Imagen: GoChile

Seguimos con nuestras crónicas viajeras. Salimos al amanecer de nuestro hotel en Santiago de Chile, tras dos días de intenso caminar en la capital santiagueña, ahora tocaba iniciar nuestro itinerario al interior del país: hacia Valpo, como también se le conoce a Valparaíso. Una fina lluvia nos acompañó desde la estación de metro más cercana a nuestro hotel (Metro Universidad de Santiago, línea 1), hasta la central de autobuses Terminal La Alameda.

El tiempo de viaje en autobús de Santiago a Valparaíso es de alrededor de una hora cuarenta minutos, de modo que llegamos a la central de Valpo a buena hora para buscar un lugar para desayunar. Lo encontramos tras caminar un buen tramo desde la central hasta una pequeña plaza. Estas calles nos presentaron un lugar más industrial que pintoresco. Una de las cosas que aprendes al viajar a través de las centrales de autobuses de cualquier ciudad es que suelen ofrecerte el lado descascarado de todo lugar turístico, que entre más lo es, más trata de mantenerlo al margen.

Esta primera impresión no es la que esperas al saber que Pablo Neruda se refugió allí para escribir. Alguna vez dijo: “Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y escribir tranquilo. Además, tiene que ser muy barata ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?”. Y la encontró en La Sebastiana, hoy un museo que conserva colecciones de mapas antiguos, de marinas y otras pinturas, entre ellas un retrato de Lord Cochrane y un óleo que muestra a José Miguel Carrera poco antes de ser fusilado. Hay muchas otras reliquias del puerto y piezas curiosas, como cajas de música y un viejo caballo de tiovivo, tallado en madera.

O del puerto del que escribió Hernán Lavín Cerda en su entrañable novela Historia de aquel verano en Valparaíso: «Todo es aéreo allí, en el Valparaíso de arriba como en el Valparaíso de abajo. Todo es abismal y volátil en el puerto de Valparaíso, el siempre antiguo y siempre nuevo».

Poco a poco llegamos a la parte que aparece en las postales de viaje, con sus calles empotradas en sus más de cuarenta cerros, donde los elevadores (de los más clásicos es el Reina Victoria) realizan la función de trasladar a quienes deciden no caminar por los famosos callejones empinados de Valpo, ya sean turistas o lugareños.

«Durante la Colonia, Valparaíso fue el puerto de entrada a Santiago, ciudad de la que dependía, y su comercio se estableció casi exclusivamente con el puerto de Callao, en el Perú. El advenimiento de la Independencia y la libertad de comercio, permitió el comienzo de una expansión económica […] La ciudad transformó drásticamente su fisonomía. Se produjo una sectorización: en las zonas bajas se ubicaron los comerciantes extranjeros y los cerros fueron ocupados por los grupos sociales más pobres; el área plana también se dividió entre el puerto y el barrio El Almendral, con un carácter más rural». Memoria Chilena.  Estos rastros de segmentación se perciben aún hoy entre sus calles, pues en cuanto te alejas de la zona netamente turística, aparecen las gritas, se esfuman las pintas «amables», pensadas para los turistas, y aparecen los reclamos sociales.

Museo Mirador Lukas

De los cerros más famosos son Cerro Alegre y Cerro Concepción, llenos de murales, cafés, artesanías y pequeños hoteles. A partir de ese momento, nos internamos en ese Valparaíso lleno de callejones pintados, con grafitis que se han convertido en su sello, con turistas que van y vienen o propios santiagueños que van de escapada de fin de semana.

Un laberinto, es inevitable que no llegues a asociar Valparaíso con un entramado y colorido laberinto donde después de caminar largo rato puedes llegar al mismo punto. Los perros callejeros abundan y se han convertido en parte del paisaje, son los pequeños minotauros que habitan el laberinto, parecen tener una brújula interior que les da la tranquilidad al mover su cola y observar suspicazmente cómo los turistas van de escalera en escalera o de pinta y en pinta buscando la mejor toma, cual si se tratara de suculentos trozos de embutido.

Condorito, por René Ríos.

Hablando de comida, ya cerca de la tarde empezamos a buscar un lugar para recuperar la energía que demanda subir ese cerro encrespado con sus vistas espectaculares. Los precios en los menús se elevaban proporcionalmente a la vista que ofrece el restaurant o café. Decidimos comer algo ligero para no perdernos de la luz del sol.

Una de las escalas que hicimos fue visitar el Museo Mirador Lukas, con la exposición llamada Pepo en Valpo, donde nos encontramos con una colección de dibujos e ilustraciones del famoso historietista y dibujante René Ríos Boettiger, creador del famoso personaje Condorito. La exposición estaba compuesta con 14 piezas originales, así que pudimos ver a la «Viborita», Can Can y el Pingüino.

Plaza Sotomayor, Valparaíso, Chile.
Las icónicas escaleras de Valpo

Bajamos hasta la Plaza Sotomayor, ubicada frente al muelle Prat, donde se encuentra el Monumento Público a los Héroes de Iquique que lucharon durante la Guerra del Pacífico. La Plaza está rodeada de numerosos edificios de administración y servicios del puerto, de distintas épocas y estilos arquitectónicos. Uno de ellos es la ex Intendencia, hoy la Armada de Chile, construido a comienzos del siglo XX. A su alrededor están el Hotel Reina Victoria, el de la firma comercial Grace, y el Edificio del Correo. Rumbo al muelle, se encuentran las instalaciones de la estación terminal del ferrocarril regional y de la administración portuaria y aduanera.

En el mirador, encontramos los puestos de artesanías que abundan también en cada callejuela. Allí, nos dejamos convencer de dar una vuelta en lancha con un número significativo de otros turistas. Como buen guía dio muestras de su facilidad de palabra y saber popular, así como de su crítica salpicada de humor negro cuando nos mostró que las construcciones que veíamos a lo lejos eran Viña del Mar, el primo glamuroso y rico de Valpo. No faltaron las focas, como si estuvieran contratadas para las fotografías de los paseantes, ni el paso cercano entre parte de los grandes barcos que llegan al puerto.

La noche nos alcanzó en una de las pequeñas plazas que están cerca del malecón. Allí cerramos el recorrido de un día lleno de colores, callejones y puerto, en un agradable lugar, acompañados de una refrescante cerveza Austral.

El plan fue viajar toda la noche en autobús hasta nuestra próxima parada: Temuco y alrededores. A propósito, es un buen momento de señalar que el transporte terrestre en Chile nos pareció de excelente calidad, tanto los autobuses como las carreteras, además de resultar una opción bastante económica. Durante la planeación del viaje consultamos buscadores de autobús en la red y allí obtuvimos varios pases, pero también lo hicimos directo en las centrales de Santiago o de los lugares que visitábamos, allí tenían mayor oferta de corridas y horarios.

Te invitamos a conocer nuestra fotogalería de Valparaíso.

Fotografías: Vagabunda Mx (excepto portada).

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