Fotograma de la película

«Dios me salvó para hacer a EE UU grande de nuevo”

Donald Trump

Parece que la palabra turca kurtulus se puede traducir como salvación o liberación. Kurtulus (Salvación)se llama la película, de aquel país (Turquía), de Emin Alper, que ganó el Oso de Plata Gran Premio del Jurado del Festival Internacional de Cine de Berlín, quizás el segundo premio más importante del certamen. Y uno se pregunta: ¿Por qué una película que habla de la enemistad y relación violenta entre dos pueblos se puede llamar así? Al principio uno no cae en la cuenta de la razón, o al menos eso me pasó a mí, pero claro, ya después, pensándolo bien (como dijo el poeta), la historia nos dice que la interpretación extremista de la doctrina de toda religión, de todo nacionalismo, del fascismo, etc., se basa en el exterminio del otro. La lógica es que la salvación está en acabar con el diferente antes de que el diferente acabe con “nosotros” y también viceversa (como dijo el otro poeta).

Pero, ¿la salvación de los sionista está en aniquilar a los palestinos, a los libaneses, a los sirios, a los iraníes, a los demás semitas no judíos y a los árabes en general? ¿La salvación de los hutus está en aniquilar a los tutsis? ¿La salvación de los gringos está en destruir a todos los demás, llámense rusos, chinos, musulmanes o migrantes abyayalenses; negros, cafés o amarillos; comunistas, socialistas o anarquistas; ecologistas, feministas, sindicalistas o librepensadores? ¿La salvación de la Europa blanca (ultraderechista, ultranacionalista) está en acabar con los migrantes no blancos? ¿Ganaron algo los nazis tratando de exterminar a los judíos?

Salvación se estrenó en febrero de este año en Berlinale 76 con gran éxito. A mí la verdad es que, desde el primer momento, me gustó mucho (en relación con lo que hasta ese momento se estaba viendo en el festival). Su argumento se centra en la enemistad histórica de dos clanes que viven en las montañas turcas: los Hazeran y los Bezari. Los Bezari siempre han tenido una mejor posición económica que los Hazeran, utilizando, a veces, los primeros, a estos últimos como servidumbre; pero, cuando un conflicto bélico afecta la región, los Bezari deciden dejarlo todo y huir. Por el contrario, los Hazeran eligen quedarse a enfrentar a los beligerantes que llaman terroristas. Aunque, de hecho, todos los bandos les llaman terroristas al contrario, al enemigo, sea este quien sea. Visibilizando o exhibiendo —al menos fue lo que me pareció y fue un detalle que considero muy interesante— esta nueva tendencia lingüística de llamar, desde las posiciones de poder, terrorista a toda aquella manifestación violenta no hegemónica del enemigo, para justificar una respuesta violenta desproporcionada de poco sustento.

Tanto me llamó la atención este detalle que, durante la rueda de prensa posterior a la proyección, le pregunté a Emin Alper al respecto del uso de la palabra terrorismo, y me dijo, más o menos, lo siguiente: Las palabras también son una especie de campo de batalla (arena fight), especialmente en temas tan polarizados. Si uno está en contra del nacionalismo kurdo, usa la palabra terrorismo. Si uno es nacionalista kurdo, usa la palabra luchador por la liberación. Así que los personajes se definen (se nombran) según el lado en el que te encuentres —es lo que yo entendí que quiso decir porque literalmente esta última parte no la dijo así—. Por eso usan constantemente las palabras terrorismo y terror.

Al quedarse, los Hazeran, deciden ocupar y trabajar las tierras abandonadas por los Bezari. Cuidándolas, manteniéndolas productivas, cultivándolas. Y esto es lo que parece da origen al conflicto. La película empieza cuando los Bezari, pasado el peligro (que combatieron los Hazeran), regresan y reclaman la devolución de las tierras por ellos abandonadas, ellos cuentan con el apoyo del gobierno e incluso exigen que la devolución de las tierras se haga antes de la cosecha que no trabajaron.

Ferit (Feyyaz Duman) es el líder espiritual de los Hazeran y parece tener una actitud conciliadora, inclinándose por la devolución de las tierras. Ferit es el hermano menor de Mesut (Caner Cindoruk), protagonista de la historia. Alguien que, en principio, al ser mayor que Ferit, quizás debió tener más derecho, o por lo menos mejor oportunidad, de ocupar el cargo líder espiritual, pero no fue así. Mesut en principio parece aceptar la posición de su hermano, poco a poco irá cambiando de opinión.

La película transcurre entre la explicación de todo esto y el debate interno que se va desarrollando en la comunidad. Así como en la transformación de Mesut, quien empieza a tener sueños muy reales que en ocasiones el espectador no sabrá distinguir con certeza de la realidad. Esto acompañado de supersticiones, la influencia de otros pobladores, algunos eventos violentos que, sin ningún elemento, se atribuyen a la casta rival y una buena dotación de narcisismo, llevarán a Mesut a asumir el liderazgo de la comunidad con la idea de la confrontación con los Bezari, como única forma de salvación. Dios lo ha llamado y se comunica con el a través de sueños y una semiótica particular para salvar a su pueblo.

