Fotograma de la película

Desde la primera escena en que aparece el personaje de Marcelo, interpretado por Warner Maura, conduciendo un Volkswagen sedán amarillo, conocido en México como “vocho”, mientras llega a la ciudad de Recife, la película se percibe como una historia atrapante. Desde ese momento el espectador es introducido en una atmósfera de intriga que combina tensión política, memoria histórica y un poderoso lenguaje visual.

La película se divide en varias partes narrativas. La primera, titulada “La pesadilla del chico”, transcurre en el Brasil de 1977. La película alcanza un logro visual fascinante al recrear las ciudades brasileñas de aquellos años, tales como Sao Paulo, Pernambuco, Brasilia, Fortaleza, Salvador de Bahía y la mencionada Recife.

La parte 2 titulada “Instituto de identificación”, nos adentra más en la historia del personaje, ya que la película da varios brincos en el tiempo, esta parte es importante para atrapar al espectador sobre la primicia de la labor como agente secreto, muy lejos de las series detectivescas de Netflix de hoy en día que se han vuelto muy predecibles. Al contrario, en esta parte se puede observar a Marcelo como un profesor, académico e investgador, que pertenece a una universidad pública y que va a tener fuertes contratiempos contra el poder empresarial y corporativo que busca la explotación del litio brasileño, para la empresa Eletrobras, por lo que su postura, lo mete en grandes problemas pone en riesgo su vida y la de los suyos.

La parte 3 es «La memoria» es en la que se cierra el conflicto político del filme. El nombre apela al «no olvidar» para que no vuelvan a suceder acontecimientos derivados de pugnas ideológicas que terminan por arrasar en la vida cotidiana de quienes increpan al poder. Memoria como acto de resistencia, esa es la apuesta de la película. En esta parte se enlaza la historia personal del protagonista con la memoria colectiva de un país marcado por la violencia y la desaparición.

Otro de los elementos destacables de la película es el tratamiento de la investigación policial y periodística, que se construye a partir de archivos, documentos y testimonios de historia oral. Este enfoque aporta verosimilitud a la trama y refuerza el carácter político de la historia, en donde la memoria y los registros del pasado se convierten en piezas clave para comprender la conspiración. En este punto es interesante señalar que la madre de Kleber Mendonça Filho, Joselice Jucá, fue historiadora y su trabajo influyó profundamente en la visión del director. Ella investigó figuras clave del abolicionismo brasileño y trabajó en la Fundación Joaquim Nabuco, donde dejó un legado académico que Mendonça reconoce como parte esencial de su formación. Kleber ha declarado que el trabajo de su madre impacta hasta hoy en lo que hace en el cine, especialmente en su interés por la memoria, la historia social y las tensiones políticas de Brasil.

Y también, la cinta es un homenaje al cine de finales de los años 70 y principios de los 80, ya que hace grandes alusiones a película como Tiburón, La profecía y King Kong, grandes claíscos cinematográficos  estadounidenses que tuvieron mucho eco en Latinoamérica por aquella época.

Sinopsis: En 1977, durante la dictadura militar brasileña, Marcelo, un profesor que huye de un pasado turbulento, regresa huyendo a la ciudad de Recife, donde espera construir una nueva vida y reencontrarse con su hijo. Pero pronto se da cuenta de que la ciudad está lejos de ser el refugio que busca, que las fuerzas gubernamentales le persiguen y las amenazas de muerte se ciernen sobre él. (FILMAFFINITY).

Kleber Mendonça Filho: Nació en 1968 en Recife (Brasil) y se licenció en Periodismo por la Universidad Federal de Pernambuco. Fue responsable de la sección de cine de la Fundación Joaquim Nabuco durante 18 años y escribió para el ‘Jornal do Commercio’ en su ciudad natal, entre otros medios. Es director artístico del festival Janela Internacional de Cinema do Recife y curador jefe de Cine del Instituto Moreira Salles. Sus cortometrajes (‘A Menina do Algodão’, ‘Vinil Verde’, ‘Eletrodoméstica’ y ‘Recife Frio’) han cosechado más de un centenar de premios internacionales. En 2012 se alzó con el premio Fipresci en el Festival de Róterdam con su primer largometraje, ‘Sonidos de barrio’, que fue candidato por Brasil a los Óscar. Su segundo largo, ‘Aquarius (Doña Clara)’ (2016), se estrenó en Cannes y participó en la Sección Oficial de Seminci, y en 2018 codirigió y coescribió, junto a Juliano Dornelles, ‘Bacurau’, Premio del Jurado en Cannes, festival donde en 2023 estrenó como proyección especial ‘Retratos fantasmas’, que se alzó con el segundo premio de tiempo de Historia en Seminci y representó a Brasil en la carrera por el Óscar. Con ‘Agente secreto’ (2025) conquistó el premio al mejor director en Cannes, además del Fipresci y el galardón al mejor actor para Wagner Moura.

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