Borges retratado por Sameer Makarius

¿Existió para mí un tiempo sin Borges? Pues no lo conocí. Desde que tengo uso de razón su rostro se multiplica en muchas imágenes, espejos, dibujos, fotografías, films,  pinturas, a los que se venera. También pequeños perfiles como identidad visual de una colección que él dirigió, la Biblioteca Personal. En esa colección, él con la colaboración de María Kodama recuperaban libros hurgando en la memoria. Por lo general remota. No eran libros necesariamente paradigmáticos. Sino aquellos que le habían producido especial placer al ser leídos. Yo efectivamente compré casi toda entera esa colección (me faltan unos pocos títulos, que de todas formas pude leer), guardé sus Prólogos en otro libro que él publicó más o menos por esos años. Eran los Prólogos de la Biblioteca personal. Breves, fugaces instantáneas de los autores, informando acerca de sus vidas y su producción creativa, en algunos casos frondosa.

     Leí en mi juventud (ya tenía 17 años) todo lo que caía en mis manos. Yo asistía al último año de mi bachillerato y había tomado la decisión de ser un hombre culto. Estaba ya saliendo de mi querido Colegio Nacional “Rafael Hernández”, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata. Durante todo ese año, el quinto de mi bachillerato, leí buena parte de la Biblioteca Personal. Uno sentía que Borges los había elegido solo para uno. Era tan certera, ecléctica, compleja, gratificante, colmada de rarezas o de algunos clásicos, la colección, que uno no podía sino concentrar en ella sus lecturas por fuera del tedio que significaban las materias de las ciencias exactas, siempre un tormento para mí. Para él en cambio las matemáticas serían, al menos de adulto, una ciencia exacta imprescindible y encontraría en sus teoremas todo un conjunto de teorías para comprender el universo. Y la literatura o el lenguaje mismo.

     Me di cuenta de que Borges despertaba entre mis compatriotas polémicas, enconados desencuentros, resentimientos, indignaciones, rencores, entredichos, malos entendidos, envidias. No se le perdonaban, creo yo, ciertos capítulos de su vida que resultan por supuesto indefendibles. Era una relación pasional la que existía en Argentina. Pero también estaban quienes no podían tolerar ni su excelencia ni su éxito. Un éxito que llegó también hacia el final de su vida. Borges fue durante largos años un autor de culto en Argentina, sin ser el escritor argentino más celebrado, hacia el final de su vida o poco antes.  Creo que había mucho de envidia en ello, mucho rencor, mucho resentimiento. “Borges, Borges, Borges…” pronunciaba el mundo, ya no Argentina. Borges era comprendido por fuera de su país, y solo por un círculo de personas que lo veneraban en Argentina, por sobre todo entre los grandes escritores: Silvina Ocampo, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, José Bianco.También en Victoria Ocampo, que demandaba de él que realizara sus caprichos de dama temperamental. Con esto no estoy connotando negativamente a Victoria. Sino un comportamiento que refrendan todos y cada uno de quienes la han conocido. Fue la gran gestora cultural, la gran mecenas del siglo XX entre los escritores y escritoras porteños.
     Alguien alguna vez debería indagar en la relación entre dos sensibilidades fuertes como las de Silvina Ocampo y la de Borges, a quien ella le consagró varios de sus poemas. Y a determinados textos literarios aparentemente herméticos para ella, o que no le resultaban fáciles de desentrañar. Borges ofició de maestro de escritores entonces.

     Bioy Casares nunca fue una persona que yo estimara. Y tanto su obra editada, como la póstumo, vino a ratificar algo que yo ya sabía. Tiene algunos títulos buenos, que son pocos. El resto son novelas y cuentos que a mi juicio carecen del talento sobresaliente de Borges. Y si traigo a colación a Bioy, fue porque publicó muchas obras en colaboración con Borges.

     También Vlady Kocianch, fue una autora sobre la que escribí algunos trabajos, fue a quien él le abrió muchas puertas, fue uno de sus mentores, al punto de sugerirle el título de su primer libro. Kociancich lo acompañó y le dio su apoyo, sin ser una autora de gran exposición ni reconocimiento masivo. También ocurrió a la inversa. Y luego están toda una serie de mujeres que colaboraron con él, de Silvina Bullrich a María Angélica Bosco, de Margarita Guerrero a María Ester Vázquez, que tampoco trascendieron más tarde en sus respectivas obra. Su nombre está asociado sobre todo al caso puntual de su colaboración con Borges. También Borges fue coautor de antologías con Bioy Casares o Silvina Ocampo.

     Es curioso. Pero mi padre, que dispone de una biblioteca inmensa (que fue mucho más profusa antes, porque la redujo), tiene una especie de gran “santuario” junto al sillón en donde se sienta habitualmente. El principal, por lejos de sus amados franceses o de las Generación del ’27 española, es Borges. Tiene todo un mueble de biblioteca consagrado a los libro de Borges. Y la crítica literaria de lo que hasta el momento se ha escrito sobre él. Los otros dos sectores están dedicados, en un segundo lugar, a Cortázar, Rulfo y Gabriel García Márquez. Tanto mi madre, como mi padre, ambos Profesores en Letras, lo leyeron, lo valoraron superlativamente, lo enseñaron en sus clases. Y, yo en  mis clases, como soy también Dr. en Letras, lo enseñé en la escuela secundaria y en la Universidad.

