Créditos de la imagen: La última fiesta cortometraje

La última fiesta es un cortometraje mexicano dirigido por Adrián Ramos. Son las fiestas patronales, las más importantes del pueblo y de todo el año. Esther (Martha morales) y Esteban (Ramón Durán) lo saben, pero mientras que Esther está emocionada por asistir a ellas, Esteban se opone a ir. En la última fiesta se reflejan situaciones del pasado que atraviesan la vida de ambos, la costumbre atraviesa su relación de pareja y se asoman esos estragos propios de la vejez.

Platicamos con el director Adrián Ramos, con José Manuel Mercado, productor y Carlos Valencia, director de fotografía. Aquí les dejamos la entrevista.

Still del cortometraje

¿Cómo fue el proceso de construcción de La última fiesta?, de ser un producto pensado para titularse, a ser algo más profundo.

Adrián Ramos: La idea comenzó en 2016.  En 2018 hice mi tesis sobre foto. Estaba la tesis escrita, pero no tenía un sustento tangible. De modo que cuando recuperé un guion que había estado trabajando a lo largo de la carrera, lo relacioné con la tesis. Así surgió todo. Vino lo de la inseguridad para grabar, sucedió lo de los tres desaparecidos en la universidad, de modo que esto de grabarlo en un pueblo se complicó un poco. Encontramos una casa en Acatic que pareció que nos la hicieron a la medida. Quedó muy bien.

Después comenzó el proceso de pre-producción de cada departamento. Yo sí me sentí arropado por el crew, porque técnicamente está muy bien hecho, lo que facilitó mi labor como director. La foto, la decoración de arte iban mucho en armonía, después llegó el sonido, Walter Davis estuvo al frente de esta parte y abonó bastante, porque muchos minimizan la labor del sonido y en realidad es muy importante, así que se le dio también un buen tiempo a este departamento. El crew hizo muy bien su chamba. De modo que lo que yo aprendí es que, como director, debes elegir a los mejores de la generación o maestros, profesionales que son los mejores en cada área. Tras ello, comenzamos a participar en festivales.

Still del cortometraje

Platícanos ahora desde tu lado, Carlos.

Carlos Valencia: Inició con una tesis de fotografía, allí fue cuando yo lo apoyé siendo su director de tesis, ese fue el arranque de todo. Me da gusto ser parte del camino de Adrián, de hacer un trabajo que va a superar un mero trabajo escolar. Se lo cuestionaban mucho, incluso el gasto que se estaba haciendo. Y eso es algo que siempre reconocí en Adrián: le metió todo porque tenía muy claro el objetivo de este trabajo.

Adrián inició queriendo ser director de foto y terminó descubriendo su faceta como director. Parte de lo que se ve reflejado en el corto es ese trabajo de investigación previo que hizo, es un híbrido entre esa base que fue su tesis y lo que deseaba proyectar en el corto. Alí entré yo a apoyar o mediar, ya ahora como director de fotografía. A veces los que dirigen no saben de foto, pero en este caso sí, de modo que fue muy llevadero acoplarnos entre nosotros, porque él sí permitía que como director de fotografía yo abonara al proceso creativo, algo que no pasa mucho con otros directores o directoras que he trabajado.

A mí me gustaría que en el CAAV hubiera más apoyo a este tipo de proyectos, que insten a los alumnos a ser más ambiciosos. Yo antes pensaba que esto no era lo ideal, porque podían quedarse en el proceso de post-producción, pero esto lo cambió mi trabajo junto a Adrián, cambió mi perspectiva. De modo que, ahora creo que una escuela de cine debería apoyar a que los productos de titulación busquen lograr este tipo de niveles.

Still del cortometraje

Adrián Ramos: Este asunto de todo lo que se iba a invertir en costo para el corto, lo asumí desde el inicio, me dije: me endeudo lo que sea necesario, pero quiero que no se quede en un proyecto estudiantil. Un profesor que me asesoró la carpeta de proyectos me hizo ver con claridad que esto sería mi carta de presentación.

