Cecilia Andalón transformó su camino en las artes plásticas cuando descubrió que sus manos podían dar vida a mundos enteros a través del cine de animación. Lo que inició como una investigación académica sobre el cine en Jalisco, bajo la guía de la doctora Carmen Gómez Gómez, se convirtió en una pasión por el stop motion, una disciplina donde la escultura y la pintura son piezas fundamentales. Para ella, esta técnica no es solo cine; es una extensión de la construcción física donde cada escenario y cada personaje nace de un proceso artesanal profundo.
Su cortometraje Dolores representa la culminación de este esfuerzo personal, una obra de fantasía que cobró vida en el Taller del Chucho. La historia destaca por un elenco de personajes completamente femeninos, diseñados para romper con los estereotipos tradicionales de sumisión. A través de figuras como la pequeña Dolores, una niña extrovertida, y misteriosas momias, la realizadora explora matices complejos de la feminidad, permitiendo que las acciones de las mujeres sean las que muevan los hilos de la narrativa.

Más allá de la pantalla, Cecilia se distingue por una filosofía de liderazgo que prioriza la humanidad y el respeto en el set de grabación. Convencida de que la verticalidad rígida del cine tradicional debe erradicarse, trabajó junto al productor Rafa Ruiz para crear un ambiente donde los colaboradores y estudiantes se sintieran valorados. Para ella, ser profesional no se demuestra con jerarquías o gritos bajo estrés, sino con una comunicación asertiva y el compromiso de que todos los involucrados ganen algo significativo durante el proceso creativo.
Actualmente, su vida transcurre entre el desarrollo de nuevos proyectos y las aulas de clase, donde se nutre de la energía y curiosidad de sus alumnos. Así, su trayectoria se sigue construyendo como uno de sus sets de animación: con paciencia, atención al detalle y la convicción de que el arte es un esfuerzo colectivo que empieza con una idea en la cabeza y termina compartiéndose con el mundo.

La entrevista
Me gustaría que, de tu propia voz, me contaras un poco sobre tu trayectoria. Entiendo que estudiaste Artes Plásticas, ¿cómo diste el salto al mundo audiovisual?
Cecilia: Estudié Artes Plásticas porque pensaba que a eso dedicaría mi vida; lo disfruté mucho y lo sigo haciendo, pero ahora enfocado a otras cosas. El cambio empezó en la carrera, cuando hice mi servicio social con la doctora Carmen Gómez Gómez, quien investiga cine en Jalisco. Ella me motivó a titularme por tesis. Como ella tenía un proyecto de investigación sobre urbanismo y cine en Puerto Vallarta apoyado por Conacyt, me propuso aplicar a una convocatoria para seguir ayudándola mientras hacía mi tesis. Afortunadamente me dieron la beca y eso cambió mi rumbo. Tuve que buscar un tema que ligara las artes plásticas con el cine, y así llegué a la animación stop motion.
Entre las artes plásticas y el stop motion existe una conexión muy natural, ¿no es así?
Cecilia: Totalmente. Mi tesis fue sobre las artes plásticas en el cine de animación stop motion. Ahí conocí a varios realizadores, entre ellos a Luis Tellez. Años después, él me invitó a colaborar en una película. Al principio pensé que solo estaría año y medio, pero me gustó tanto que me quedé. El stop motion se volvió mi eje laboral, pero sigue ligado a las artes plásticas porque en esta técnica todo se fabrica y se construye manualmente.

Hablando de la industria, ¿cómo ves el ambiente laboral y la profesionalización, especialmente cuando se trabaja con estudiantes?
Cecilia: Para mí es fundamental el respeto y la buena comunicación. Me molesta mucho la verticalidad marcada que a veces hay en el cine, donde el director o el fotógrafo ni siquiera saludan. Eso se debe erradicar. En Dolores, que es un proyecto personal y no comercial, trabajamos con muchos colaboradores y estudiantes. Junto con el productor, Rafa Ruiz, buscamos que todos ganaran algo, ya fuera un crédito profesional o una buena experiencia de aprendizaje. Tratamos de solucionar los conflictos de presupuesto o tiempo sin cargar al equipo. Para mí, ser profesional significa saber manejar las emociones y ser asertivo; no creo en eso de gritar porque uno esté «estresado».
¿Cuál fue tu mayor desafío personal al realizar un proyecto como Dolores?
Cecilia: Mostrar algo propio y personal. Aunque sea género de fantasía, es algo que salió de mi cabeza y mostrarlo a los demás da nervios. El día del estreno privado para el equipo y la familia estaba muy nerviosa. Ahora que ha pasado el tiempo lo disfruto más; puedo ver los «errorcitos» con otros ojos y recordar lo bien que la pasamos trabajando en el «Taller del Chucho».
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente y cómo lo equilibras con la docencia?
Cecilia: Ahora estoy en una producción llamada El Origen y acabo de terminar un guion para empezar a desarrollar una nueva carpeta. Sobre la docencia, siempre ha ido a la par de mi carrera. Me gusta mucho dar y tomar talleres porque se aprende en tiempos muy específicos. Además, me gusta la organización y los calendarios; tengo un poco de «alma de productora». Estar con los jóvenes en la universidad me motiva; me «robo» un poco de esa energía y fuerza que ellos tienen para hacer cosas. Solo dejé de dar clases durante el año intenso de producción de Dolores, pero retomé la docencia inmediatamente después.




























