Plaza de Armas, Santiago de Chile. Imagen: CNN

Santiago de Chile es la capital de un país que te sorprende por su historia reflejada en calles, edificios y en la fuerza de convicción de su gente; así como por sus vistas imponentes, una naturaleza que te hace sentir más de cerca lo impresionante que debió ser este mundo en épocas remotas: volcanes, lagos al pie, ríos de un azul intenso, desierto, archipiélagos que despiertan entre bruma. Tan solo con ver la Cordillera de los Andes como fondo entiendes que la Tierra está esculpida por un tiempo milenario.

Nuestro viaje lo pensamos con dos días completos en Santiago, antes de recorrer el interior del país, y un par de días al regreso. Nuestras paradas fueron: Valparaíso, Temuco, Villarica-Pucón, Puerto Varas, Puerto Montt y Chiloé, pues el tiempo no alcanzaba para ir al norte, al desierto de Atacama, allá en la ciudad de Calama, donde se sitúa parte de la historia de la extraordinaria miniserie Ecos del desierto sobre la Caravana de la Muerte, la comitiva militar liderada por el general Sergio Arellano Stark que recorrió el país a finales de 1973 y terminó con 97 personas asesinadas.

Para cada ciudad o pueblo hemos hecho una entrada distinta que compartiremos semana a semana y te invitamos a leer. ¡Arrancamos con nuestras Crónicas Viajeras en la capital chilena!

Hemos armado una Fotogalería para que tras leer nuestras crónicas, recorras sus imágenes.

Santiago de Chile

Aterrizamos en Santiago después de alrededor de ocho horas de vuelo (Ciudad de México-Santiago) y teníamos dos semanas para recorrer ese país largo y angosto para el que esos quince días no iban a ser suficientes. Llegamos en un atardecer de fines de julio, que al ser invierno en el Cono Sur, pronto nos trajo la noche. Tomamos un autobús que nos llevó hasta el centro de la ciudad. A la salida del aeropuerto hay autobuses (Turbus o CentroPuerto) que hacen el trayecto hasta el centro, parando en varias estaciones de metro. La estación de Héroes es la última parada. De allí, caminamos hasta nuestro hotel. Apenas nos dio tiempo de encontrar algo para comer y cenar un churrasco y una cerveza Austral.

La Moneda

Siempre procuramos buscar hospedaje en los centros de las ciudades para caminar lo más que podamos. En este caso, el primer día comenzamos la jornada en la Plaza de la Constitución, donde está el Palacio de la Moneda, sede del gobierno y símbolo chileno, lugar en que Salvador Allende se quitó la vida tras el golpe militar liderado por Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973. La serie Una historia necesaria (2017), cuenta en 16 capítulos diversos sucesos ocurridos durante la dictadura.

Calle a calle fuimos descubriendo una capital con árboles color invierno, grandes zonas peatonales, ciclistas. Conforme avanzamos hacia la Catedral Metropolitana de Santiago, en la Plaza de Armas, las calles se vuelven más angostas, nos topamos con muchos transeúntes camino al trabajo y turistas que comienzan el día disparando sus cámaras. También aparecen los pequeños cafés para todo público y los “cafés con piernas” que, aunque no lo dicen abiertamente, están dirigidos a un público masculino, y donde como mujeres nos internamos en un mundo esculpido por el sello patriarcal, con mujeres recelosas de las propias mujeres.

Al lado de la Catedral, se encontraba la Vicaría de la Solidaridad (1973-1992) que desempeñó un papel muy importante durante la dictadura en la búsqueda de personas desaparecidas o contra las que se cometió alguna de las tantas persecuciones y actos criminales. La serie Los archivos del Cardenal, que recomendamos ampliamente, da una muestra detallada de la vida cotidiana de quienes trabajaron como voluntarios en dicha labor.

Ya por la tarde, caminamos de nuevo hasta llegar al mercado La Vega, uno de los mercados de frutas y verduras más grandes de América del Sur, frente al cual está el Mercado Central, donde nos encontramos con la primera vista de la Cordillera y cruzamos también el río Mapocho. El Mercado Central se especializa en todo tipo de alimentos el mar que por supuesto tiene una oferta tan variada como larga es la costa chilena. National Geographic lo incluyó entre los cinco mejores mercados del mundo.

