En el marco de la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el Auditorio Kursaal se vistió de gala para rendir tributo a una de las intérpretes más camaleónicas y magnéticas del cine contemporáneo: la actriz británica Naomi Watts.
Tanto en la conferencia de prensa matutina como al recibir el Premio Donostia, Naomi Watts ofreció una mirada profunda sobre los retos de su trayectoria, el peso de los rechazos en Hollywood y la importancia de la perseverancia. Recordó cómo antes del papel que cambió su vida en Mulholland Drive atravesó una década constante de negativas donde sentía que siempre le faltaba o le sobraba algo. En ese contexto, destacó la figura de David Lynch como el mentor crucial que confió en su talento antes de que ella misma lo hiciera, enseñándole a guiarse por el instinto y a habitar personajes complejos para, en el proceso, descubrirse a sí misma.
El edadismo y la visibilidad de las mujeres maduras en la industria audiovisual fue otro de los ejes centrales de sus intervenciones. Watts rememoró cómo a los treinta años le advirtieron que su carrera expiraría al cumplir los cuarenta, una predicción que ha desafiado activamente al llegar a sus cincuenta. Celebró el cambio en la industria y la entrega de reconocimientos a actrices de su generación, enfatizando que las mujeres maduras son consumidoras de cine y televisión que exigen verse reflejadas en la pantalla mediante narrativas complejas, profundas y protagónicas.
Asimismo, la actriz ahondó en la exigencia emocional de su más reciente interpretación en La esposa perfecta (The Housewife). Admitió haber sentido dudas y ansiedad ante el reto de encarnar a una mujer integrada en la sociedad neoyorquina de los años sesenta que ocultaba un pasado vinculado a crímenes en campos de concentración nazis. Describió el rodaje como un proceso difícil por la carga mental que requería el personaje, pero asumió el reto con la responsabilidad de explorar cómo el odio y el horror pueden camuflarse tras las apariencias de la normalidad cotidiana.
Finalmente, Watts aprovechó el escaparate internacional para reflexionar sobre la coyuntura social contemporánea. Manifestó su preocupación por el clima político actual y el aumento del odio a nivel global, haciendo un llamado a permanecer alerta para no repetir los errores de la historia. De igual manera, reafirmó su compromiso social al utilizar su altavoz público para defender a la comunidad LGBTQ+ y a los colectivos más vulnerables ante cualquier forma de discriminación.
La llegada y la alfombra roja
Desde primeras horas de la tarde, el exterior del Kursaal se convirtió en un hervidero de cinéfilos y curiosos congregados tras las vallas de la alfombra roja. A su llegada, Naomi Watts respondió a la calidez donostiarra con una sonrisa cercana, tomándose el tiempo para firmar autógrafos y posar ante las cámaras de la prensa internacional. La actriz acudía al festival no solo a recoger la máxima distinción honorífica del certamen, sino también a presentar La esposa perfecta (The Housewife), su más reciente proyecto.
La ceremonia de entrega
Dentro del auditorio, conducido por el actor Jon Plazaola, la atmósfera se llenó de expectación hasta que subió al escenario el cineasta español Juan Antonio Bayona. El director, quien dirigió a Watts en la aclamada Lo imposible, fue el encargado de entregarle el Premio Donostia.
En una emotiva semblanza, Bayona recordó la intensidad con la que Watts aborda cada personaje, evocando anécdotas del rodaje que vivieron juntos y destacando su capacidad humana y profesional para «hacer magia» y conectar de forma visceral ante la cámara.
Un discurso conmovedor
Con la estatuilla en la mano, una visiblemente emocionada Naomi Watts ofreció un discurso cargado de gratitud, memoria y reivindicación:
- Gratitud y humildad: Inició su intervención confesando: «Nunca imaginé que mis sueños y esperanzas llegarían tan lejos».
- Homenaje a David Lynch: Dedicó unas palabras llenas de afecto al recordado director estadounidense David Lynch, quien confió en ella para Mulholland Drive tras una década de constantes rechazos en audiciones de Hollywood. «Supo verme cuando nadie más lo hacía y cambió mi vida; me enseñó a confiar en mi instinto», expresó dirigiendo un gesto al cielo.
- Reivindicación de las mujeres en el cine: Lanzó una potente reflexión sobre la madurez en la industria audiovisual, agradeciendo que el relato esté cambiando para que las mujeres mayores de 40 y 50 años sigan teniendo un espacio relevante: «A los 31 me dijeron que todo habría acabado a los 40. Gracias por permitir que sigamos viéndonos reflejadas en la pantalla».
El aplauso cerrado y de pie de todo el auditorio despidió a la actriz, consolidando su nombre en la selecta lista de leyendas del cine que han dejado su impronta en la historia del Festival de San Sebastián.




























