Gaizka Urresti. Fuente de imagen: Heraldo de Aragón

Este 25 de diciembre se estrena en salas de cine seleccionadas de ciudades de España la película documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine. Una obra que, como no es muy difícil imaginar, habla de la vida y obra del considerado director maldito del cine español, por su controvertida y atrevida forma de hacer cine y ciertas circunstancias que rodearon su vida como la adicción a la heroína. 

El documental es muy interesante porque, no sólo aborda la cinematografía de Eloy de la Iglesia, sino que también hace una acercamiento muy certero respecto de ciertos aspectos que rodearon la vida del director. Lo que le permite al espectador comprender de mejor manera la figura de Eloy de la Iglesia y, además, relacionarlo con ciertos aspectos históricos que han marcado a varias generaciones de españoles, como las estrictas restricciones, no sólo para el arte sino para las personas en general, que se implantaron durante la dictadura franquista, y sus efectos posteriores en la llamada “transición”. 

Por estos motivos, busqué a Gaizka Urresti, director de la película, para platicar con el de estos y otros temas y este fue el resultado.

La entrevista

Oí en algunas entrevistas que has hecho, que el proyecto de la película Eloy de la Iglesia, adicto al cine, no nace desde ti, que alguien te pidió que lo desarrollaras. ¿Cómo fue que llegó a ti este proyecto?

Gaizka: Sí, efectivamente, la que tenía la idea hace años de hacer un documental sobre Eloy de la Iglesia era la productora ejecutiva Oihana Olea, con la que había colaborado en pasadas ocasiones: en el documental de Aute, en el de Labordeta. Ella tenía hace 15 años, dice, esta idea, pero nunca consiguió el dinero. Y fue hace tres años, que entró un poco de dinero de televisión española, cuando me llamó para ver si yo quería dirigirlo. Y así entré en el proyecto. De alguna forma es un proyecto de encargo que, bueno, siempre hago mío.

Gaizka Urresti recibiendo un Goya por otro documental que hizo de Labordeta 

¿Te entregaron algún avance del guion o tú lo construiste desde el principio? 

Gaizka: No, realmente no había un guion. Había como una memoria sobre aspectos de Eloy de la Iglesia, y yo empecé desde cero a documentarme, a leer lo que había publicado sobre Eloy. Principalmente dos libros: el de Eduardo Fuembuena, Lejos de aquí [La verdadera historia de Eloy de la Iglesia y José Manzano] y el que publicó en el Festival de cine de San Sebastián con Carlos Aguilar…; y algunas entrevistas públicas. Y luego, ver sus películas y hablar con los colaboradores. Pero no había un guion que había que explicar. Normalmente el guion en el documental se va concluyendo en el proceso. Parten, en este caso, de un personaje, de querer reflejar al personaje y por eso al final, si ves, el guion está firmado tanto por el ayudante de dirección Moi [Moises Garrido], que fue el primero que entró en el proyecto… Luego yo como director, preparando las entrevistas y luego el montador [Juan Barrero]. En un documental no hay un guion cerrado de 80 o 90 páginas, diciendo lo que va a decir la gente, sino un planteamiento de a dónde quieres llegar, una hoja de ruta, con qué personajes quieres hablar, qué esperas que te cuenten ellos y un poco los temas que quieres desarrollar en esa película. Es un concepto distinto de lo que es el guion de ficción.

¿Cambió tu perspectiva, tu forma de ver a Eloy de la Iglesia, en un antes y un después de hacer el documental? 

Gaizka: Yo tenía, como imagino que la inmensa mayoría de los espectadores que se acerquen al documental, a la película, la idea del director maldito del cine español. Sabía, por ejemplo, las historias de estigma que sufrió durante 15 años. De hecho, curioso, cuando empecé a grabar la película me di cuenta que lo primero que hice en el cine de forma profesional, como productor y coguionista, fue la película Chevrolet de Javier Maqua, del año 97, que contaba una versión poetizada de lo que era en ese momento la vida de Eloy de la Iglesia. La historia de un director de cine, de películas de éxito, que está viviendo en la calle o persiguiendo al que había sido su actor fetiche que está enganchado en la heroína. Esta es una historia que escribió Javier Maqua, que era amigo de De la Iglesia y que de alguna manera estaba inspirada en ese momento vital… y yo tenía esa imagen del estigma. 