Después de comer en uno de los pequeños puestos del Mercado Central, llegamos a La Piojera, una «picá» famosa en Chile (representativa de la gastronomía típica del país), un símbolo de la «cultura guachaca» (un tipo de cultura popular urbana chilena). En su página oficial nos cuentan que el nombre La Piojera, primero apodo, luego nombre oficial, se lo puso Arturo Alessandri Palma en 1922, cuando, siendo aún Presidente de Chile, fue invitado por el director de la Policía de Investigaciones para mostrarle una picada donde iba el pueblo a comer y beber. Al ver el paupérrimo aspecto del bar y el tipo de gente que repletaba el establecimiento habría exclamado: “¡¿Y a esta piojera me trajeron?!”.

En México, estas picás -picadas- las conocemos como cantinas o botaneros. La Piojera es socorrida por parroquianos y turistas. A nosotros nos alegró la tarde con su famoso terremoto: bebida que combina el vino blanco con helado de piña además de algún añadido más en función de quién y dónde se sirva. Entre las opciones habituales encontramos el fernet, el cognac o el ron.

Terminamos nuestro primer día brindando en uno de los pequeños bares que están abiertos los viernes por la noche (los días sábados brillan por su ausencia), entre las calles París y Londres, icónicas por la historia que guardan desde la época colonial, con una iglesia antigua al inicio de la calle y que unos cuantos pasos después albergó, ya en el periodo de la dictadura, casas donde se cometieron actos de tortura.

Día 2

Nuestro siguiente día lo dedicamos casi exclusivamente al Museo de la Memoria, inaugurado en el 2010 por Michelle Bachelet. Es un lugar situado en Matucana 501, a donde llegamos en metro (estación Quinta Normal). Si te interesa conocer la historia durante la dictadura es un sitio obligado. Puedes dedicarle el tiempo que desees o dispongas. A nosotros nos llevó prácticamente toda la mañana. Es un lugar que te enchina la piel al recorrer sus salas donde encuentras material de archivo tanto audiovisual como en papel, además de fotografías y objetos recuperados que cuentan la tragedia de esos años.

Al salir, tomamos rumbo a la central de autobuses para comprar nuestros boletos a Valaparaíso y Temuco. Una larga caminata que nos mostró el Chile de a pie, el otro lado de la cara cosmopolita santiagueña, donde los migrantes venezolanos, peruanos, colombianos, haitianos, vendían sus mercancías al pie de las banquetas y la comida que abundaba eran pequeños trozos de embutido que se vendían en carritos ambulantes. La central de autobuses es enorme, pues para llegar a ella recorres una gran plaza comercial. Allí, el trajín del día se hace sentir con gente que va deprisa y muestra más cansancio que entusiasmo.

Esto nos llevó a recordar el acercamiento de largo aliento a la cotidianidad chilena que refleja Los 80, tele-serie centrada en eventos ocurridos en Chile desde 1982 a 1986 desde el punto de vista de la familia Herrera, una familia de clase media santiagueña.

La noche nos encontró comiendo de nuevo papas fritas con carne y huevo y una cerveza Morenita tamaño familiar. Al día siguiente, partimos antes del amanecer a Valparaíso.

Día 3

Tras recorrer el interior del país, volvimos a Santiago a pasar un par de días más. Ya casi concluido el viaje y después de evaluar nuestras finanzas, nos dimos el lujo de hospedarnos en un hotel que ha presenciado mucha de la historia santiagueña y donde se han filmado varias películas, series y spots publicitarios: el Hotel Londres, con sus grandes ventanas que dan a una de las esquinas que más selfies obtienen en la ciudad. La última creación audiovisual fue la serie chileno-finlandesa Héroes invisibles (2019), que a lo largo de seis capítulos, retrata la vida del diplomático finlandés, Tapani Brotherus, quien poco antes de desatarse el golpe de estado de 1973 en Chile, llegó como embajador a nuestro país, en medio de negociaciones comerciales entre el país escandinavo y el Gobierno de Salvador Allende.

Muy cerca del hotel, encontramos una comida corrida a precio más accesible que en otros sitios, pues la comida en Chile no es precisamente económica, no en el estándar al que acostumbramos encontrar comida callejera o corrida en México.

