La película tuvo su estreno mundial en el Sundance Film Festival del 2025 en la sección World Cinema Competion, en donde ganó dos premios en la modalidad de drama: el Premio del Público y el Premio Especial del Jurado. Posteriormente, sería parte de la sección oficial del Festival de Sevilla de Cine Europeo, en el que también obtuvo dos reconocimientos: el Gran Premio del Jurado y el Premio a Mejor Actor para Arif Jakup.
La obra es el primer largometraje del director macedonio Georgi M. Unkovski, y tiene como eje central de su argumento la vida de Ahmet (Arif Jakup), un chico de 15 años, amante de la música electrónica, que tiene que pasar sus días ayudando a su padre, un hombre muy estricto y medianamente amargado, en los quehaceres de una pequeña granja. Principalmente como pastor de un rebaño de ovejas que es el mayor valor del patrimonio familiar. Ahmet está enamorado de su vecina, Aya (Dora Akan Zlatanova), quien, a pesar de ser una niña, ya se encuentra comprometida, por voluntad de sus padres, con otro chico, lo que vuelve su amor casi imposible.

La película, donde uno tendrá oportunidad de reír a carcajadas, muestra, principalmente, el choque universal entre tradición y modernidad. Sólo que en este caso, la villa en la que suceden las cosas, es una comunidad todavía muy apegada a sus costumbres más originales; y, por lo mismo, envueltas en un significado religioso dominante. Ahmet y todos los chicos del pueblo macedonio se enfrentan con los más viejos de la comunidad, y no tan viejos, pero de otras generaciones, en esta conocida lucha por adoptar las promesa de libertad que vende la modernidad occidental hegemónica, frente a la resistencia de sus padres, manipulados, a veces, por convicciones religiosas, de conservar las tradiciones identitarias de sus antepasados. Qué difícil cuando las tradiciones de un pueblo se ven apropiadas por la religión.
Del otro lado, esta otro factor, que puede llegar a ser igual de pernicioso que la modernidad en determinado momento sino se diversifica: la tecnología, que también pareciese única, porque occidente se ha apropiado de esa nomenclatura. La tecnología es un poco mejor recibida en el pueblo y hasta el jerarca o guía espiritual del pueblo se esfuerza por aprovecharla en favor de la misión de Dios, para lo que se auxilia de Ahmet.

El director nos muestra lo más pernicioso y abyecto de las tradiciones como es el caso de los matrimonios forzados. Una práctica que mantuvieron todas las culturas del mundo o la mayoría, en el estandarizado y casi universal (si no es que universal) menos precio a la mujer, derivado de las idiosincrasias más antiguas y casi todas las religiones, pero que ha ido evolucionando racional y humanitariamente hasta ser casi erradicada en la mayoría de las civilizaciones modernas. Aunque aun quedan rasgos latentes en algunas comunidades menos “civilizadas” a los ojos del hombre blanco como comunidades indígenas de la Abya Yala, África o Asia (y gracias a la película, vemos que incluso Europa), y, en las, estas sí, anacrónicas, monarquías contemporáneas (quizás en las europeas erradicado de unas décadas para acá), pero al ser monarquías el hombre blanco no juzga sus perniciosas costumbres, con la misma facilidad y rigor que a los indigenas en resistencia a la neocolonización cultural del capitalismo. Una tradición que se empeora, si esto es posible, al convertirse en un mero acto mercantil al sicretizarse con la lógica capitalista.
También muestra, de alguna manera, siguiendo al personaje de Aya, ese anhelo de las juventudes de salir de sus pueblos e irse a las grandes ciudades a estudiar, trabajar o simplemente vivir otro tipo de experiencias que parecen más atractivas e interesantes. Escapar de lo que ellos consideran la aburrida y estancada vida rural, condenados a la pobreza frente a todo lo que ofrece el pernicioso sueño americano.

Tuve oportunidad de preguntar al director sobre estos dos aspectos, por un lado, sobre el peligro del fenómeno que en España, gracias al libro de Sergio del Molino: La España vacía, se conoce como la España vaciada y que muy resumidamente se refiere al abandono de las pequeñas comunidades rurales españolas, sobre todo del centro del país, hacía grandes centros urbanos, debido a la centralización del todo: de los servicios, de la educación, de las oportunidades, de los sueños, de todo.
Al respecto me dijo que, curiosamente, en Macedonia estaba ocurriendo el fenómeno contrario: “Estos pueblos de Macedonia están viviendo una transición. Están acudiendo a las zonas rurales y agrícolas jóvenes que huyen de grandes metrópolis porque les parece más atractiva lo que oferta esa vida”.
Por otro lado, le pregunté sobre el peligro que representa el concepto actual de modernidad y/o tecnología, en el que pareciera que sólo existe una modernidad y una tecnología, la modernidad y la tecnología hegemónicas, que casualmente empata de maravilla con el ethos capitalista; y que nos está llevando a una neocolonización cultural masiva que no sólo implica una perdida identitaria, sino que también una alienación al dominio de una sola manera de pensar, el reinado del pensamiento único. A lo que Unkovski, entre otras cosas, me dijo lo siguiente: “En mi película he sido muy cuidadoso, intentando no decantarme por el lado de la tecnología ni que parezca mejor la tradición. Mi mayor búsqueda ha sido la del equilibrio”. Y efectivamente, la película combina, tradición con modernidad y tecnología, en varios aspectos, siendo el más identificable, la música.

La verdad es que la película está muy bien hecha, el director logra explotar al máximo los bellos paisajes balcánicos en su fotografía. Así mismo, está llena de luz y de color, lo que le da vida y un toque visual que trasciende a lo estético.
A pesar de que casi todos los actores son noveles, su trabajo es muy destacable, no en vano Arif Jakup ha ganado en el Festival de Sevilla el premio a mejor actor. Otra presencia dramática importante es la del hermano de Ahmet, Naim (Agush Agushev), un chiquillo muy simpático que, aunque no habla desde que su madre murió —quizás para facilitarle la actuación—, su interpretación es de una naturalidad y gracia que conectan con el público inmediatamente. El director ha dicho que gran parte del éxito de la película está en el proceso de selección de actores (casting dicen los gringos), un proceso largo y laborioso, en donde entrevistó a 3000 niños, pero que ha dado frutos generosamente.
La música es otro elemento a destacar, tanto las inserciones de música electrónica que le dan una inyección de energía al transcurrir de la trama y que resultan muy satisfactorias y vibrantes; como de música folclórica que nos facilita el traslado mental a esos lugares tan llenos de tradición y costumbre; que, algunas de ellas, bien merecen ser conservadas, en ánimo de mantener la identidad y la diversidad de los pueblos, más allá de lo pernicioso que puede ser la vinculación dogmática que en algunas de ellas se mezcla y algunas otras que tienen que ser erradicadas en definitiva, pero que tienen que servirse de un proceso de depuración particular y de modernización no hegemónica, mucho menos capitalista.
Otros mundos son posibles, dijeran los camaradas zapatistas.

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