Conocía también sus películas de la última etapa, antes de ese estigma. Lo que se ha llamado el cine Kinki. Porque yo las viví y las… no las disfruté, en el sentido en que son películas que te turbaba hasta cierto punto, y poco más, bueno, a ver, había visto Los novios búlgaros [también]. Entonces, empecé con esa imagen del director maldito del cine español, estigmatizado por su adicción a las drogas. Un cine, efectivamente, que mostraba el lado oscuro del ser humano. Y sin embargo, lo que me contaban, sobre todo muchos amigos suyos de la última etapa, era la bonhomía, la inteligencia, la bondad de Eloy, que a mí me sorprendía con la imagen que tenía y que tenía mucha otra gente. 

Al final, creo que he descubierto tanto yo, y espero que el espectador, un personaje de contradicciones, que tenía esta parte con mucho lado oscuro por el tema de sus adicciones, pero, también, creo que es importante entender tanto su obra como su vida, en el contexto que le tocó vivir del final de una dictadura de 40 años de represión. El hecho de ser alguien sensible, gay, en una España que prohibía a la homosexualidad; de origen burgués; ahí se entiende un poco ese enfrentamiento que él tiene con su sociedad y ese interés en reflejar esa parte más oscura. Desde esa óptica, creo que se le entiende mejor y no sé si disculpa esa parte sombría, pero creo que aprendes a entender al personaje y puedes llegar incluso a comprenderle, amarle… ¡No sé si amarle es la palabra! Yo, te digo, no partía desde la admiración cuando empecé este documental, sino más desde las preguntas: ¿por qué hacía lo que hacía Eloy? Estas relaciones que tenía con la droga, con los chavales jóvenes, como Manzano, con el comunismo. Me parecían temas interesantes y me han conformado la imagen de alguien al que he aprendido a comprender

La película ha tenido mucho éxito, ha sido muy bien recibida y ha pasado por algunos de los festivales más importantes de España. Empezó en San Sebastián y luego pasó por Sitges, que son dos públicos muy distintos. Me gustaría saber ¿cuál fue la experiencia en esos dos festivales y la retroalimentación de dos públicos que ven las cosas o aprecian el cine de forma distinta? 

Gaizka: Sí, es curioso definitivamente que una película que es un documental, que no se inscribe claramente en el cine de género, que pueda estar en Sitges. Y además fue muy seguido, estrenamos en San Sebastián y luego fuimos a Sitges. El publico de San Sebastián es un publico más maduro, más cinéfilo, cinéfilo en un sentido tradicional, de 55 para arriba; y profesional, mucha gente de la industria, muchos compañeros fueron a ver la película por interés. La recepción fue buena, fue emotiva, ten en cuenta que fue la primera vez que Pedro Olea, Fernando Guillén Cuervo, la vieron no ya en una sala, sino [terminada], y fue muy emocionante sobre todo por la importancia que tenía el Festival de San Sebastián en la propia biografía de Eloy. Sabíamos que era el primer festival donde se tenía que ver… Tenía todo el sentido que se viera ahí. 

El público de Sitges, que es más adicto al cine, en el sentido de que consumen un cine muy variado, no necesariamente bueno, en el sentido que a veces se le otorga a la palabra cine de calidad, o sea, que consumen muchos tipos de cine. A mí me  interesaba mucho. Encima luego unes en Sitges al público gay, que también estaba muy presente en la sala. Y bueno, pues la verdad, también, yo creo que disfrutaron de la película, se reían en los mismos momentos, yo creo que también se emocionaron. Fue para mí una experiencia. Jamás hubiera pensado en que una película mía hubiera estado en el Festival de Sitges porque no hago género de terror o fantástico, y fue una idea bonita, sin duda.

Oí que tuviste la película lista tan sólo un par de días antes de su estreno en San Sebastián, ¿hubo mucho estrés, sufriste mucho para estar a tiempo? 