Tras disfrutar de un tradicional choclo chileno y una cazuela de vacuno, partimos rumbo a la otra parte de la ciudad que nos hacía falta caminar. Visitamos el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo de Arte Contemporáneo donde, como acostumbra ocurrir en los museos, puedes pasar horas observando las exposiciones y el material permanente.

Al salir, con la luz de tarde todavía a nuestro favor, paseamos por Plaza Italia o Plaza Baquedano (nombre oficial, pues en su centro se encuentra la estatua del general Manuel Baquedano), que tras las marchas de protesta contra el sistema y gobierno actual, ocurridas apenas unos meses después de nuestra visita, ha sido re-nombrada como Plaza Dignidad. “Así lo muestra muestra una placa de madera adosada al monumento a Baquedano en el que se lee en letras negras: “Plaza de la Dignidad, zona cero del despertar social, Octubre 2019”. La zona cero significa tanto el epicentro de las manifestaciones como el punto de partida hacia lo incierto”. (Serrano, 2020).

La siguiente escala fue la Universidad Católica de Santiago. Entramos a la parte que se conserva del edificio histórico inicial y que se conecta con la nueva construcción que alberga distintas carreras.

Esto nos lleva a hablar de uno de los temas más resaltados en protestas y movilizaciones desde hace muchos años en Chile: la privatización tan fuerte de la educación. Sobre ello, hay mucho material de archivo, así como textos especializados, pero siempre viene bien acercarse a través de medios más afables, para ello te recomendamos El reemplazante, serie que desde el interior de las aulas de la enseñanza media te muestra los problemas propios de la adolescencia, así como los conflictos sociales de la clase popular y los grandes intereses económicos que tejen sus hilos en uno de los negocios más lucrativos en este país. Algo más técnico y con una dura crítica a dicho sistema lo encontrarás en Paradojas del Nihilismo: la Academia, serie web que capítulo a capítulo pone los acentos sobre las íes en el problema educativo.

Nuestros pasos y la necesidad de recobrar la energía después de recorrer las baldosas donde tantos han pateado piedras, entramos en un reconocido restaurant llamado Fuente Alemana, donde comimos los tradicionales lomitos. En ese lugar tiene lugar una escena de Los Archivos del Cardenal en la que el protagonista de la serie come junto a su padre.

Día 4

El último día que pasamos en Santiago, lo dedicamos al barrio Bellavista. Decidimos ir a visitar La Chascona, la famosa casa en donde vivió Pablo Neruda, así que emprendimos de nuevo el camino hacia la zona de Plaza Italia, en donde tuvimos la oportunidad de respirar el ambiente universitario al pasar por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, la universidad pública, y el campus de la Universidad de San Sebastián, la universidad privada. Ambiente acentuado por todos lo bares y cafeterías que se encuentran en la calle de Pío Nono, donde la vida estudiantil chilena sucede.

Llegamos al centro del barrio de Bellavista, en una pequeña plaza conocida como Plaza Camilo Mori, con su pintoresca Casa Roja o Castillo Lehuedé, que le da identidad a ese barrio caracterizado por la bohemia y la cultura.

Llegamos a La Chascona, una de las tres casas en las que habitó Pablo Neruda, y ahora es la sede de la fundación del mismo nombre, destinada a museo y diversas actividades culturales. Después de ahí, caminamos hacia el Parque Metropolitano que está a las faldas del Cerro de San Cristóbal, desde donde tuvimos una gran vista de la ciudad de Santiago.

Cuando emprendimos el regreso para ir al aeropuerto, decidimos pasar por el famoso barrio de San Miguel, pues de ahí es el emblemático grupo de rock Los Prisioneros, del que pudimos saber más de su historia en la serie Sudamerican Rockers. Al regreso de esa escala, nos topamos con el barrio de Pudahuel, que nos trajo a la memoria la canción Sol y Lluvia y su estribillo: «en un largo tour por Pudahuel y la Bandera» que escuchamos en la excelente película de «La Francesita» o «Cabros mierda«.

Así fue nuestro «breve tour» por Santiago de Chile (cuatro días son pocos para explorarlo), capital de un país en ebullición, sumamente consciente de su realidad y de su historia, que nos cautivó justo por eso, así como por sus paisajes.

Los invitamos a estar pendientes de nuestra próxima crónica chilena: Valparaíso.

Fotografías: Vagabunda Mx.

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