Fotograma de la película

Ithaqua es una película canadiense dirigida por Casey Walker que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Sudbury y fue proyectada en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña (Sitges), dentro de la programación de su sección Panorama.

El filme se sitúa en mediados del XIX en una región de Canadá donde destaca el crudo invierno que suele azotar esa región, la naturaleza salvaje canadiense y el comercio de pieles que comienza a colapsar, a pesar de que muchos las siguen utilizando para paliar los efectos del frío intenso. 

Los aislados habitantes de un remoto puesto comercial contratan a Cole Franklin (Luke Hemsworth) un mercenario gringo atormentado por su pasado para investigar el silencio que se ha cernido sobre un asentamiento indígena cercano. Lo que descubre es una escena de terror inimaginable y la abrumadora sensación de que algo antiguo y antinatural aún persiste en la inmensidad del bosque.

El miedo se extiende por Fort William y una presencia invisible comienza a apoderarse de la comunidad. La paranoia, el hambre y la violencia asolan al aislado grupo, enfrentando a vecinos contra vecinos a medida que la razón sucumbe frente a la locura. Con el fuerte sumido en el caos y la supervivencia pendiendo de un hilo, Cole deberá recurrir a su experiencia militar para liderar a un grupo de supervivientes desesperados contra una fuerza difícil de comprender, e incluso de la que no se puede escapar fácilmente.

Ithaqua es una historia inquietante de aislamiento y terror psicológico, un filme de supervivencia del director Casey Walker (The Void, In a Violent Nature ), quien tuvo un extraordinario viaje de doce años para llevar la película a la pantalla. Está protagonizada por Luke Hemsworth, Kevin Durand, Craig Lauzon, Leenah Robinson y Michael Pitt, cuyas participaciones son, en lo general, bastante buenas.

La gran virtud de la película es la fotografía que tiene como protagonista principal la impresionante naturaleza canadiense y su temible clima invernal, que proporciona unas postales en blanco y verde de magnifica estética.

La historia es también bastante sólida y llega a plantear circunstancias secundarias narrativamente hablando, pero de primordial interés para el análisis del espectador, como por ejemplo la histórica explotación que el ser humano ejerce sobre la naturaleza, que nos lleva a la pregunta de ¿hasta dónde ésta ha sido necesaria y hasta dónde se convirtió en un abuso que iba más allá de sobrevivencia? Pienso, por ejemplo, en el uso de las pieles de animales que tanto nativos como colonos utilizaban para protegerse del frío ¿Qué habría sido de los habitantes de esas y otras regiones de climas parecidos, en aquella época de difícil acceso a otros materiales (veganos), sino hubiese sido por la utilización de pieles de origen animal para paliar este tormento del clima extremo? ¿En que momento pasamos de eso a usarlo como simple ornamento de ostentación y lujo, como los carísimos abrigos de piel y zapatos cuyo único objetivo es la moda, que hoy en día se utilizan a costa de otras especies con el que compartimos este planeta?

Lo mismo podríamos pensar respecto del consumo de carne, ¿en que momento o circunstancia pasa de ser un recurso para sobrevivir a una industria que acaba, no sólo con los propios animales, sino con el planeta entero por las afectaciones climáticas y consumo de agua, tierra y vegetación que genera?

Esto no parece ser un planteamiento que quede demasiado alejado de la trama principal, en donde se mostrarán algunos extremos de está situación, primero unas circunstancias inhóspitas en donde para sobrevivir hay que matar determinados animales, dado que de otra forma no seria posible la pervivencia propia, porque el clima difícilmente permite la existencia de alimento no animal y el poco que exista es de difícil recolección por esta misma circunstancia climática. ¿Hasta donde los animalistas y antiespecistas estarían dispuestos a morir, en estas peculiares circunstancias antes de matar y comer animales?

En la película llegaremos al canibalismo y surge otra pregunta, si bajo la premisa anterior, puede ser moralmente correcto, o al menos justificable, comer carne animal de especies no humanas en nombre de la supervivencia personal y de tribu o grupo, ¿hasta donde, esa misma prerrogativa sirve para justificar el canibalismo? Es decir, si comer carne animal puede ser justificable en determinados casos, incluso por personas que encuentran en esta práctica una conducta deplorable, ¿hay circunstancias en las que comernos los unos a los otros podría ser entendible? Pensemos en los sobredientes de Los Andes o en las propias circunstancias que platea Ithaqua.

Y no es que trate de igualar las dos situaciones, como sí lo haría un antiespecista y lo debería de hacer (en coherencia) un animalista (que tienen un argumento más cómodo y poco sostenible), para mí, dado mi origen indígena y no blanco, existe una gran diferencia entre matar a un conejo o una gallina y matar a un vecino humano, pero argumentativamente, esa diferencia parece difuminarse.

Otro planteamiento interesante que deja la película es que, aunque los gringos siguen siendo los más buenos del mundo (según hollywoodienses y afiliadas), en Ithaqua las comunidades originales ya no son las malas, sino que, por fin, ese rol pasa a ser ocupado por los colonos y las autoridades colonizadoras o coloniales.

Por estas y muchas otras razones, no pierdas la oportunidad de ver Ithaqua de Casey Walker, cuando te la encuentres por allí en cartelera, si eso llegara a pasar; o, de perdida, en alguna plataforma. 

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