Gaizka: Ha sido un continúo estrés. La verdad lo hemos hecho en un tiempo récord porque, realmente, empezamos a rodar en la primavera del año pasado. A mí me ha pillado con varios [proyectos], bueno, siempre estoy con varios proyectos simultáneamente. Hubo momentos que no podía dedicar el tiempo y eso ha llevado a que sea un ansia por llegar a San Sebastián, aunque le habíamos presentado a Rebordinos [director del Festival de San Sebastián], a finales julio, un work in progress, realmente no estaba ni… ni mezclado, ni [arreglado] el otro tema de imágenes de archivo que es súper importante en un documental, eran proxies, había que negociarlo y tal. Entonces, bueno, yo realmente, porque fui yo personalmente el que subió la copia el jueves, el día antes de que empezara el festival, y fue… De hecho, hubo un par de cositas, menores, que me di cuenta en esa proyección que luego cambié. 

Así ha sido siempre el proceso: la inscripción en los Goya, los Premios Forqué. Incluso ahora el estreno en salas en España, que es el día de Navidad, el día 25 de diciembre, que es un día atípico para una película [como esta], se me ha hecho un poco: un vídeo promocional con varias escenas escabrosas de las películas de Eloy y poniendo la película en estas navidades. Está siendo horroroso porque me está cortando en personas y de hecho todavía no está calificada (clasificada) en el Ministerio de Cultura, con lo que podría estar en riesgo el que se estrenara. Bueno, ya va el lunes a la comisión. Para consuelo mío, ayer mismo calificaron a Avatar que entraba en 500 salas. Quiere decir que [espero] que la deferencia que han tenido con Disney también la tengan con nosotros. Porque hay un momento de colapso en el ministerio. 

Sí todo el proceso, en ese sentido, ha sido muy doloroso. No tanto el de hacerlo… el proceso creativo; el montaje, que es la parte del documental donde más se construye la película; el rodaje es muy importante, donde haces las entrevistas, cómo y qué obtienes. No ha sido doloroso. Primero el montador y Moisés con Barrero, hicieron un primer acercamiento que recibí a finales de abril y desde ahí le empecé a dar unas vueltas hasta conseguir la película que a mí me gustaba.

¿Eloy de la Iglesia es el Pasolini español? 

Gaizka: Es inevitable equipararle tanto por sus biografías personales como… no tanto por el acabado de las películas, pero, bueno, sí, el uso de actores naturales, que encima también tuvieron relación con ellos. También se habla de Fassbinder, que es más coetáneo con él y que reúne también ese lado salvaje…  porque Pasolini en el fondo… es de otra edad, de la década más de los 60, aunque en los 70 tuvo grandes películas. Sí, es inevitable esa comparación. Aunque yo creo que Pasolini tiene un componente poético que quizás Eloy no tenía. Eloy era mucho más directo, más periodista si quieres. No sé si a Eloy le hubieran gustado las películas de Pasolini… no sé si se hubieran gustado sus cines. Lo que sí es que también hay que entender, volvemos a lo que decía, para entender el cine de Eloy hay que entender su época. Lo mismo que Pasolini. 

Otra pregunta que se suele hacer es: ¿Sería posible el cine de Eloy de la Iglesia ahora mismo en España, en el mundo? Y la respuesta es no. Seguramente muchas de estas películas estarían canceladas. Primero no se harían, no se podrían hacer, no habría financiación; ninguna plataforma financiaría una película como Sacerdote o La criatura. Hay lo que se llama la autocensura. Y luego también la sociedad está por otros derroteros. Entonces, no es tanto, que también de autocensura, como que los gustos y que las sociedades han cambiado. No hay esa necesidad. Y entonces Pasolini, Fassbinder, Eloy de la Iglesia son hijos de ese momento social que nos tocó vivir, muy convulsos, con mucha violencia. Ahora nos quejamos de la política, pero nada que ver con la violencia, en el caso de España, [en los] 70, con una ETA matando continuamente, con la extrema derecha también interviniendo con un golpe de estado. Una sociedad muy convulsa que da a entender por qué esa necesidad de hacer ese cine. Ahora mismo, igual afortunadamente, somos más pequeño burgueses y no hay esa, sin quitarle sombras a la sociedad y desfavorecidos, sigue habiendo olvidados como los que retrataba Buñuel. Ahora vendría más del lado de la inmigración. vendría más de África, que los chicos chaperos, de barrios humildes de Madrid. Pero, sí es cierto que el espectador no busca eso y me costaría encontrar un cineasta español que estuviera haciendo ese cine. 