También creo que es importante señalar que un proyecto audiovisual debe contemplar con igual relevancia cuatro fases: pre-producción, producción, edición, distribución y hacer énfasis en la distribución para que el trabajo no solo se quede en el crew. Respecto a la distribución, esto de la pandemia, en realidad, al corto le cayó bien, porque realmente la apertura de las plataformas digitales para la realización de los festivales hizo que más gente pudiera acceder a él. La distribución fue otro rollo. Estábamos proyectando 15 selecciones de festivales, y eso fue lo que conseguimos en un mes, mes y medio. Así que nos dimos cuenta que habíamos superado con mucho nuestras propias expectativas. Vamos en 45 selecciones a lo largo de cuatro meses.

Carlos Valencia: Exacto, muchas veces en las escuelas de cine no se les da el énfasis a la distribución. No ven la distribución como un modelo de producción en su carrera. Creen que con subirlo a sus redes sociales o canales de video ya está, y no. Adrián ya puso su ficha como director tapatío, justo porque su corto tuvo ese nivel de distribución.

Su corto hizo esto, ser un precedente en esta importancia que se le debe dar a la distribución. Como realizador pasa que le quieres tirar a los festivales grandes, pero esto hace que el proceso sea muy complicado, de modo que él comenzó por algo medio, para no enfrentarse a no quedar seleccionados, lo que genera incluso problemas de depresión. Porque hay que entender que estos grandes festivales son muy complicados y luego pasa que los creadores pagan por ser seleccionados en esas grandes competencias. Así que Adrián fue estratégico: comenzó con festivales pequeños, poco a poco empezó a acumular menciones y se fue colocando en otros festivales más importantes.

Lo de Juliette Binoche, quien fue presidenta del Festival de Japón del año pasado, el hecho de que ella lo viera y le gustara, para mí fue una gran satisfacción, porque ella lo vio y le dio mención honorífica, le gustó y yo siempre la he admirado mucho, me encanta su trabajo.

Adrián me preguntó si mandaba el corto a los festivales nacionales; yo sí le dije: la verdad, lo puedes inscribir, pero no creo que le vaya bien. Lamentablemente los festivales nacionales actúan con este modelo colonizado de minimizar lo propio, parece que no son capaces de crear una mirada propia; o solo lo hacen si las propuestas entran en su agenda mediática. Y como pasa tanto, una vez que los festivales europeos o de otros países ya lo avalaron, entonces ahora sí, ya vente. He ahí el efecto colonizado.

Adrián Ramos: Cuando algunas producciones sorprenden al llegar a los festivales muy bien colocados, suele ser porque llegan a las selecciones paralelas. Por ejemplo, llegan al festival de Berlín, pero en una sección paralela, que tiene mucho menos inscripciones. Eso pasa con Sundance, TRI-BECA.  (Festivales Clase A: 35 en el mundo). Aquí lo que yo estoy haciendo al saber que no estaré en un festival de estos, es ir a la inversa, buscar un estreno bueno. Así que entramos a un escalón abajo que es el triple A, donde están festivales como el de La Habana, Morelia, Guadalajara, Guanajuato, Huesca, etc.

Nosotros encontramos ese lanzamiento en el Festival de Trinidad y Tobago. Hoy, el festival ganador de este festival ha sido nominado al Oscar, por ejemplo, de modo que eso te dice que es un buen festival para estrenar, además, es uno de los más grandes del Caribe. La estrategia que se debe hacer es esa, creo, comenzar por festivales más pequeños y quizá luego los otros festivales mayores pueden volver a verte. Más, cuando es un trabajo verdaderamente independiente, sin estar becado, como es el nuestro.

Lo interesante será ver la respuesta ahora en México.

Adrián Ramos: Este corto de hecho, tiene más selecciones en otros países, y muy pocos en México. Contrario a lo que pasa con cortos de otros países como Argentina.

Carlos Valencia: Es parte de ese rollo cultural que tenemos, de la típica fábula de los mexicanos que no nos ayudamos entre nosotros, sino solo estar quedando bien con los otros.

Adrián Ramos: Gran parte del reglamento de los festivales medios, por ejemplo, tienes que crear productos comercializables, vendibles. Por ejemplo, Morelia es organizado por Cinépolis, de modo que ya desde ahí sabes la línea de selección, igual pasa con el de Guadalajara.