     Por lo que puedo ver muchos grandes críticos de Argentina y el mundo le han consagrado un libro de estudio, devenido casi un libro insoslayables para cualquier autora del siglo XX o XXI. Tanto de crítica literaria com o de su relación con otras disciplinas. Otros seguirán saliendo.  Porque la literatura de Borges es literalmente infinita: un Aleph. No daré nombres, pero baste decir que los hay en abundancia en torno de los  enfoques más diversos y extravagantes.

     Hacia los años noventa, escribí una monografía para la materia de la Universidad, Teoría de la crítica, sobre Borges como crítico literario. Uno de los temas que nos requería el docente. Recuerdo que consulté todos los libros en español de los que me rodeaban que eran muchos. Una desmesura que luego se prolongó en satisfacción. Escribí también semblanzas, artículos de crítica literaria con algunas pinceladas biográficas. Y luego llegan dos artículos sobre Borges publicados en distintos medios: un de México, el otro en NY, donde la buena acogida hacia este autor, esta completamente por fuera de toda animosidad verificada en Argentina, tanto como la apología. Toda vez que deseo escribir sobre un artículo sobre poética en un sentido amplio, pensar la literatura, resulta irremediable acudir a sus libros. Busco alli, interrogo en esos textos al gran creador y estudioso que supo ser. En el extranjero detecto que no cunden polémicas o enfrentamientos. Se lo lee por lo general sin acudir a contextos sino a enfoques no histórico/políticos. Más bien se indaga en su poética desde una perspectiva por dentro de la cual la obra importa como obra, no es el producto en el cual hayan incidido factores extraliterarios. 

    No podemos dejar de leer, asombrarnos, tejer y destejer hipótesis, pensar a la literatura o a muchos otros autores (que incluso no lo nombran deliberadamente, sino a través de su propia literatura, en un insospechado juego intertextual o  juego en abismo). El escritor argentino César Aira, en una entrevista que vi hacia 2021, decía que a él, Borges no le traía conflictos ni inhibiciones a la hora de escribir. Tampoco una angustia de las influencias, en términos del crítico norteamericana Harold Bloom. Sino que por el contrario celebraba su presencia. No lo percibía como un rival sino más bien como un factor estimulante.   

   Hay un murmullo toda vez que me siento a escribir, por sobre todo mis cuentos. Más en la prosa que en mis poemas, a los cuales percibo sin embargo lejanos de Borges en su escritura. Como si fuera el único bastión en el que puedo sustraerme a su embrujo.

     Capítulo aparte merecen los que han opinado sobre Borges. Los que han escrito en su contra. Preservo de Borges su literatura, su poética más que sus acciones que pueden no resultarme gratas. Me quedo con el Borges ensayista, el Borges prologuista, el Borges biógrafo sui generis, el compilador de milagros en sus distintas antologías.Esa persona que que jugaba con la literatura. Se reía con ella, buscaba la complicidad de otros, también encontraba la originalidad sin demasiada dificultad. Sí hay una lengua paródica, que en muchos casos tiene que ver con el grotesco, con lo desaforado de una ficción que toma distancia de ese otro Borges lleno de mesura. El Borges de sus propios cuentos.

     Por entre la maraña de voces literarias que le consagraron elogios, lo acompañaron en su biografía, junto con los que su vida se entreveró hasta alcanzar desde sus zonas más profesionales pero también más íntimas, rescato muy en especial a Silvina Ocampo y José Bianco. Hay mucho de ambos que deben a ese maestro buena parte de la perfección de su producción. Borges hizo las veces de figura tutelar, siendo literaturas tan distintas pero que permiten vislumbrar un aire de familia que se vincula desde el manejo de las lenguas extranjeras, la traducción, la biblioteca singular que selectivamente tomaban del campo literario o en el que ponían el énfasis. También está el capítulo de las tradiciones en el caso de Borges. En cuál de todas ellas se inscribe. Y yo conjetura que Borges lo hace en un cierto tipo de producción literaria (y de pensamiento) que se vincula con una estética cosmopolitca. Pero también con un fuerte arraigo en la literatura de su país. Él escribió cuentos sobre algunos casos de literatura argentina. En este marco, los latinoamericanos no eran los autores y autoras más celebrados.

     Para quienes nos dedicamos a escribir cuentos, ensayos y poemas (los mismos géneros que él cultivó, además del guión de cine o las historias de las literaturas de tal o cual país). O de un cierto tipo de literatura propio de Argentina (me refiero por ejemplo a la gauchesca, pero no exclusivamente), fue él esta vez el que veneró a Leopoldo Lugones, quien fue un maestro que resulta insoslayable en su educación respecto de todo lo que él escribiría más tarde en directa relación con las distintas vertientes que cultivaría.      