Eloy de la Iglesia, adicto al cine es una película que trata de ir más allá de una simple referencia biográfica y toca temas importantes, toca temas muy importantes para España. Eso es un punto muy valioso que espero que el público que la vaya a ver sepa detectar y apreciar, porque son temas muy complejos en los que no se puede profundizar. Yo te quería preguntar sobre dos de esos temas, primero: es muy clara la denuncia, la inconformidad, el reclamo que hace Eloy de la Iglesia de la represión sexual que el Estado o que a lo mejor la misma sociedad ejerce, en este caso sobre un grupo particular, pero hay psicólogos, filósofos, antropólogos que dicen que la represión sexual se da en todos nosotros de distintas formas y que eso crea… crea cierto confort, pero también crea cierto odio hacia adentro, que el ser humano no sabe canalizar y eso de repente se canaliza en crudeza, en acciones violentas, en desahogarnos de otra forma de esto que no entendemos bien qué nos está pasando. En términos generales, ¿qué piensas de toda esta parte del trance que sufrió Eloy de la Iglesia y que trató de transmitirlo en sus películas? 

Gaizka: Sí, totalmente, la represión provoca violencia, yo creo, provoca una forma desaforada de resolver los conflictos que sería la violencia. Lo que he dicho: el caso de ETA, el caso de la extrema derecha, o el caso de los chicos de la calle… los delincuentes, los kinkis. Y él, a pesar de ser de una clase económica desahogada, esa represión que sufrió toda la vida… Claro es que ser gay en la España de los… en este caso homosexual, pero vamos, Luis Buñuel decía que era uno de los países más reprimidos de Europa. De hecho, con la llegada de la democracia empezó un cine, Eloy es un representante, empezó un cine español con la curiosidad de ver cuerpos, mayoritariamente femeninos, desnudos; un cine sucio; pero claro, es que había que entenderlo, después de 40 años de represión. El erotismo un poco chabacano. Y sí,  pretende ser un fresco de esa España. Eloy de la Iglesia lo reflejó muy bien. Ese tardo franquismo, los últimos años de Franco, la muerte de Franco y la llegada de la libertad, dolorosa; con esta denuncia y luego ya la llegada de la heroína. 

Eloy cae en decadencia, y eso también de alguna forma se especula, con la llegada del Partido Socialista al poder y con esa modernización de país, ese tipo de cine cae en el olvido, porque reflejaba la parte que no se quería asumir de España. Queríamos dar la imagen de un país moderno… En el documental de Labordeta, uno de los documentales míos anteriores, también lo planteo así con el tema de los cantautores, que jugaron un papel en la transición y en el tardo franquismo, de la lucha política, con cantos como el canto a la libertad… Todo eso quiero contarlo, no solamente es una reivindicación de un cineasta y de hablar de sus películas, sino ponerlo en contexto, que creo que es fundamental para entender al personaje como he dicho al principio. 

El otro punto es, yo no sé si podremos llamarlo: la epidemia de la heroína que hubo en los años ochenta y principios de los noventa, a lo mejor, en España. Eso, paradójicamente, de alguna manera, Eloy de la Iglesia trata de, si no de denunciarlo, de evidenciarlo, de mostrarlo, de ser ese espejo de la sociedad. Y digo paradójicamente porque al final él termina cayendo en las consecuencias de todo esto. Hay una parte en la película en la que un periodista lo entrevista, cuando parece que ya salió de ese trance y parece que lo está regañando. También hay como una estigmatización de la sociedad respecto de todo esto. ¿Tú cómo viviste esa parte y cómo lo fuiste emparejando a la hora de elaborar la película? 

Gaizka: Sí, esa parte me interesaba mucho porque yo la viví, encima en Bilbao. Bilbao era uno de los epicentros donde una generación de jóvenes se engancharon en la heroína y muchos de ellos murieron. Entonces, me parecía un pequeño homenaje… Mezclando el inicio de los 80, que para mí es muy importante porque eran de mi adolescencia, y el Bilbao de ahora, al que vuelvo, porque vive mi familia ahí, y no tiene nada que ver, una ciudad más luminosa, toda limpia, con edificios emblemáticos, con la ría que es como una avenida más de la ciudad. Y sí, cuento, efectivamente, esta historia de cómo estos chicos sufrieron.

