y el abandono paterno; lo traumático que puede ser para un infante el abandono de alguno de sus padres, en este caso el hombre; alguna cantina, la clásica tiendita de la esquina y no más.

También pregunté a la directora sobre está peculiar característica y esto fue lo que me dijo:
“…es una película pensada, desde el inicio, como muy en el interior, porque viví mucho en el interior con estas mujeres… pero, además, no teníamos mucho presupuesto. Nosotros hicimos esta película, yo creo que con 300.000 euros, una cosa así, o sea, fue muy poco y la verdad es que en edición también se cortaron un montón de cosas, porque claro, yo primeriza, había un par de líneas narrativas que peleaban con la principal y tuvimos que mocharlas, sacarlas, desafortunadamente. Y sí, mucho jugaba con el presupuesto. De hecho, la casa, todo el interior, es un foro. O sea, nosotros queríamos viajar a Torreón toda la filmación, pero por cuestión de dinero no nos daba a pagar hospedaje, vuelos, viáticos, no nos daba. Entonces, Salvador Parra [director de arte] dijo, ¿sabes qué? vamos a tu casa de la infancia, tomamos fotos, hacemos medidas, nos vamos a un foro y él se armó todo el foro con retazos de otras producciones.”

La película está muy bien realizada, las actuaciones son estupendas. La niña, Roberta (Aurora Dávila) tiene un desempeño sobresaliente, en mucho, gracias a un carisma natural que la infante tiene frente a la cámara y que conecta de inmediato con el espectador. La simpatía de Roberta hace que la historia circule con mayor fluidez y que se desatore cuando parece que el argumento no va a dar.
El guion es redondo, está bien acabado. Quizás esa reducción del conflicto o de los conflictos (líneas narrativas) que menciona la directora que se realizó en la edición, era esencial, para dejar una historia más acabada, aunque, quizás demasiado ligera, Don’t Worry, Be Happy. Lo que resultó siendo una de las características más aplaudidas por un sector de la crítica y opinión pública. Los diálogos, son todos muy pertinentes, no sobran ni faltan. El único pero, si hubiese que poner alguno, es que la diversidad de mujeres no tiene fisiológicamente un elemento o rasgo genético común que nos haga pensar que pertenecen a una misma familia, sobre todo en el caso de Roberta, que de manera notoria desentona genéticamente con la mayoría del resto de familiares.

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