El Cantábrico amanece con ese gris elegante que solo Donostia sabe lucir, anunciando que la fiesta del séptimo arte ya está aquí. La 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián despliega sus alfombras rojas y la ciudad se transforma de inmediato en un plató a cielo abierto.
Desde las primeras horas de la mañana, el bullicio alrededor del Hotel María Cristina y del Kursaal delata el ambiente febril de la jornada inaugural. Aficionados, periodistas y curiosos se agolpan tras las vallas buscando la primera instantánea o el saludo de las estrellas que van desembarcando. Se respira ese aroma inconfundible que mezcla la brisa marina con el glamour y el crujido del celuloide.
El homenaje a un gigante: la consagración de Herzog
El punto álgido y más emocionante de la noche llega con el reconocimiento a un auténtico mito del cine. El actor Orlando Bloom —quien protagoniza Bucking Fastard, el proyecto más reciente del cineasta— sube al escenario para hacerle entrega del prestigioso Premio Donostia. Bloom no escatima en elogios al calificar al director alemán como una «fuerza de la naturaleza» y un creador incansable que concibe el cine como una aventura pura y sin juicios.

A sus 84 años, Werner Herzog demuestra que el paso del tiempo no ha mellado un ápice de su espíritu rebelde. Lejos de refugiarse en la nostalgia, aclara con contundencia que este galardón honorífico no es una despedida: «No quiero mirar atrás por recibir un premio, el lunes vuelvo al trabajo», deja caer ante la sonrisa cómplice del auditorio.
Con el público del Kursaal en pie envolviéndolo en una ovación atronadora, Herzog conecta su mirada con la tradición vasca, recordando sus rodajes pasados y comparando su oficio con la métrica libre de los bertsolaris: «Me siento parte de la comunidad vasca y recibo este premio de un pueblo de poesía». Además, fiel a su estilo lúcido y provocador, lanza un sabio consejo que resuena con fuerza en la sala: «No viváis una vida dictada por algoritmos».
Otros momentos cumbre de la gala
- Arranque en la pantalla grande: La proyección inaugural da el pistoletazo de salida a la Sección Oficial con el estreno de Ghost Song (Geister), del cineasta germano-turco Fatih Akin. Ghost Song (Geister): Cuenta la historia de Farasha y Faris, dos jóvenes de 20 años que se enamoran a primera vista en una fiesta de graduación. Sin embargo, esa misma noche Farasha muere trágicamente. Negándose a separarse de su amor, la joven descubre un modo de cruzar la frontera entre mundos y reencontrarse con Faris en sus sueños durante exactamente 40 noches. A lo largo de ese tiempo delimitado, su historia de amor sigue creciendo sabiendo que la última noche marcará la despedida definitiva.
- El fin de una era: La velada deja también un regusto de nostálgica gratitud, al tratarse de la última edición bajo la dirección de José Luis Rebordinos tras más de quince años liderando el Zinemaldia, antes de ceder el testigo a Maialen Beloki.
- Del Kursaal al pintxo: Tras los aplausos y las luces del auditorio de Moneo, la celebración se traslada de inmediato al Casco Viejo. Entre sidras, chacolí y una inacabable barra de pintxos, cineastas, jurados y espectadores comentan las primeras impresiones de la noche. Donostia vuelve a demostrar que no hay un marco mejor para celebrar la pasión por las historias bien contadas.




