Para entender esto hay varias teorías o varias hipótesis. Evidentemente una tiene que ver con lo que he dicho de la libertad, y la idea de pasarlo bien, disfrutar, romper tabúes. En ese sentido, la droga te llevaba. Te llevaba a desinhibirte, sexualmente, vitalmente, era una forma de placer inmediato. Mucha ignorancia porque no se sabían las potencialidades de la droga en general y de la heroína en particular. Tan destructivas y tan adictivas. 

Y luego, yo no quiero alimentar ese tópico, porque durante años se habló, y el propio Eloy en El pico lo cuenta, era una forma también de connivencia de la Guardia Civil, para controlar una ciudad muy politizada. Una juventud muy movilizada, violentamente, tanto en las calles como con el brazo de ETA. Y entonces, de alguna forma se decía en el País Vasco, que lo usaban para acabar con esta juventud más reivindicativa. De esto no hay pruebas, no ha habido denuncias, es más una teoría de la conspiración. De hecho, me acuerdo, Javier Cercas, cuando presentó su libro Las leyes de la frontera, dice: hombre, las teorías conspiranoides son demasiado perfectas para que sean ciertas. Pero bueno, eso [existió] y hay gente que hoy en día lo sigue alimentando: que la heroína se usó también por parte de las fuerzas de seguridad para controlar la sociedad, una juventud, sobre todo. 

Realmente es que la heroína fue muy destructora de una sociedad. Y es cierto que, encima, muy estigmantizante, como has comentado. La idea del yonki, como alguien que perdía el control, que era un chico que se convertía en un delincuente, luego la llegada del SIDA, pues eso estigmatizó más, era como una epidemia de maricones y de drogatas. Por eso, me parecía muy interesante al final de la película, aunque sea brevemente, destacar que la muerte de Eloy no tuvo nada que ver con su adicción a la heroína, en la que solamente estuvo cuatro años por otro lado, porque es cierto que esa imagen estigmatizada de el director maldito, el director heroinómano, le acompañó ya hasta la muerte. De hecho, Pedro Olea me contaba que cuando le acompañó en el hospital, un día que quería fumar un cigarrillo, saliendo del hospital, pues su médico le dijo, sí, sí, a fumar, a fumar, seguro. Dando por hecho que su enfermo iba a inyectarse o a consumir una droga o algo así. Por eso yo quería que en el documental que quedara claro que murió de una cosa, no digo yo que… los excesos que cometió en su vida, pues igual le deja las defensas bajas, pero realmente fue un caso médico que nos puede pasar a cualquiera. Para intentar desestigmatizar a Eloy de la Iglesia. Claro que tuvo sus debilidades, pero de sus 62 años, solamente cuatro estuvo adicto a la heroína. Y además al principio, él decía que nunca se inyectaba, que la consumía de otra forma, quizás eso le salvó. No era tan efectiva. Que era alguien adictivo, tampoco hay duda, porque en esa época se gastaba todo el dinero en tragaperras. Cuando tienes mucha ansiedad, lo que has comentado, al final buscamos aplacar esa ansiedad, pues por la ayuda de adicciones. pueden ser opiáceas o de otro tipo. Yo creo que sí debería tener esa ansiedad Eloy, aunque no lo conocí, personalmente vamos.

Me parece una gran noticia, aunque sea una fecha en la que a lo mejor el público busca otro tipo de películas, que el 25 de diciembre se estrena en cines el documental. Yo creo que no es fácil que una película documental llegue a cines. ¿Cómo fue este proceso y en qué condiciones llega? ¿Va a estar en todas las ciudades de España, o en algunas salas seleccionados? 

