Recorrer ciudades, visitar pequeños poblados y sitios singulares a través de imágenes y palabras; de eso trata nuestra nueva sección Crónicas viajeras. ¡Los invitamos a vagar junto a nosotros!

El siglo XX, ese siglo que algunos denominan como el siglo breve, fue uno de los que más han cimbrado a nuestra civilización: dos guerras mundiales, bombas atómicas, explosiones nucleares, viajes a la luna, origen y despunte de la virtualidad, la masificación de los viajes. El siglo XXI no hizo más que mantener pendiendo de un hilo una de por sí endeble geopolítica y acelerar los dos últimos puntos.

La pandemia causada por el Covid-19 ha vuelto a reorganizar las piezas. Será un antes y un después, al menos en nuestra historia reciente. En este escenario, donde un confinamiento mundial sin precedentes se produjo y nos hizo entrar en una pausa de meses que no hace más que ampliarse, los viajes han sido una de las actividades más afectadas.

El turismo masivo, ese que las redes sociales tanto abonaron a convertir en mero Turiselfie: tomas la foto y te vas, se vio frenado en cuestión de meses. La gallina de los huevos de oro, tan esclavizada a seguirlos poniendo, tuvo al fin sus vacaciones.

Las grandes capitales del turismo de masas en Europa están sometiendo a escrutinio qué tan benéfico es realmente vivir del turismo de masas y sacrificar sus centros históricos, sus calles, su rutina cotidiana por el dinero a raudales que dejan los turistas, pero que una vez se marchan, desgastan y asolan el tejido social de sus habitantes.

Barcelona, por ejemplo, tiene ya tiempo señalando este tipo de reclamos, reivindica el turismo sostenible, planificado, escalonado. En medio de la pandemia, sus habitantes han visto cómo se recuperaba la rutina diaria de barrios al natural, con espacio suficiente para volver a reconocer y conversar con los vecinos.

Amsterdam, otro caso, ha considerado prohibir los hospedajes que ofrece Airbnb, que convirtieron a los centros históricos de muchas ciudades del mundo en meros cascarones de donde expulsaron a sus habitantes habituales para ofrecerlas al turismo. La capital holandesa exclama que ya no quieren ser un parque de diversiones. Y seguro que la avalancha de ciudades con la misma idea, no se hará esperar.

En Vagabunda Mx, nos pronunciamos por un turismo menos salvaje y hemos tratado de ponerlo en práctica lo más que hemos podido, hacerlo con más determinación, de forma más consciente; y aunque nuestros relatos recogen viajes previos al confinamiento producto de la pandemia, encontrarán las huellas de esos intentos por ser más viajeros que turistas.

Creemos también que entre más logramos conocer la historia, los rasgos culturales y sociales de los lugares que visitamos, mayor respeto tenemos hacia sus habitantes, su ecosistema y su patrimonio cultural. De allí que, con estas crónicas viajeras no pretendemos ser una “guía de tips” o “recetario de viajes”, sino una invitación a conocer lugares desde la cultura que los rodea y los ha construido a lo largo del tiempo.

Por ello, a la par que narramos nuestras rutas de viaje, proveemos de material que enriqueció nuestra visita, ya sea antes de conocer los lugares o una vez que estuvimos en ellos, del que hemos creado pequeñas reseñas o recuperado de otros sitios web. Series, películas, libros, obras de arte que se inspiraron en calles, personajes, sucesos sobre las ciudades o la historia de tal o cual país; o creadas por sus habitantes.

¡Esperamos disfruten de vagabundear con nosotros!

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