Para iniciar esta reseña tendríamos que recorrer, de norte a centro, poco más de 800 km. Partimos con 30 °C — tal vez el clima fungiría como premonición del evento — desde el llano de la soledad en la Terminal Central de Autobuses Chihuahua con dirección a Zacatecas, el rostro de cantera y corazón de plata. La apuesta estaba hecha, los boletos en mano, la fecha acordada, y el artista confirmado también.
William Michael Albert Broad nace el 30 de noviembre de 1955 en Stanmore, Reino Unido. De clase media británica, y, por los constantes viajes de negocios del padre entre Inglaterra y Estados Unidos, hicieron que Billy Idol tuviese un acercamiento prematuro con otras culturas sociales; despertando en él, un interés férreo por la música.

‹‹Me enamoré de los Beatles cuando tenía seis años›› comentaría Idol a The Guardian. Seguido vendrían influencias de Sex Pistols, David Bowie, Elvis Presley y The Rolling Stone. Claro está que Billy encontraría una identidad propia y desarrollaría un personaje rebelde, icónico y memorable que ha perdurado inagotablemente desde los años 70s con la agrupación Generation X, luego pasando como solista en el 81, hasta la fecha de hoy.
Sábado 11 de abril 2026, Plaza de Armas, 20 h. Zacatecas, México.
El Festival Cultural Zacatecas, en su cuadragésima edición, apuesta por la presentación masiva y de convocatoria mundial de Billy Idol. El marco escénico centraba los elementos de una postal perfecta: un público delirante, anacrónico, unos de pie, otros en silla, aquellos más en sociedad y en placer emocional. Casas de campaña pernoctando rebeldía y para algunos las filas amamantaron más de 14 hrs de espera. Aun así, el maquillaje en su rostro al estilo glam rock 80s demostraba la postura del fanatismo real. La línea del tiempo unificaba familias, parejas en juventud, y tal vez siempre prevaleció para todos, la esperanza de un soundcheck.

«Puedo hacer muchos tipos de música, pero siempre con actitud punk rock» -Idol-
Los éxitos empezarían a sonar, el setlist cuidadosamente seleccionado, direccionaron una noche sin ausencias ni fantasmas: “Cradle of Love” “Dancing with Myself” “Hot in the City” “Mony Mony”.
Momentos memorables
“Eyes Without a Face” demostró porque es uno de los temas más arropados. El público despojó divisiones y fronteras a través de ellos. Coreaban recuerdos y adoptaban sus profundas historias. El legendario Steve Stevens le aportaría un dramatismo al momento de interpretar, con su guitarra, un sonido de expendido consuelo.

La canción «Love Don’t Live Here Anymore» dio un discurso completamente escénico. Billy Idol y la corista Kitten Kuroi hicieron una representación perfecta, ensayada, sensual y exacta arriba del escenario. Sin duda, el épico “Rebel Yell” fue el más esperado. Aquí no importó nada, ni la fatiga, ni los dolores. Todos predicaron al cantar unísonamente una absoluta desobediencia e insurrección.

Esta noche nos deja en claro porque Idol es uno de los artistas más completos y vigentes del mundo. No sólo dejó su actitud desenfadada y sin culpa, sino que renuncia a todo para compartir, a los 70 años, mensaje, evolución, y una reflexión sobre la traducción y postura que le des a las adversidades y retos íntimos.



