Gaizka: El documental en salas, el documental español en salas, es muy difícil que entre. Porque el exhibidor tiene mucho recelo de cómo va a funcionar. También es cierto que vamos ganando espectadores, pero tienen una imagen del documental como género más televisivo, no tan cinematográfico. La ficción está sobrevalorada como género. Yo suelo defender el documental siempre como: mira, son películas como tales… que pueden emocionarte lo mismo que una película de ficción, puedes llorar, puedes reír, te vas a entretener, pero además vas a salir del cine sabiendo algo más sobre la vida, sobre un tema, sobre un personaje

Me parece que [el documental] es una forma maravillosa, pero es cierto que cuesta vender y entonces los cines, ese miedo que tienen lo terminan convirtiendo en realidad, porque lo suelen programar mal, nos suelen dar poco tiempo para promocionar. Pero, yo con mis documentales tengo una vocación de llegar al público, como el de Aute o el de Labordeta, llegan a muchos espectadores si me dejan  hueco. De hecho, tengo mucho más rentabilidad. No por copia, por pase. Ten en cuenta que a mí lo que me hacen es darme un pase al día. Yo me he encontrado con, como hago… Comscore [investigación de mercado], cines en los que una película de Hollywood con tres o cuatro pases, hace lo mismo que la mía con uno. Entonces, como que se nos exige más a los documentales. Se nos exige que les llenemos la sala para ser rentables. Eso no se lo exigen al cine americano. Yo le digo a Comscore, no tendrían que hablar de espectadores por copia, sino de espectadores por pases. Ahí seguramente ganaríamos muchas veces. No todos los documentales, como te digo, yo tengo una vocación de llegar al público,. [Yo tuve] 30.000 espectadores con Labordeta, que fue un hito, sobre todo un hito en mi caso porque soy productor y distribuidor. Habría documentales más exitosos, ahora mismo el de Antonio Flores [Flores para Antonio] está siendo un gran evento, pero claro, porque detrás tiene una gran distribuidora como A Contracorriendo

A mí me cuesta mucho entrar. Dicho esto, Eloy de la Iglesia va a estar, con mucho esfuerzo por mi parte, porque nos tienes también de pie en evento, va a estar en Madrid, en tres cines de momento, yo creo que en cuatro estará, va a estar en los Embajadores, con presencia mía; en el Cine Paz, ahí en Fuencarral; en el Cine de Bellas Artes. En el cine CineCiutat, en Mallorca, que es un cine de autor de referencia; en el Casa Blanca de Valladolid; en los Albéniz en Málaga; en los ABC de Valencia; en los Trueba de San Sebastián; en el Zoco de Majadahonda, en Madrid, también. 

Hago un esfuerzo… he regalado… no me he planteado… me da igual, qué retorno económico haya, por ejemplo, quiero que estén también en la España vaciada, en España rural, y entonces hay una fundación de arte en Medinaceli, aquí en Soria, que el mismo fin de semana del estreno van a hacer un pase especial de la película… Me hace ilusión, porque de alguna forma no nos podemos quejar de que la gente no va al cine y no hacer por acercarle nuestras películas al espectador. También voy a Tarazona, una ciudad de aquí de Zaragoza, en la que yo he rodado varias veces y hay un público que me sigue, pues también voy a hacer un pase… Va a exigir de mí que vaya. Yo el fin de semana de estas navidades, aparte de la primera vez, voy a tener que estar el viernes, sábado, domingo, lunes, proyectando la película en sitios para hacer debates, para dar un valor añadido. 

¿Hay alguna posibilidad de que se internacionalice, pensando en Latinoamérica, que la película venga para acá? 

Gaizka: A mí me encantaría que el salto internacional… que todavía no ha ocurrido, no se ha estrenado internacionalmente. Hemos intentado en un gran festival como la Berlinale, pero no ha sido seleccionada. Entonces, a partir de ahora ya no tengo que ser tan celoso con el primer festival. En América Latina, a mí me encantaría que se viera por primera vez en Guadalajara o en Cartagena de Indias. En la cinemática uruguaya, les encantó la película y quieren también que vaya para allá. Yo creo que tendrá interés en ese nivel, festivales y tal, porque las salas comerciales está complicado. No sé, puedo intentar Canal 22, que siempre es un canal que ha puesto algunas de mis películas… 

