La película El ladrón de perros, escrita y dirigida por el cineasta chileno Vinko Tomičić tuvo su estreno mundial en la 23 edición del Tribeca Film Festival el 6 de junio del 2024, luego, a lo largo de estos años, ha pasado por importantes festivales de cine como: el Festival de Málaga de cine español, donde ganó la Biznaga de Oro a Mejor Película Iberoamericana en la edición del año pasado (2025); Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (Argentina) y Festival Internacional de Cine de Guadalajara (México) 2024, entre muchos otros. Fue candidata a los Goya por Bolivia y nominada a Mejor película Latinoamericana en los Premios Forqué. Ahora llega a cines españoles, a partir de este 18 de septiembre.

El largometraje sigue la vida de Martín (Franklin Aro), un joven huérfano limpiabotas que trabaja en las calles y plazas de La Paz (Bolivia) mientras lidia con un conflicto existencial que le quita la tranquilidad. Su rutina cambia cuando encuentra la manera de trabajar cerca de un sastre pequeño burgués (Alfredo Castro) que piensa que podría estar conectado con su pasado, ya que su madre había trabajado para él. Impulsado por la necesidad de saber quién es y de construir una identidad propia, el adolescente toma decisiones cada vez más arriesgadas que lo enfrentan a dilemas morales y a la dura realidad que lo rodea.

El director ha dicho sobre su personaje principal que: “Martín, desde su situación de huérfano, está dispuesto a hacer cualquier cosa para revertirla cuando el tiempo se agota para que pueda formalizarse una adopción debido a su edad. Desde ese punto de partida empecé a trabajar con el tema de la adopción. Todos podemos imaginar lo complicado y duro que puede ser vivir en esa situación, crecer sin una familia y sentirse a la deriva. Pero mi interés nunca fue retratar ni criticar el sistema legal de adopción, sino el mundo interior de ese joven, mostrar las repercusiones de ese vacío interior que solo desea un poco de amor.

El filme tiene muchas virtudes que lo hacen muy recomendable. Uno de los más significativos es que el director, con su cámara siempre ven bien posicionada y generosos planos abiertos, algunos panorámicos, nos dará una probada, pequeña pero sustanciosa, de la ciudad La Paz, Bolivia. Mostrando desde sus plazas monumentales, sus calles coloniales, bastante descuidadas algunas, pero de una belleza histórica inmutable, sus cuestas infinitas, hasta un pequeño paseo por el característico teleférico por el que llega uno a El Alto, una ciudad vecina a 4000 metros de altura, corazón de la movilización social boliviana, famosa por impresionante tianguis comercial que alberga de jueves a domingo y por la lucha libre protagonizada por las cholitas, que se ha convertido en un espectáculo imperdible para locales y visitantes.  

Considerar la ciudad como un personaje me parece un halago; me encantaría que alguien sintiera eso al verla. Me gusta pensar que la ciudad y el universo visual que rodea la historia no son personajes separados, sino parte de un todo o incluso una extensión de los sentimientos de los personajes y de lo que ocurre en la historia.” Dijo Tomičić.

En una de las primeras secuencias Martín le limpia las botas al sastre pequeño burgués, parece ser su cliente habitual, quien lleva con él, sujeto a una cadena, un formidable perro de raza Pastor Alemán que casi le respira en la boca a Martín. Cuando éste termina de lustrar los zapatos del sastre. Voltea a ver al animalón, que por mucho está mejor alimentado que el adolescente y decide preguntar al hombre si no tendrá de casualidad algo que darle de comer. Martín no ha probado bocado en todo el día, a pesar de que ya ha ido a la escuela e inmediatamente después se ha puesto a trabajar. Supongo, una impresión muy personal que me dio la escena que comento, que el muchacho piensa que si alguien puede mantener un perro de esas características, quizás también tenga algo de comida para compartir con él.

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Otro aspecto que me ha gustado de la película es que refleja con mucha sobriedad, pero con igual claridad, los distintos tipos de discriminación que jovenes en las condiciones de Martín viven en Bolivia, desde el acoso por sus propios compañeros de escuela, hasta el clasismo y racismo más profundos de la propia sociedad boliviana.

Algo “curioso”, por llamarlo de alguna manera, que muestra el filme es que los limpiabotas en Bolivia usan pasamontañas, en alguna entrevista que le hicieron al director dijo que esa fue una situación que le llamó mucho la atención y que es practicada para mantener en secreto la identidad de los jovenes que se dedican a este oficio, tenerlos a salvo del acoso discriminador de sus congéneres:

Hacia los años cuarenta, el gobierno boliviano empezó a castigar a los migrantes del campo que llegaban a trabajar a la ciudad como limpiabotas. Como medida de protección para evitar ser detenidos e identificados, empezaron a cubrirse el rostro con un pasamontañas y, además, también les servía para evitar la discriminación que sufrían a diario por parte de una sociedad urbana que mantenía una fuerte brecha social con la clase campesina. Con los años, el pasamontañas se convirtió en un símbolo del oficio. Aunque muchos todavía lo usan para evitar la discriminación, muchos otros lo llevan con orgullo.

Las actuaciones son bastante buenas, la de Alfredo Castro, sobresaliente. Da la impresión que es el faro que ayudó al protagonista, Franklin Aro, quien es debutante, a orientarse durante su ingente participación en el largometraje, independientemente del trabajo de dirección de actores que también es otro punto a destacar. Tomando eso en consideración, la poca experiencia de Aro, me parece que su actuación es bastante buena en lo general, salvo por alguna escena en la que no consigue darle enfoque y ritmo requerido a su dramatización. 

Otra punto relevante es la fotografía que, además de captar la poco convencional belleza de la ciudad, como ya se había mencionada, también ha sido capaz de reflejar, con mucho arte y sin ningún tipo de sensacionalismo, las situaciones de pobreza y precariedad que muchas veces pasan desapercibidas y/o son invisibilizadas en otros tipos de grabaciones audio visuales de las que es sujeta, en este caso, La Paz, pero que puede ser casi cualquier otra ciudad del mundo, en donde, quizás en otras proporciones, la pobreza tiende a esconderse para que nadie la vea.

Por todas estas razones y muchas más (como dice la canción), sobra decir que merece mucho la pena buscar en que cines (en España) estará a partir del 18 de septiembre El ladrón de perros.

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