Foto: Vagabunda Mx

Iniciamos nuestra segunda entrega de crónicas viajeras vinculadas, esta vez el destino es España. Nuestras crónicas de viaje españolas iniciarán a la inversa de como lo hicimos con Chile, donde arrancamos con su capital, Santiago, y terminamos en el punto más extremo del recorrido: Chiloé. Con España, primero recorreremos el interior y concluiremos con Madrid.

Durante toda nuestra estancia en España, Madrid fue nuestro destino base y de allí planeábamos nuestras visitas al interior. Claro que también se puede planificar un viaje de tal manera que sea mucho más itinerante. Nosotros te contaremos cómo lo hicimos. Partimos de Madrid a Segovia en autobús. La distancia es relativamente breve, alrededor de una hora y treinta minutos, con una excelente oferta en horarios.

Segovia es una de esas ciudades que te seduce a través de su piedra y de su cielo. Desde que llegas te encuentras con una ciudad color marrón. Es la capital de Castilla y León, y sin duda, una de las más bonitas, parece una postal en sepia, solo que viva y en tiempo real.

Caminas por calles amplias que cada vez te preparan para enmarcar al protagonista del fondo: su célebre Acueducto romano, de quien hemos hecho una estrada especial: el misterioso Acueducto de Segovia. Tiene 15 km de longitud para traer el agua del manantial de Fuenfría, la pendiente durante todo el recorrido es del 1% y la altura máxima es de 28 metros cuando llega a Segovia, más 6 metros de cimientos. Su construcción data de principios del siglo II d. C., a finales del reinado del emperador Trajano o principios del de Adriano. La parte más visible es la arquería que cruza la plaza del Azoguejo, que suele ser el punto de arranque de los visitantes, así como un espacio donde existen varios restaurantes y cafés.

Comenzamos a recorrer las calles segovianas, apreciando el tallado en piedra que tienen muchas de las construcciones que pertenecen a La Judería, barrio en que vivieron los judíos antes de su expulsión por los Reyes Católicos en 1942. Dentro de los lugares más destacados, están la sinagoga mayor, que es el actual convento del Corpus Christi y la Puerta de San Andrés, el Centro Didáctico y también el cementerio judío. Hay guías que te ofrecen un recorrido por estos sitios, con entradas a los más importantes, o puedes hacerlo por tu cuenta, como lo hicimos nosotros.

El corazón de Segovia es su Plaza Mayor o plaza de la Constitución en la que se encuentran algunos monumentos como el ábside de la catedral, el Teatro Juan Bravo o la casa consistorial.  Fue conocida históricamente como plaza de San Miguel, en referencia a la primitiva iglesia de San Miguel que ocupaba originalmente parte del espacio de la actual plaza. El templo fue demolido en 1532 y se reconstruyó a unos metros de distancia para permitir el ensanche de la actual Plaza Mayor.

También es el lugar en el que Isabel la Católica fue proclamada reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474. En la fachada de la actual Iglesia de San Miguel, ubicada a escasos metros de donde se encontraba el templo original, una placa recuerda aquel momento, que concluyó con la nueva reina desplazándose a caballo hasta el Alcázar, donde fue recibida por el alcaide Andrés de Cabrera, que le hizo entrega simbólica de la fortaleza que hasta entonces había sido la residencia habitual del rey.

Isabel tuvo una relación muy estrecha con esta ciudad, tanto antes de ser proclamada reina como en sus estancias posteriores ya como monarca, como lo veremos cuando hablemos de el Alcázar segoviano.

Tras visitar la iglesia y estar un rato sentados en las bancas de su plaza central, continuamos caminando. Tomamos un refrigerio en uno de los múltiples localitos que se encuentran entre las calles, donde disfrutamos de un vino tinto caliente y un ponche segoviano, un postre típico que los invitamos probar.

Ya era cerca de mediodía cuando hicimos una de las escalas esenciales de la ciudad: el Alcázar, que junto a su Acueducto, son los símbolos segovianos. El Alcázar captura tu mirada desde que ves a lo lejos su emblemática Torre del Homenaje, que es el principal elemento que le da su toque de castillo de cuento de hadas. Incluso hay quien supone que Walt Disney lo usó como inspiración para algunos de los castillos más famosos del universo Disney, Blancanieves y Cenicienta.

Por otra parte, Orson Wells lo utilizó en “Campanadas de media noche”, y algunas estancias del interior del palacio han  aparecido en series españolas de televisión como Isabel y Águila Roja.

Si rastreamos un poco en su historia obtenemos que “es probable que la fortificación existiese ya en tiempos de la dominación romana, pues se han encontrado sillares de granito análogos a los del Acueducto. Entre 1124 y 1139, se registran en los archivos históricos las palabras “castillo de Segovia” y “Alcaçar”, término que alude a su condición de fortaleza y residencia regia y que llegará hasta nuestros días. El rey Alfonso X “el Sabio” convocó Cortes en 1256, las primeras que tuvieron lugar en el Alcázar”.

Como ya mencionamos, el Alcázar tuvo un papel importante en la vida de Isabel la Católica previo a su coronación, y más tarde, en la de los reyes castellanos:

“…Majestuoso y señorial, dominando el entorno desde lo más alto del cerro que rodea la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, el Alcázar fue una de las residencias predilectas de los reyes castellanos durante toda la Edad Media. Desde su construcción en el siglo XII hasta que Felipe II instaló la Corte en Madrid en 1561 fue residencia real, y en sus dependencias se han vivido momentos decisivos de la historia (…). (Fuente: Diario de Burgos)

Vista desde el Alcázar

Tardamos un par de horas en recorrerlo, pues además de ser muy grande, tiene una vistas impresionantes, de modo que puedes quedarte contemplando cada recoveco en su interior, sus obras o a través de sus ventanales. Así que recomedamos destinar un tiempo razonable a su recorrido.

Lo que debes tener en cuenta tras salir del Alcázar es tener previamente identificado un sitio para comer, pues si algo da tras pasear por el Alcázar, además de ganas de conocer más de la historia segoviana, es hambre. Por ello, nosotros tomamos nuestro refrigerio previo a entrar al castillo, para con calma regresar sobre nuestros pasos y tener ya en la mira el lugar donde comeríamos.

Interior del Alcázar

Como casi siempre en la planeación de nuestro viajes, detinamos cantidades aproximadas para cada necesidad, en el caso de la comida, solemos destinar una cantidad que pueda permitirnos comer de los platillos típicos de los pueblos que visitamos, privilegiando esto en la comida fuerte del día.

Disfrutamos de dos platillos esenciales en la gastronomía segoviana: las perdices segovianas, que se preparan en una cazuela de barro, acompañadas de diversas verduras y especias como zanahorias, puerros, pimientos, cebolla, tomates, ajos, champiñones, perejil o clavos. También incluyen otros ingredientes como el chocolate, jerez y vino blanco. Y las setas a la segoviana, que son un insumo que abunda en Segovia y se usa en mucho platos. Básicamente se trata de una receta con cazuela, en la que se hace un sofrito de cebolla y ajo, añadiendo seguidamente las setas con el resto de ingredientes, consistentes en productos como caldo, vino blanco, jamón picado, ajos, cebolla, laurel, guindilla, aceite de oliva 

Ya por la tarde, previo a despedirnos de esta bella ciudad, nos dedicamos a caminar de nuevo por las calles y pudimos observar la vista panorámica segoviana. Una verdadera postal en sepia que deslumbra.


Fotografías: Vagabunda Mx.

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