Yo no moriré de amor

Claudia (Julia Mascort) es una chica adolescente como cualquier otra, cuya vida cambiará cuando su madre (Sonia Almarcha) se enferma de Alzheimer, ya que tendrá que enfrentarse a la muy difícil situación de combinar la rutina “normal” de una adolescente que empieza a abrirse a la vida (o viceversa) con las obligaciones que derivan de los cuidados que tendrá que proporcionar a su progenitora que progresivamente no podrá hacer nada (nada es nada) por sí misma, en colaboración con el resto de su pequeña familia, un padre (Tomás del Estal) y una hermana mayor (Laura Weissmahr).

De esto va, a grandes rasgos, Yo no moriré de amor la opera prima de Marta Matute que ganó la Biznaga de Oro por ser, según el jurado, la mejor película española de la Sección Oficial a competencia de la 29 edición del Festival de Málaga.

Rueda de prensa en Festival de Málaga 2026. Foto: Eduardo Aragón

La película es autobiográfica. Está inspirada en vivencias personales de la directora. Refleja de manera muy fiel los sacrificios y el sufrimiento, no sólo del enfermo que es el principal agraviado, sino de toda la familia cuando uno de sus integrantes sufre una enfermedad de este tipo o por razones más comunes como la vejez, situación  a la que “todos”, de alguna manera y paradójicamente, aspiramos a llegar. La verdad es que uno quiere llegar a viejo sí o sí y no nos detenemos a pensar en las condiciones en las que llegaremos a esa etapa de la vida, si no nos cae antes una bomba liberadora proveniente de algún régimen autoritario neofascista.

En el caso de Yo no moriré de amor, la hermana de Claudia no vive en el domicilio familiar, aunque ésta trata de estar siempre pendiente y cuando le es posible va a dicha casa a ayudar en todo lo que puede, dicha circunstancia le exime de la pesadez y absorción física y mental de una rutina de este tipo, tan sacrificada, y de la prisión en la que se puede llegar a convertir. Más allá de los sacrificios de tiempo y físicos que se tienen que realizar, hay una camisa de fuerza que impide hacer planes. Si el capitalismo en sí ya es una prisión, casi infranqueable (perdón por el spoiler), ora imagínense salir de la prisión del trabajo o de la escuela capitalista para entrar a la prisión del hogar; o al menos es así como Claudia se siente, más que cualquier otro integrante de la familia. Cosa que es normal porque es una niña abriéndose al mundo, con todo lo cerrado que ya de por sí es el mundo ahora. No es lo mismo que un adulto que al menos conoció el amor y fue defraudado o defraudó, o de esos afortunados que hipotecaron su vida a un inmueble en condominio con piscina, que quizás alcanzarán a pagar antes de morir, pero ya vivieron algo.

La hermana mayor vive en Barcelona, la familia vive en Madrid, lo que la hace no estar tan presente, y algo que se refleja en la película, que no sé si fue del todo intención de la directora, es un tanto de egoísmo exacerbado de esta hermana mayor, ya que, encima de que no se hace cargo de la madre de la misma forma de los que viven con ella, o al menos eso parece, todavía, cuando va a la casa familiar, independientemente de que se dedica a la atención de la enferma, se pone en un nivel de superioridad, tratando de dar ordenes y tomar la batuta de la organización de los cuidados, llamando la atención o amonestando a Claudia cuando no hace algo o lo hace mal.

Al ver esta situación imaginé que, a lo mejor, si el personaje de la hermana mayor, en lugar de ser mujer hubiese sido hombre, pudo haber mostrado otra problemática que se da en estas situaciones y que es que, en la mayoría de los casos, son las mujeres las primeras destinadas a atender este tipo de necesidades familiares de los cuidados, cosa que, dependiendo de cada circunstancia familiar, que desde luego se tienen que analizar individualmente, rompe con la pretendida igualdad de género. 

Le pregunté a Marta Matute, si no se vio tentada, en algún momento, a que el personaje de la hermana mayor fuese hombre, en lugar de mujer, para tratar de poner de relieve está situación, y me respondió que no, que nunca, que para ella siempre el perfil del personaje de la hermana mayor era el de una mujer, porque ella quería reflejar la carga, sobre todo mental, que sus hermanas mayores tuvieron en su experiencia personal. Llama la atención que la película refleja una carga mental más grande en Claudia que en la hermana mayor.

Rueda de prensa en Festival de Málaga 2026. Foto: Eduardo Aragón

La película no profundiza, tristemente (para todos menos para Win Wenders), en la parte político social y se concentra en el drama familiar y particularmente en las emociones de Claudia. A pesar de ello, sí logra poner de relieve la ineficiencia del Estado para ayudar a las familias, que no son pocas, que sufren de este tipo de cargas, ya que en España (y en muchos otros países, de México mejor ni hablar) no existe ni la infraestructura ni el personal suficiente para cubrir mínimamente todas las necesidades que en este rubro tienen los ciudadanos. Fue curioso, por decir algo, que durante la rueda de prensa que se realizó inmediatamente después de la proyección del largometraje, un alto porcentaje de los españoles presentes dijeron sufrir o haber sufrido una circunstancia parecida a la que se muestra en la obra de Matute, indicador de que es un problema muy común en la sociedad española.

En España, al parecer, existen algunos servicios públicos orientados a satisfacer ciertas necesidades derivadas de estas situaciones como el apoyo de cuidadores a domicilio y la acogida en estancias públicas, pero esto es insuficiente porque pueden pasar años en listas de espera antes de que los ciudadanos puedan acceder a estos servicios públicos y yo no sé incluso en algunos casos el paciente o el familiar mueren antes de ser beneficiarios de una ayuda de este tipo. En el caso de Claudia, nuestra personaje estelar, no recuerdo si fueron 4 y medio o más años los que pasaron antes de que pudieran gozar de una ayuda pública.

El guion queda a deber, ya que pudo haber sido un poco más claro y profundizar en cuanto a la denuncia social, no sólo respecto a las fallas en el sistema y asistencia pública para los cuidados, sino también respecto de esta parte de la inequitativa distribución de estas labores entre hombres y mujeres. De hecho, cuando pregunté a Marta respecto de la posibilidad de volver hombre a la hermana mayor, ella dijo, paralelamente, que alguna de sus hermanas comentó que le había parecido que al padre se le ponía haciendo más, colaborando más, que de lo que realmente hizo. También hay que decir, en honor a la verdad, que cuando Matute recibió el premio en Málaga, dedicó su discurso a la denuncia de la primera situación enunciada (falta de infraestructura y personal), que atormenta a una gran cantidad de gente en España y el mundo.

Independientemente de la razón principal que es tener como centro de la historia un tema sensible y, por lo visto, común en España, con un grueso de población importante de adultos mayores, que son los más propensos a este tipo de necesidades, con el que fácilmente el gran público se puede identificar. La película logra conectar con el espectador gracias a las grandes actuaciones. De hecho Julia Mascort ganó el premio a mejor actriz y Tomás del Estal el de mejor actor de reparto. Nada más y nada menos.

Pero, la verdad es que no sólo Julia Mascort y Tomás del Estal están muy bien, todas las actuaciones son impecables y allí está la gran virtud de la película que logra conectar, más allá del tema sensible (bien desarrollado en ese sentido), con el público español. En este rubro, me gustaría hacer especial mención al trabajo de Sonia Almarcha que interpreta a la madre enferma, su trabajo es muy bueno dado lo complejo de la situación del personaje. Una interpretación que, además, considero que es muy difícil de realizar. Representar a un enfermo de ese tipo, que no habla, que ni siquiera tiene una gran movilidad por carecer del control de su cuerpo, son circunstancias que obligan a la actriz a ceñirse a un limitado número de herramientas performáticas para lograr reflejar, trasladar al público, el estado de su personaje, cosa que Almarcha hace de manera excepcional.

Queen at the sea

Y aquí es donde cabe vincular o conectar Yo no moriré de amor con esa otra gran película de este primer trimestre del 2026: Queen at the sea, de Lance Hammer, que cuenta con la participación de la histórica actriz francesa Juliette Binoche como parte del elenco. Largometraje que habla del mismo tema de los cuidados, pero enfocado de una manera bastante distinta. 