El matiz onírico, mezclando sueños con realidad me parece apropiado, quizás exagera en uno o dos episodios, pero en lo general creo que cumple, no sólo narrativa, sino incluso estética y cinematográficamente con el progreso de la película. La forma en que el guion va desarrollando la trama, tomándose su tiempo para contextualizar cada elemento hermenéutico de la historia, me parece muy apropiada, pero habrá quien en algún momento se siente saturado o le parezca un poco agotador. De cualquiera de las formas, es decir, te haya parecido un poco lento o no el desarrollo de la historia, el final lo recompensará todo, es una de esas películas que trabajan todo el metraje pensando en un gran final que justificará cualquier exceso o defecto.

La película esta inspirada en un hecho real ocurrido en 2009 en Turquía, del que no daré más detalles procurando no dar muchas pistas de ese final que vale gran parte de la película y que seguramente los sorprenderá.

Uno de los elementos más característicos de la historia es la utilización de la religión y la superstición como elemento clave en la toma de decisiones del pueblo, todo tiene que venir de Dios o por lo menos tener su aval. De hecho, el lugar donde rezan es el mismo lugar donde se reúnen para dialogar y tomar decisiones políticas que determinan el futuro de la comunidad. Eso me recuerda la escena surrealista que se vio hace unos días, en donde Trump está, en el despacho oval, rezando con un grupo de lideres religiosos para que les vaya bien en la guerra (matando gente) en Medio Oriente, en Venezuela, en Cuba o en donde quiera que sea.

Un buen sector de la crítica, dentro del que me encuentro, ha afirmado respecto de Kurtulus que, aunque la película es bastante política, no deja de ser ambigua al no relacionar de una manera más clara los hechos narrados con situaciones reales que hoy en día tanto nos afectan y que a lo mejor pueden contribuir a que por algún lado haya un poco de justicia. Aun así, a diferencia de Cartas amarillas, la película que ganó el Oso de Oro en Berlín, Salvación sí otorga más elementos característicos para que, por sí mismo, el espectador pueda reinterpretar el filme asimilándolo a hechos reales de nuestro presente o pasado más próximo.

En este sentido, la película nos habla de cómo algunos lideres, por ambiciones de poder o dinero, demencia o simple narcisismo, manipulan a la población, utilizando elementos de fuerte trascendencia ideológica como los nacionalismos o las creencias religiosas, para sembrar miedos, muchas veces infundados, y hacer creer que la salvación de una comunidad se puede dar, únicamente, destruyendo a la otra que parece representar un peligro antes de que la otra los destruya.

Así, podemos encontrar en la historia de la humanidad, y en el presente, muchas similitudes con lo planteado por el largometraje. La influencia perniciosa de discursos nacionalistas o religiosos para justificar los actos más atroces, esta vigente más que nunca, como el nacionalismo recalcitrante de las ultraderechas (actuales y pasadas) europeas o la estadounidense, encabezada por Donald Trump y su “América primero”, este lema tan sencillo (de dos palabras) que define todos los abyectos argumentos que hacen que un pueblo piense que su salvación depende de aplastar al prójimo, porque América primero no esta estructurado en un sentido de competencia, un espíritu competitivo tratando de ser los mejores en todo en base al esfuerzo y la calidad, no, América primero esta estructurado en el sentido de América por encima de todos y si parar estar por encima de alguien tengo que destruirlo o hacer lo que sea, lo voy a hacer. Otro ejemplo lo encontramos en el sionismo que, bajo argumentos muy parecidos a los de la película, cometió genocidio contra los palestinos y todo parece indicar que ahora van por los libaneses.  

Con todo y lo trágico, el final de Salvación parece dar lugar a una esperanza de justicia, esa justicia hoy en día tan ausente y que hace ver al derecho internacional sólo como un ornamento caro y que deja el campo libre para que las grandes potencias hagan lo que quieran, como hicieron los europeos con África hace no tanto.

Adenda: La cuestión revolucionaria. La cosa de la Justicia Social

El presente análisis se ha hecho dejando de lado la cuestión de la Justicia Social. Lo anterior, porque así era más fácil empatar con el mensaje de la película y con los análisis burgueses que de ella se han hecho. Pero, no quiero dejar de lado hacer un pequeño comentario sobre la cuestión revolucionaria:

Mi general Emiliano Zapata, Ricardo Flores Magón y algunos otros antes que ellos, sostuvieron una premisa fundamental de la revolución: La tierra es de quien la trabaja. Si eso lo trasladamos a Salvación, podemos encontrar que había razones de justicia social para justificar la defensa de la tierra de los Hazeran frente a los Bezari. Ya que estos últimos, al parecer eran unos burgueses acaparadores de la tierra y explotadores del campesinado que se vendría representando en los primeros. Quienes tenían ademas el apoyo del gobierno y las fuerzas armadas como suele sucede siempre en los casos en los que el campesino o el proletariado se enfrenta a la burguesía.

En estas condiciones, aunque, de ninguna manera se justifica el actuar final de los Hazeran, más allá de cualquier nacionalismo, fanatismo religioso y oportunismo político, había una razón social, un elemento de justicia, para que en otros parámetros y estrategias, menos violentas e inhumanas, los Hazeran defendieran su derecho a tener una parcela de tierra (sobre todo si está ociosa) para trabajarla, frente a la aclaración y la especulación mercantil. 

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