Galardonada con el Teddy Award en la pasada Berlinale y la Biznaga de Plata (Premio Especial del Jurado) y el Premio al Mejor Guion en el Festival de Málaga, y oportunamente programada por el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva en colaboración con la Academia del Cine de Andalucía para celebrar el Día del Cine, “Iván & Hadoum” aborda un tema que, a lo largo de su historia de 131 años, el invento técnico de Thomas A. Edison, narrativamente inaugurado por los hermanos Lumière, ha venido tratando en ocasiones innumerables y de diversas maneras, regularmente con notable éxito.
En el presente caso el marco geográfico es el sur español y los afortunados padecedores de la coyuntura amorosa son los personajes cuyo nombre figura en el título del filme. Dos parias laborales, trabajador y trabajadora de una empresa envasoexportadora de productos hortofrutícolas localizada en Almería, en medio del amplio paisaje de playas y espacios abiertos; todo un contraste con las condiciones laborales de quienes, en su mayoría mujeres, se ganan aquí malamente la vida.
Los valores de la propuesta no son pocos. Puede afirmarse que en élla nada es superfluo. En el territorio de lo narrativo, la virtud principal descansa en la acertada y medida insercción de la trama dentro de una situación gremial que en nada difiere del estado de cosas existente en la industria agroexportadora real, laboralmente caracterizada por un duro trabajo en cadena precariamente remunerado y sujeto temporalmente a la época de las cosechas, cuya mano de obra procede, fundamentalmente, de personas del entorno, a su vez, determinado por la mistificación: familias de origen español emigradas a Marruecos y viceversa. En este marco narrativo, la “pureza de sangre” de Iván es incuestionable. Por su parte, nacida en España, Hadoum es hija de padres marroquíes actualmente en territorio español, lo que la hace partícipe de ambas culturas. Sin embargo, a ojos de su entorno laboral y social, Hadoum es una “mora”. Este será el principal obstáculo pretextado por ambas familias para no aprobar su relación sentimental. Se juntan así, xenofobia, racismo y precariedad económica, secular cóctel explosivo que tanta desgracia ha procurado y sigue proporcionando a la humanidad. Un general estado de cosas, al cual no es ajena la lucha de clases, planea a lo largo del filme dotándolo de una entidad poderosa, plena de reverberantes ecos y sutilezas, entre los que tampoco falta el humor. A su desarrollo, suman todos los demás elementos: desde la elección de los protagonistas (magníficos y precisos, Chicón y Herminia Loh) y personajes principales hasta el último integrante del numeroso elenco, de edades y tipologías humanas diversas, cuya eficaz presencia en escena revela la notable capacidad del máximo responsable de la propuesta para la dirección de intérpretes, muchos de ellos tan ajenos al mundo del cine como implicados en la cadena de trabajo, dando origen a una no menos notable verosimilitud.
Son muchos los detalles que hacen de “Iván & Hadoum” una lograda película, sin duda merecedora de más consideraciones. Sin embargo, en el ánimo de no ser exhaustivos, cabe concluir afirmando que en su modelo de producción tampoco pasa inadvertida la correspondencia entre la bondad de los resultados narrativos y la concepción de lo financiero, con la participación de tres grandes productoras -de España, Alemania y Bélgica-, además de diversas cadenas de televisión internacionales, así como numerosos organismos estatales, autonómicos, provinciales y locales. En definitva, no resulta exagerado colegir que estamos ante una opera prima madura, llena de sabiduría narrativa, a lo que así mismo contribuyen el tratamiento fotográfico de Beatriz Sastre y la música de Alba Guni. Con esta magnífica y estimulante película, su director, Ian de la Rosa, además de ser un cineasta sensible y de poderosa mirada, demuestra poseer el talento de haber sabido rodearse de una adecuada compañía de viaje.




