     Borges pasa por encima de todo de lo que se ha dicho o hecho a favor o en contra. Él pertenece a un más allá cuya solemnidad estoy seguro que él no aprobaría. La literatura en Borges está de inmediato asociada a la belleza, a la felicidad y a la amistad.

     Cuando me siento a escribir mis cuentos o mis ensayos (no tanto mi poesía, como dije) escucho de pronto el murmullo de una construcción sintáctica, en el léxico, en la forma de la frase, en el énfasis en tal o cual expresión o en el género literario en particular del que él era eminente apoderado. Borges está en la voz, en la nuestra. Me refiero a la voz de los narradores de nuestros cuentos. O la perfección de sus versos limita nuestra imaginación poética. Hay un eco (o sensación de un eco) que al procurar escribir nuevas letras nos damos cuenta de que estamos evocando de Borges. Es allí que cuando como escritor me resisto a tomar esas frases o palabras. También opiniones.  

     Siento que en este preciso momentos, en que escribo sobre él, a mis 51 años, le estoy robando unas cuantas palabras al vocabulario de su biblioteca, de sus lecturas de las que se jactaba antes bien que sus propias producciones creativas.  

     Llegué a la lectura y la escritura cuando Borges ya había escrito sus libros mayores. Es más, cuando pronto estaba al morir. Por entonces ya era el escritor portentoso que luego sería. En el medio hubo lecturas (escolares, universitarias, de autodidacta) y relecturas en esos u otros ámbitos. En particular me recuerdo leyéndolo a solas en una casona enorme de tres patios, mi casa materna y paterna

     ¿Es posible erradicar esa voz invasiva de Borges, esa voz que nos tiraniza? ¿Una voz que se hace masiva, en un discurso proliferante?. Pienso que no. Es algo irremediable. Así sucede y así debemos convivir con esta abrumadora presencia. Borges es citado a cada rato por psicoanalistas, por escritores, por historiadores, por arquitectos, por filósofos, por historiadores del arte, por músicos cuando componen las letras de sus canciones (tal como él lo hizo con las milongas protagonizadas por compadritos de las orillas o las afueras de Buenos Aires). Se cree encontrar en él siempre lo que se buscaba. Porque fueron tantos y tan amplios los temas sobre los que exploró, por añadidura de un modo personalísimo. Se lo cita como si él fuera sinónimo de la literatura misma. Y la literatura viva. O de la sabiduría en el arte de las Letras de un modo que no tiene parangón.. Ese «efecto Borges» nos devora. Opera por devoración. Nos fagocita. Nos pone a todos en ridículo porque nos recuerda que la originalidad que él tuvo antes fatalmente no será la que pretendemos tener tantos años más tarde nosotros. Somos dichos por Borges y sin darnos cuenta de lo de que resulta imposible llevar esa marca (tan complejo como llevar nuestros genes). En nuestro ADN está Borges. Somos palipsestos de Borges. Irremediablemente.  

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Nació en La Plata, Argentina, en 1970. Es Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Es escritor, crítico literario y ejerce el periodismo cultural. Publicó libros de narrativa breve, poesía, investigación y una compilación temática de narrativa y prosas argentinas contemporáneas en carácter de editor, Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura (2015). Su libro más reciente, Sigilosas. Entrevistas a escritoras argentinas contemporáneas (2017), fue seleccionado por concurso por el Ministerio de Cultura de la Nación de Argentina para su publicación. Cuentos suyos aparecieron en revistas académicas de EE.UU., en revistas culturales y en libro en traducción al inglés en ese mismo país. En México se dieron a conocer cuentos, crónicas, series de poemas y artículos críticos. Escribió reseñas de films latinoamericanos en revistas académicas o culturales de EE.UU. También en México y EE.UU. se dieron a conocer trabajos interdisciplinarios, con fotógrafos profesionales o bien artistas plásticos. Colabora habitualmente con revistas de cultura de EE.UU., México, Chile, Venezuela y Argentina. Escribe también cuentos para niños. Obtuvo tres becas bianuales sucesivas de investigación de la UNLP y un Subsidio para Jóvenes Investigadores, también de la UNLP, todos ellos por concurso. Artículos académicos de su autoría fueron editados en Francia, Alemania, EE.UU., España, Israel, Brasil y Chile en revistas especializadas. Se desempeñó como docente universitario en dos Facultades de la UNLP durante diez y tres años, respectivamente. Participó en carácter de expositor en numerosos congresos académicos en Argentina y Francia. Realizó cinco audiotextos y dos videos en colaboración. Participó de dos colectivos de arte de su ciudad (en la actualidad se ha sumado a uno de Chile). Realizó dos libros interdisciplinarios entre fotografía y textos con fotógrafos profesionales, inéditos. Obtuvo premios y distinciones internacionales y nacionales.

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