Hemos hablado de que la película documental muchas veces es menospreciada frente a la ficción, pero yo veo también otro riesgo: que hay veces que se hacen audiovisuales que se quieren hacer pasar por documentales, es decir, que no están tan bien hechos. No se pueden comparar piezas como las tuyas con otras piezas en donde de repente ves que alguien agarró una cámara y nada más se puso a filmar a su familia o cualquier cosa, por ponerte un ejemplo. Sin menospreciar el trabajo de nadie, pero creo que sí hay diferencias entre un tipo de trabajo y otro. Lo que te quiero preguntar es, ¿cuáles son las reglas de oro del documental o cuáles son los elementos esenciales que deben de tener para que podamos decir que estamos frente a una obra cinematográfica, más que un audiovisual que nada más está capturando ciertos momentos? 

Gaizka: Es complejo, porque es cierto que una de las grandezas del documental es que sus fronteras son muy difusas. A diferencia de la ficción, que está claramente más tipificada, en géneros, en formas de producción. El documental, no digo que sea inabarcable, pero se pueden hacer las cosas de muchas formas. Es cierto que determinados recursos, que yo utilizo, como las entrevistas o lo que se llama gustos parlantes, pues se considera algo divisivo y yo creo que tiene que ser así, depende del tratamiento que des a los personajes, lo que les preguntes, cómo los uses esos recursos. Hay gente que lo tiene muy confundido, y tampoco quiero decir: esto no es cine y esto es cine, eso es muy difícil. 

Yo, si tuviera que destacar algo, creo que, al final, es la mirada. Que hay una mirada personal sobre una realidad que el discurso televisivo no lo suelo tener. Se suele quedar más en el reportaje, en el testimonio, en contar algo. A veces, incluso, queriendo ser ecuánime, con los dos puntos de vista, que también me gusta, digo que haya confrontamiento, pero es un género televisivo porque tiene más urgencia en su realización y menos mirar. No se ve claramente una mirada de alguien sobre una comunidad… Por ejemplo, se habla a veces: ahora el documental está de moda en las plataformas. Pero claro, están hablando de True Crime, de [Ve soy] Georgina, para mí eso no es un documental, aunque usen técnicas de documental como el [cine] en vivo, como el acompañar un hecho con una cámara como en tiempo real, pero no hay mirada, no hay mirada sobre esa realidad. Claro, es algo muy subjetivo, porque ¿quién te dice si tiene una mirada o no? Pues yo creo que el espectador. El espectador al final te dice. Cuando hay una mirada la detecta… y cuando no… 

Otra diferencia, ya no sólo del documental, del cine, es el tiempo. Yo he hecho televisión, en la televisión tiene a veces unas horas para contar una historia. A las 9:00 de la mañana no hay tema [todavía] y a las dos se está emitiendo una pieza de dos minutos. No hay tiempo de reflexión, no hay tiempo para que las cosas se aposenten, reflexiones sobre lo que hayas grabado, lo montes de una forma, intentes tal… Eso lo tienes en el cine, por los procesos productivos del cine. Y eso enriquece cualquier obra. El tiempo de reflexión sobre una obra. Eso también, yo creo que es una diferencia del documental y del cine en general, que es el tiempo que le dedicas a cada historia. Por eso también es tan caro. Ahora, tú puedes rodar un plano secuencia, mal ejecutado, con la cámara al hombro e incluso puede tener emoción, pero… De hecho, lo notas en los diarios, en las series diarias, que hay alguna maravillosa, [no] tienen mucho tiempo [por eso van] al ritmo que van, pero cuando hay una serenidad o más días de rodaje sobre las escenas, suele estar mejor el trabajo interpretativo, mejor el trabajo de iluminación, porque se hace con más tiempo. Y por eso es tan caro el cine, porque requiere mucho tiempo ese trabajo de profundización.

La canción Ser libre, me pareció un detalle fantástico como broche de oro de todo un gran trabajo, ¿cómo surgió la idea? Sé que es una canción hecha especialmente para la película, ¿cómo surgió, lo tenías claro desde un principio o… siempre hay circunstancias que salen de repente, cómo fue?