Para el director de foto, ¿cuál fue el desafío técnico?

Carlos Valencia: Trabajar con un lente que no he trabajado. Inspirado en esta modificación que hace Roger Deakins en la película del asesinato de Jesse James, con recursos técnicos como el lente y el desenfoque selectivo. Estos momentos mágicos que ocurren en el cine también, que luego son escenas muy complicadas pero que al final salen a la primera. Como desafío, el más grande fue el plano-secuencia del baile, nunca lo había hecho, tenía mucha complejidad, pero al final salió muy bien.

Still del cortometraje

La complicidad entre tú y Adrián.

Carlos Valencia: Tal cual, sentarnos a tomar un café, el story, luego la maqueta (que muchos no hacen), scauting maqueta, hacer el corto en su versión casera, eso es algo que también tuvimos la fortuna de poder hacer. Entonces, al final también tuvimos este proceso de edición juntos, que en primera instancia nos había quedado muy grande, pero al final entró José Manuel que nos apoyó en el proceso de edición para lograr acotarlo.

También estoy a la expectativa de las reacciones que ahora pueda tener el corto en México, porque afuera ya le fue muy bien, y es que incluso superó lo que yo esperaba. Así que ahora veremos qué pasa en lo local. El trabajo que Adrián hizo con la estrategia, superó con mucho las que conoció en la universidad, fue mi maestro en esto, me enseñó como hacer una ruta que sí genera impacto, que funcione de verdad.  

El corto es un trabajo que logra que conectes mucho, en lo particular, se siente muy cercano, el guiño a lo local, y a la vez, esto de la relación de pareja, de la vejez, que se vuelve más amplio. Además, también hablas de la memoria, así que cuéntanos un poco más de todo ello.

Adrián Ramos: La historia es sencilla, nada compleja, no descubre el hilo negro de nada, pero quería que justo por ello se sintiera muy real, visceral. Yo me basé en una teoría de David Lynch que narraba una historia en un pueblo que parecía que no ocurriría nada, y de pronto, dentro de las casas sucedían cosas turbias, surreales. Y es más o menos eso, en un pueblito en donde parece que no ocurre nada, resulta que sí.

Por ejemplo, el tema del machismo que permanece en los pueblos, incluso en las ciudades. Otro era la violencia a la mujer, o la vejez. Esta remembranza de mis abuelos, que aunque no les pasa lo que a los protagonistas del corto, que los abandonan sus hijos, pues sí retomar esto de la soledad, ir tomándolo de base y con fragmentos ir armando la historia.

Mi abuelo era monero, que ayudaba a retocar cosas, y yo le ayudaba a mi abuelo en las vacaciones, de modo que íbamos por el pueblo casa a casa y terminábamos platicando con otros ancianos del lugar. Con este tipo de memorias es que escribí el guion, para el corto, fuimos al pueblo, con los extra para recrear, como apoyo para el corto. Los extras hacían lo que realizaban en su vida cotidiana. Eso le da mucho realismo. Incluso ir identificando a la gente que yo conocía del pueblo, eso le dio lo natural, lo natural en las actuaciones, en el ritmo.

Platícanos un poco sobre la productora, Hoplita Studio.

Adrián Ramos: Yo entré allí a participar siendo estudiante. Eramos como seis socios. Y con La última fiesta es que ya se consolidó como negocio, porque fue el primer proyecto grande. A partir de allí es que comenzamos a generar material y a consolidar la productora. Hoy somos cuatro miembros, José Manuel, Juan, Mel y yo. Nuestro fuerte es la edición o es de lo que más hacemos.

Tras la distribución de La última fiesta, ya estamos ofreciendo el servicio de distribución de cortometrajes en la productora. Tenemos cuatro proyectos ya en puerta en la productora. Los planes personales para mí, y también para la productora, son seguir agregando experiencias que puedan ser representadas, por ejemplo, aquí en mi barrio, con este proceso de observación similar al realizado en el pueblo. Y ya después que realice varios cortos, hacer entonces largometraje, con una base de exploración sólida que lo respalde. De modo que pues a seguir, ambicionar y realizar cada vez cosas.

