La escritora uruguaya, Fernanda Trías, recibe nuevamente el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, que ya había recibido en 2021 por su novela, Mugre rosa.
El Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz ha sido convocado desde 1993 por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) con el propósito de rendir homenaje a la voluntad creadora de Sor Juana y reconocer la fuerza intelectual de las mujeres en la literatura hispanoamericana. Este galardón, uno de los más prestigiosos en el ámbito literario en español, se ha consolidado como un espacio de visibilización para la escritura femenina, abriendo paso a nuevas voces y consolidando trayectorias que, desde la ficción, el ensayo o la poesía, dialogan con las problemáticas contemporáneas y las transforman en arte.

Por ser “una novela que se enraíza en la tradición narrativa latinoamericana, reconfigurándola mediante un excepcional punto de vista femenino lleno de hallazgos y matices”, un jurado integrado por Giselle Etcheverry Walker, Patricia Córdova Abundis y Julián Herbert, tras haber examinado y discutido cuidadosamente las postulaciones, decidió por unanimidad conceder el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025 a la escritora uruguaya Fernanda Trías, por su novela El monte de las furias.
Asimismo, el Jurado determinó otorgar una mención honorífica a la escritora argentina Adriana Riva por su novela Ruth, ya que esta obra «aborda con agudeza y sensibilidad los márgenes de la representación literaria de la vejez femenina. Además, desmitifica con luz y ludismo la senectud y la sororidad a través de un personaje entrañable».
El monte de las furias, una obra que “reconfigura la tradición narrativa latinoamericana desde un excepcional punto de vista femenino (…) Es un relato que concilia las genealogías femeninas con la invisibilización del trabajo, la ruina de lo urbano con la añoranza del mundo rural, el gozo de la soledad con la pulsión del deseo”, señaló el acta.
La autora señaló que trabajar con la voz de la montaña (vive desde hace diez años en Bogotá, ciudad rodeada de montaña) “me fue llevando más hacia el lado del mito, porque tenía que ser suprahumana, con esta sensación antiquísima de una subjetividad que ha estado allí un tiempo tan largo, más allá de lo que podemos concebir. Me interesé por los mitos y por darle uno de origen, en el que la montaña reflexiona sobre sus progenitores, sus deseos, etcétera”.

Trías también reconoció su interés en retomar figuras femeninas híbridas de la región andina, como Madremonte o Patasola, “espantos que deambulan por los bosques y generan mucho miedo a los campesinos que las encuentran. Mitos de presencias femeninas, que muchas veces son mitad mujer y mitad bosque o mitad monte”.
Fernanda Trías nació en Uruguay en 1976. Es narradora, traductora y docente. Con traducciones en más de quince lenguas, sus obras incluyen Cuaderno para un solo ojo, La azotea, La ciudad invencible, No soñarás flores y Mugre rosa. Ha recibido reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura (Uruguay, 2020), el Premio Bartolomé Hidalgo de la Crítica (Uruguay, 2021) y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL Guadalajara en 2021.
Al presenciar la entrega del Premio Sor Juana Inés de la Cruz a Fernanda Trías en la FIL Guadalajara 2025, de lo más llamativo fue la serenidad con la que recibió el reconocimiento, algo que ya habíamos presenciado quienes estuvimos en su premiación del 2021. No se trataba de un gesto grandilocuente, sino de una presencia con conciencia del camino recorrido. Su discurso, breve pero intenso, me hizo pensar en cómo la literatura puede ser un espacio de resistencia y de memoria, y en cómo las voces femeninas siguen abriendo grietas en un canon que durante siglos las relegó. La ceremonia no sólo celebraba a una autora, sino también a una tradición que se renueva y se fortalece con cada premio otorgado.
Trías logró conectar con el público: había una mezcla de respeto y cercanía, como si cada palabra estuviera dirigida a quienes la escuchábamos en ese momento, lo que pone de manifiesto la importancia de estos reconocimientos en un contexto latinoamericano donde la literatura escrita por mujeres aún enfrenta resistencias. Verla en el escenario, con la certeza de que su obra trasciende fronteras, me dejó la sensación de que la literatura puede ser un acto de justicia simbólica, un recordatorio de que las historias que nos transforman merecen ser escuchadas y celebradas.
Galería Vagabunda

















Fotos: Lucía Ges


