Gaizka: [Es uno de esos hallazgos] maravillosos que hay. Había en el montaje otra canción, una canción con derechos, de un autor conocido, que también hablaba de libertad con un tono y tal. Eso lo incluyó el montador y funcionaba, pero yo era consciente que eso tenía un problema de derechos, de costes. La productora me decía que iba a hablar con la propietaria, pero nunca me terminaba de decir, y se acercaba la fecha de tener que terminar la película. Tenía un plan B que era pedir un favor a unos amigos, al grupo Amaral, que en su último disco tienen una canción que es Libre, quiero ser, quiero ser libre, que está muy bien esa canción. Y bueno, como son Amaral, les pido el favor que me cedan la canción para la película y tal, ¿no? A Eva y a Juan. Era una solución. Y es cierto que al final lo hablé con Carmen Cañada, la responsable de todo el sonido, que es compositora también y dijimos, hombre, lo más [fácil] sería encargar a alguien. Y ella me habló de Zarys: Yo conozco a una chica colombiana, que tiene una sensibilidad especial. Me gusta mucho lo que hace. Si quieres hablo con ella a ver cómo podría hacerlo. Estábamos hablando a finales de agosto. Un mes antes de presentar en San Sebastián. Le mandó el tráiler, solamente, que había hecho. Y me mandó, sin conocerla de nada, yo estaba ahí por Alemania de vacaciones con mi familia, con el ordenador trabajando… y me manda una nota de voz a capela, con cuatro notas… y dije, ostras… La canción ya compuesta totalmente, grabada, producida y tal, llevó 10 días hacerla. Y estoy encantado de cómo ha quedado. De hecho, quiero postular, está presentada, pero quiero hacer campaña, para que además pudiéramos estar nominados, como documental, como canción original, porque creo que es de estas canciones que le da un valor a la película, que cierran muy bien una película, tanto por el tono como por la letra. Y yo [la veo] muy humilde, a voz y piano, muy rápidamente producida, pero creo que es un acierto. Y nada, pues es así una historia un poco azarosa. 

En el documental hay que estar muy abierto a lo que te da la realidad. En la ficción sí tienes un guion más férreo qué tienes que producir, tienes que organizar el rodaje en función de eso y tal. En el documental hay que estar más abiertos a los accidentes que si son bien aprovechados puede enriquecer la película y este es uno de ellos. 

No sé si te gustaría decir algo más, señalar alguna cosa, algo que quisieras puntualizar. 

Gaizka: Ya que estamos hablando de México, que fue el país que refugió y donde Luis Buñuel se hizo grande, yo tuve el privilegio de, hace muchos años, de hacer una producción de la Universidad de Guadalajara, un documental sobre Buñuel, El último guión con Jean-Claude Carrière, Juan Luis Buñuel, codirigido con Javier Espada, y Javier vino el otro día a la presentación en Zaragoza en la filmoteca. Y él hizo una referencia de, él siempre lo lleva al terreno de Buñuel, el Jaro, el personaje del Jaro de Navajeros, lo relacionó con esa gran película, que fue iniciática de un género, que sería Los olvidados, hablo de Jaibo, del personaje del Jaibo. No sé si es tan así, pero me gusta ese paralelismo, porque recordar al [maestro] Buñuel que, efectivamente, inició esas películas de los desamparados, en un tono totalmente diferente de Navajeros, pero en la que tiene esa relación, esa mirada sobre la juventud desarraigada, perdedora, como era la que representaba Manzano. 

Me gusta que mi obra tenga esas relaciones: hablamos de Chevrolet que se relaciona con Eloy de la Iglesia. Haber hecho Buñuel, al que yo muchas veces tengo presente en muchas reflexiones. El mayor delito de una película es ser aburrida y ninguna película de Buñuel es aburridas, ni las mías, también espero que no sean aburridas. De hecho, una anécdota: que el propio Rebordinos, el director de San Sebastián, cuando vio la película, me dijo: bueno, hombre, yo le quitaría algo de tiempo; y le dije: ¿y de dónde? Y ya no me dijo nada. Claro, porque dices un documental biográfico de más de 90 [minutos], los documentales de este tipo, más de 80, 90… No hay documentales largos o cortos, sino entretenidos o aburridos. Y este documental tiene un ritmo que hace que no mires el reloj nunca porque siempre está en progresión, siempre está progresión y vas enganchándote con la propia tragedia del personaje. 

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