En este caso, la mujer enferma, afectada de un tipo de demencia (senil) Leslie (Anna Calder-Marshall), y necesitada de cuidados, tiene, en principio, únicamente a su pareja, Tom (Tom Courtenay), que es quien se dedica a cuidarla en cuerpo y alma, de una manera que funciona bastante bien, aunque no lo parece, y en donde Tom, lejos de sentirse abrumado por la situación se siente… mmm… ¿Cómo decirlo sin que parezca que el sentir de Claudia sea menos, negativo, egoísta o injusto? No es comprometido porque Claudia también esta comprometida a muerte con su familia, tampoco es a gusto porque no deja de ser un problema con el que hay que lidiar y Tom estará todo, menos a gusto con la situación, tampoco puede ser cómodo (por las mismas razones), pero de alguna manera está adaptado (sin que ello signifique resignado porque no lo ve como un castigo o un agravio personal). Tom a interiorizado de tal forma la situación, gracias al enorme y profundo amor que siente por su compañera de vida, que pareciera que no lo sufre… e insisto, no es que Claudia no sintiera un profundo amor por su madre, pero no esta dispuesta morir de amor. Hay que entender que la situación de Tom no es la misma que la de Claudia… Y por eso Claudia no morirá de amor, al menos no todavía, en 70 años quizás esté preparada para ello.

Hasta que aparece la hija, Amanda (Juliette Binoche) quien, asustada por un incidente que parece terrible (encuentra a la pareja teniendo relaciones sexuales en lo que podría ser abuso sexual) y tratando de ayudar, y encargarse de su madre, pues antes no lo hacía ya que había hecho vida en otra ciudad, termina desconfigurando toda la dinámica que la pareja de adultos mayores tenía y con la que parecía la iban llevando bastante bien, porque no siempre todo es lo que parece.

Es otra gran película que se estrenó en el pasado Festival Internacional de Cine de Berlín, en donde ganó dos premios, el Premio del Jurado y, el premio al que yo quería hacer especial referencia, ya que hablamos de esto de lo difícil de interpretar papeles de personas enfermas mentalmente, que no pueden hablar y que se encuentran limitadas en cuanto a su lenguaje corporal (en este caso menos), haciendo más difícil la labor de interpretación y expresión artística, me refiero al Premio a Mejor Interpretación de Reparto para Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay que hacen los roles de la pareja de adultos mayores de esta muy buena historia.

Rueda de prensa en Berlinale 2026. Foto: Eduardo Aragón

Con el cartelazo que presenta, sobra decir, que la película esta espléndidamente interpretada. El guion y argumento de Queen at the sea, aunque tampoco tiene un enfoque social, cosa que no sé si es un defecto, al igual que en Yo no moriré de amor, o simplemente en Francia hay mejores servicios públicos en este rubro, me parece mucho mejor desarrollado que el del largometraje español. Es una historia muy bien llevada que más que enfocarse en el sentir de los personajes como base narrativa, se concentra en el desdoblamiento de un argumento mucho más complejo que se va agotando literariamente de manera muy conveniente. La película refleja el sentir de cada una de las partes sin centrarse en ello, sino en el desarrollo de una historia bastante más elaborada y mejor construida.

El filme de Lance Hammer tiene además un fantástico final. Fantástico en cuánto a lo inesperado y artístico del mismo, no en cuanto a lo que representa materialmente (vamos, esta muy lejos de ser un final feliz si es lo que creían) que termina por profundizar en la tristeza característica de este tipo de historias, tanto la de Queen at the sea como la de Yo no moriré de amor, que ni en el drama, ni en la ficción ni en la vida real, son susceptibles nunca de tener un final feliz y cualquier ejercicio en contra, corre el riesgo de caer en el absurdo.     

Dos muy buenas películas, espléndidamente actuadas. Por eso es aquí donde las actrices (y los actores) templaron el acero, son este tipo de retos interpretativos en los que se puede demostrar el talento de una artista. 

TRAILER

TRAILER

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí