El título de la película que se puede traducir literalmente como Arrebato de locura. Se estrenó mundialmente el pasado 14 de octubre a las 15:00 horas en la Sala Tramuntana Meliá del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña, mejor conocido como Sitges, con la presencia del cineasta y miembros del reparto y equipo técnico.
Su director, Karim Ouelhaj irrumpió en la escena cinematográfica con Megalomaniac que en el 2022 ganó, en el propio Festival de Sitges, los premios a Mejor película, Mejor dirección y Mejor actriz (Eline Schumacher), una película de suspenso, sombría y transgresora que tuvo éxito con el público de todo el mundo asiduo a este género, recorriendo más de cincuenta festivales de todo el mundo en los que obtuvo más de 20 galardones.
Su siguiente largometraje es Heat of madness, una pieza que se mueve en ese mismo terreno sumergiendo al público en esos espacios sombríos y despiadados que Ouelhaj domina y con la que busca no solo entretener, sino también desafiar al espectador. Sus películas no son fáciles, ni mucho menos.
Está protagonizada por Olivier Picard en el papel de Scola, personaje que recuerda, o al menos a mí me recordó, un poco (le da un aire), al famoso personaje de Santiago Segura, el policía Torrente, claro que Scola es del otro bando, del formalmente criminal, y sus actitudes resultan poco menos exuberantes y exageradas, por no decir grotescas, pero es un individuo que parece tener un perfil parecido, como si fueran de la misma familia.
Scola, a punto de ser padre, espera dar el gran golpe de su vida con un último atraco, pero tras ser traicionado por sus cómplices, se obnubila con la obsesión de recuperar el botín. Empeñado, además, en una búsqueda de venganza que le conduce a un mundo sobrenatural, Scola conoce a Petite Pomme (Julie Carroll), una figura misteriosa que intenta abrirle los ojos. Perdido en un viaje por carretera que se asemeja al purgatorio, Scola debe decidir si afrontar la realidad o hundirse por completo en la locura. Arrebato de locura explora los límites difusos entre la obsesión, la culpa y la redención en un mundo donde lo real y lo sobrenatural chocan a tal grado que le resultará difícil, al espectador, distinguir uno de otro.

El cineasta comenta sobre su obra que representa un paso importante en su carrera. “Combina una estética visual impactante con una experiencia sensorial totalmente inmersiva; cada fotograma está diseñado como una composición pictórica autónoma. Inspirándose en la historia del arte (Retzsch, Millet, Spilliaert, Magritte) y en el Purgatorio de Dante, la película explora las capas del alma humana, así como nuestros viajes personales y psicológicos. Aunque visualmente ambiciosa, Heat of madness resulta accesible, ofreciendo al espectador una experiencia cinematográfica intensa, inmersiva y de gran resonancia emocional.”
Efectivamente, la película es visual y estéticamente poderosa, atractiva, con unos planos abiertos muy cuidados, de una belleza, paradójicamente, que salta a la vista. Esa contraposición de la belleza visual con la violencia que no escasea, hacen de Arrebato de locura una película muy interesante, y aunque la trama da vueltas como la cabeza de una persona que ha perdido la razón y es posible que el público no termine de entender que fue real y que onírico o producto de un delirio psicopatológico, el resultado final es una pieza entretenida con una experiencia visual más que destacable.
En el entendido de que estamos frente a una película de suspenso, acción, ficción, que no necesariamente es muy realista, aunque sin alejarse tanto de ésta, el guion es redondo, está bien escrito y si no es claro es porque quiere poner a prueba la perspicacia de su audiencia. El personaje delirante de Julie Carroll, en principio bizarro y un tanto grotesco, termina aportando a la historia todo el sentido que no se encontrará en otro lado.
La película no es linea ni en cuanto al tiempo ni en cuanto al espacio ni a la lógica. Salta, no sólo de un momento a otro, sino que también de un lugar a otro y de la cordura a la locura y de cualquier de estas dos a lo onírico, siendo la realidad la parte más extraña con la que nos vamos a encontrar, al grado de que la vamos a desconocer cuando aparezca.
Conforme pase el tiempo la película se irá volviendo cada vez más surrealistas, pero llegando a su cenit empezará a descender lentamente hacía la lógica, sin acabar de aterrizar en ella nunca. Hay chispazos cómicos que, gracias a no caer en la exageración ni en el abuso, el director hace que funcionen bastante bien y le den cierta frescura a las secuencias. Los interludios de acción y violencia, están muy bien trabajados, me gusta que Scola no sea un tipo de medias tintas, por el contrario, dentro de tanta distorsión lo tiene todo muy claro y va a lo que va, sin rodeos.
Llega un momento en que la parte argumentativa cede un amplio espacio a la visual y es allí donde entra el punto fuerte de la obra de Ouelhaj que empieza a deslizarse suavemente frente a nuestros ojos, no así en nuestra mente. Hay, por ejemplo, alguna escena de Petite Pomme corriendo por un camino que se encuentra en medio de dos simétricos campos de cultivo que es simplemente magnífica.
La producción corre a cargo de Florence Saâdi y Karim Ouelhaj a través de su productora, OKAYSS. Las ventas internacionales son gestionadas por Justyna Koronkiewicz, de Media Movie.






