José Manuel Mercado nos cuenta sobre el proceso del cortometraje desde la perspectiva de producción:

José Manuel: En sí, el proceso del corto, desde la experiencia de productor, yo diría que lo más importante es la pre-producción, si nos dedicamos a hacerlo bien, ya a la hora de estar en set, se facilita bastante. Que haya un buen trabajo de mesa para que a la hora de ir al trabajo de campo, el resultado sea óptimo. Por una parte, es vigilar y coordinar este proceso de la mano de dirección, foto, con todas las cabezas de departamentos para estar todos bajo la misma sintonía y al momento en que se presenten problemas también sea más fácil solucionarlo, claro, con una comunicación adecuada. El proceso para mí es la parte más jugosa, así como también estar en constante contacto con nuestro talento, actrices, actores. En este caso del corto, trabajamos con dos personas mayores que obviamente tienen mucha experiencia en su rama, pero no dejan de ser personas que van a requerir cierto cuidado, por su edad, por lo tanto, para mí es súper importante que desde producción siempre estemos al pendiente y dar un buen trato siempre para todos. 

Desafíos, complicaciones, satisfacciones…

José Manuel: El mayor desafío sería levantar el proyecto, esto implica el financiamiento, conseguir el dinero necesario para realizarlo y no es fácil. Hay que ser cada vez más ingeniosos para conseguir el dinero. Intercambios con empresas, tanto de productos audiovisuales como de trabajo, prestamos, apoyos de familiares, campañas de financiamiento tipo kickstarter.

Complicaciones, de todo tipo, el traslado del crew, en este caso porque la locación estaba fuera de la ciudad, coordinar la alimentación, estancia de todos, esto es algo complejo además de estar seguros que nuestro proyecto está firme, que nuestra historia se sostiene.

Y satisfacciones, pues primero terminar el proyecto (risas), ver el montaje ya realizado, verlo todo listo y posterior, las grandes satisfacciones, es alcanzar lugar en festivales, en competencias que generen visibilidad al proyecto. En este proyecto nos está yendo bien, es un reflejo de la chamba realizada, tanto de la pre-producción como de la producción. Tenemos selecciones, premios y seguimos en ruta de exhibición, llegar a diferentes partes del mundo, poder plasmar la vida del campo, de las comunidades, un fragmento pues y que en otros lugares lo vean y haya esa aceptación y esa admiración por lo que sucede acá en México. Mostrar un pedacito de lo que somos nos da mucho orgullo.

¿Cuál es la visión o la idea que hay que tener para producir un cortometraje?

José Manuel: Va muy de la mano con lo que dirección esté buscando. En producción nos encargamos de hacer equipo para que podamos lograr trasmitir lo que está en el guión. Saber que somos un equipo, acá no hay unos puestos más importantes que otros, sino que respondemos por igual ante el proyecto, nadie está haciendo el trabajo para ganar premios en particular, sino que podamos conseguir una obra óptima, que nos narre, una historia que se cuente y todo lo demás se da en automático. Para tener un resultado en conjunto que sea digno de cualquier competencia.

Y la última: ¿qué es más dificil, hacer el corto o venderlo?

José Manuel: Ambas partes tienen su complejidad, si nos referimos a vender la idea previa a realizarlo, eso es muy difícil, pocas personas van a confiar en desconocidos para apoyarles. Todas las etapas llevan su grado de dificultad, buscar rutas, festivales, hacer ese mapeo y a ver en dónde pega. Eso justo nos pasó en el Festival de Trinidad y Tobago, ya que es un festival caribeño donde aceptan solo material del caribe, y aún así, Adrián que se encargó de toda la distribución, probó suerte y pegó. Creo que fuimos el único corto mexicano que estuvo ahí y tal cual, fue mucha suerte la que nos tocó porque ni siquiera estamos geográficamente en esa zona. Y realizarlo también es difícil, de entrada conseguir con qué y cómo hacerlo aunque creo que la parte que más se disfruta, al menos para mí, es la realización, el momento de llegar, de poner todo el plan que tuvimos en todos los meses de pre-producción y llevarlo a cabo. En tres días sacar un proyecto.

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