¿Tú sabes por qué llamamos a la emasculación Nirvana? Pregunta la guía espiritual a Pirati, quien parece no tener muy fresca la respuesta y se le pide a una tercera persona que se lo recuerde:

Nuestras viejas almas mueren y nosotras renacemos gracias al poder de Bahuchara.

Las comunidades Kinnar en el sur de Asia, son comunidades de personas del tercer género, no binarias, que viven, aparentemente, integradas a las sociedades en esos países. Tienen una base profundamente religiosa con una gurú o guía espiritual que conduce todos los aspectos de sus vidas. Se organizan en familias elegidas, construidas por relaciones madre-hija(s) que siguen una lógica distinta a la convencional de la sangre, la del apoyo mutuo. Hacen un voto de castidad para servir y proteger a esa familia atípica; aunque, paradójicamente, la marginación social de la que se ven afectadas muchas veces las termina orillando a la prostitución, al no tener muchas alternativas de ejercicio de actividades económica. Viven intensamente su vida espiritual, puesto que el hinduismo reconoce a ese tercer género (ni hombre ni mujer) y le rezan principalmente a Bahuchara diosa de la fertilidad y la castidad.

El largometraje Elefantes en la niebla, de Abinash Bikram Shah, ubica el desarrollo de la historia que nos quiere contar en una comunidad Kinnar. La película tuvo su estreno mundial el pasado 20 de mayo en la sección Un Certain Regard del Festival Internacional de Cine de Cannes, competencia en la que ganó el Premio del Jurado.

La trama transcurre en una remota aldea nepalí, enclavada en lo profundo del bosque, Pirati (Puspa Thing Lama) lidera una comunidad de mujeres Kinnar, venerada y temida por su supuesto poder para bendecir o maldecir. El pueblo vive con el temor de ser atacados por los elefantes salvajes que habitan el bosque por lo que los aldeanos se ven obligados a realizar patrullajes nocturnos para proteger sus cultivos y hogares. La familia de Pirati ofrece a un miembro cada noche para colaborar en estas labores.

La familia de Pirati esta integrada por ella y tres hijas putativas: Apsara (Aliz Ghimire), Joon (Sahab Din Miya) y Chameli (Jasmin Bishwokarma). A pesar del sagrado voto de castidad, Pirati sueña con escapar con un hombre del que se encuentra enamorada, que es conocido como el Maestro de los Tambores (Aashant Sharma), lo que implicaría no sólo romper ese voto, sino que también tendría que romper de plano con la familia kinnar que se ha conformado como un acto de resistencia a la sociedad convencional, intolerante.

Pero cuando Apsara, la más rebelde de sus hijas, desaparece durante una patrulla nocturna y la policía parece no hacer caso a la investigación de su paradero, Pirati no tiene más remedio que investigar por su cuenta. A medida que el misterio se desvela, Pirati despierta peligrosas tensiones que se mantenían hasta entonces subyacentes en la comunidad, entre la aldea y su familia kinnar, lo que activa la más cruel discriminación, hasta entonces pasiva, hacía ellas.

Still de la película Elefantes en la Niebla

En este sentido, al parecer, las familias kinnar viven una dualidad de amor y odio dentro de las aldeas en las que conviven con la sociedad convencional. Por un lado, son respetadas porque existe una generalizada creencia de que las kinnar tienen dones espirituales y de conexiones efectivas con las divinidades. De hecho, una jefa de policía accederá a ayudar a Pirati, en un principio, a cambio de que le haga un tipo de ritual y se vea favorecida (en algo que no me quedo muy claro, al parecer relativo a la fertilidad) por los dioses.

Por otro lado, la condición atípica de la no binariedad, frente a una sociedad que se vio afectada ideológicamente, en cierto grado, por la colonización sufrida, de la que subsisten prejuicios occidentales insertados, hace que los aldeanos sientan, al mismo tiempo, repudio por estas mujeres. Porque debe decirse, aclarare, que desde tiempos remotos la religión hinduista dio pauta o de alguna manera contempló la integración de las integrantes del tercer género, que aunque casi todas eran de origen esclavo, eran respetadas (dentro de lo que cabe) y en algunos casos lograron ascender socialmente. Fue hasta la llegada de los ingleses, durante la colonia, que las kinnar empezaron a ser perseguidas por su condición, atípica para los ojos de los anglosajones, que incluso la consideraban obscena e ignominiosa.

Still de la película Elefantes en la Niebla

Respecto a las comunidades Kinnar modernas el director Abinash Bikram Shah en alguna entrevista dijo que:

También me atrajo la contradicción de su lugar dentro de la sociedad del sur de Asia. A menudo son marginadas, pero a la vez invitadas a espacios íntimos como figuras espirituales cuyas bendiciones se cree que traen fortuna y cuyas maldiciones se temen. Esa tensión entre el rechazo y la dependencia me pareció profundamente humana.
Al acercarme a la comunidad, la confianza debía priorizarse sobre la realización cinematográfica. Durante demasiado tiempo, el cine nepalí ha reducido a la comunidad kinnar a caricaturas simplistas, como alivios cómicos o estereotipos hipersexualizados. Estaba decidido a no traicionar su confianza encasillándolos en esos moldes estrechos. Ganarme esa confianza significaba simplemente estar presente: escuchar, aprender y reconocer que sus vidas no pueden reducirse a símbolos sociales. Quería retratarlos en toda su plenitud, con sus imperfecciones y su belleza, con su humor, su ternura, sus defectos y su ira
.”

La película tiene una fotografía magnifica. Sabe captar la belleza profunda del entorno natural, pero al mismo tiempo, logra introducir al espectador en los interiores, apegados, me imagino (porque nunca he estado), a la originalidad de aquellas aldeas nepalies, sin perder una impronta estética, basada en el uso de colores sobrios pero intensos, muy cercanos a lo que sería unos elefantes en la niebla, grises, verdes y azules opacos.

No obstante, desde mi punto de vista, la gran virtud del filme está en su guion. Un guion que se nota que ha sido trabajado a profundidad, que no deja cabos sueltos ni toma atajos, que sostiene una historia compleja y que se da el lujo de complejizarla a placer, cada vez más, sin perder nunca la credibilidad, ni caer en el ocio o la exageración, dada esa coherencia trabajada que lo caracteriza. La historia dará un vuelco inesperado en el argumento, en el último cuarto del largometraje, que me pareció fantástico. Al igual que el final místico o de realismo mágico nepalí que hacen de Elefantes en la niebla una obra que merece ser vista.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí