Fotograma de la película

“La era esta pariendo un corazón

No puede más, se muere de dolor

Y hay que acudir corriendo 

Pues se cae el porvenir. 

En cualquier selva del mundo

En cualquier calle”

Silvio Rodriguez.

FOA, C’era una volta il futuro (érase una vez el futuro), tuvo su estreno mundial en la 31ª edición del Festival Internacional de Cine de Busan, en la sección Flash Forward y luego competirá en Roma, en la sección Panorama Italia de Alice nella Città, en el marco del Festival de Cine de Roma. Por su parte, la directora Margherita Ferrari, ha sido seleccionada por European Film Promotion (EFP) para «Europe! Voices Of Women+ In Film», un programa dedicado a aumentar la visibilidad internacional de cineastas europeas y de género queer.

La película sigue a una joven embarazada de 18 años Nicole (Gaia Ravina) que permanece en su apartamento mientras afuera tiene lugar la reunión del G8 de Génova del 2001. Una historia generacional sobre quienes entraron en el nuevo milenio con una idea del futuro y salieron de Génova con otra. Veinticinco años después, Ferrari vuelve a aquella fractura política y emocional que marcó el comienzo de nuestro milenio.

En julio de 2001, en la cumbre del G8 en Génova, otra reunión, una anticumbre, se llevaría acabo paralelamente: más de 200.000 personas llegaron a esta ciudad de unos 600.000 habitantes para manifestarse en contra de las decisiones de política económica que ese grupo, de los 8 países más industrializados del mundo, estaban tomando en agravio de toda la humanidad. Veinticinco año después, el tiempo le da la razón a aquellos que salieron a las calles, con el corazón en la mano, a defender el porvenir de todos. 

Las manifestaciones del movimiento antiglobalización fueron en su gran mayoría pacíficas. No obstante, aquellos días estuvieron marcados por enfrentamientos violentos y una represión policial sin precedentes que también afectó a manifestantes no violentos, dejando imágenes que dieron la vuelta al mundo, como el asesinato de Carlo Giuliani, un joven manifestante de 23 años, que murió por un disparo de un carabinero. Así mismo, las fuerzas de seguridad realizaron una violenta redada nocturna en una escuela y cometieron abusos y torturas en el cuartel de Bolzaneto.

“Debo dejar la casa y el sillón

La madre vive hasta que muere el sol

Y hay que quemar el cielo 

Si es preciso, por vivir

Por cualquier hombre del mundo

Por cualquier casa”.

La película esta ambientada, casi en su totalidad, en la casa de Nicole, esta joven embarazada de 18 años que abre sus puertas a manifestantes que huyen de la salvaje represión policial. El filme transforma el hogar de Nicole en una frontera entre su mundo burgués, ajeno y distante a la problemática social, y una realidad en la que la lucha por los derechos, y un futuro que ya no existe más, está en las calles, protagonizada por jovenes de su misma edad, quemando el cielo si es preciso por vivir. 

Solo de esta manera los acontecimientos del exterior irrumpen en la vida de Nicole, que aunque no es ajena a los problemas de la vida (su embarazo juvenil), sí se encuentra inmersa en una esfera privada en donde rige el egoísmo característico de las clases privilegiadas, que no solamente son indiferentes al sufrimiento de la sociedad (salvo los domingos que dan caridad y el cura les recuerda lo del amor al prójimo), sino que les resulta ofensiva cualquier acción de resistencia. El acercamiento que tiene con este trio de manifestantes la obliga a madurar, a medida que toma consciencia del mundo en el que vive, que le había permanecido oculto, y ver más allá de esa esfera privada en la que ha estado inmersa. La tierra está pariendo un corazón.

La película está protagonizada por la actriz emergente Gaia Ravina. Quien en términos generales tiene un desempeño sobresaliente. En el reparto se incluye a Iker Urgoiti, cuyo personaje le da un toque de magia y sensibilidad a la historia, gracias en parte a la ejecución de Urgoiti.

La idea de la historia es muy interesante y bastante completa, Ferrari pudo, incluso, haberla complejizado y desarrollado más, explorando, por ejemplo, un poco más los antecedentes del G8 y de las movilizaciones, profundizando en las graves consecuencias de la represión o exponiendo un poco más los antecedentes y perfiles de cada uno de los personajes secundarios. 

No obstante lo adecuado de la historia, en el desarrollo del guion se notan algunas deficiencias: existen situaciones que se crean de una manera un tanto absurdas o que no entran en la lógica de la historia, que requerían de mayor creatividad en la parte de la escritura del guion para generar esas mismas situaciones que la directora quería de una manera más coherente. Aunque no son muchos los casos, podría dar algún ejemplo pero sería adentrarnos en el contenido de la película y caeríamos en las temidas revelaciones (spoilers dicen los gringos) para el espectador que quiere llegar los más impoluto posible a la proyección. 

Otro punto un tanto negativo, desde un óptica muy personal que suele ser rigurosa, es decir, fuera de la técnica, es que el largometraje deja la sensación de unos manifestantes endémicamente violentos, irascibles, más parecidos a unos asaltantes que quieren irrumpir un domicilio para robarlo que ha personas que luchan contra las grandes injusticias del mundo. Aunque paulatinamente esta apariencia se compone, creo que manejarlo, al principio de esta manera puede confundir al espectador y dar argumentos a los burgueses que no pierden oportunidad de mancillar a los manifestantes, de cualquier sector de la lucha social, como criminales.

En este punto, la película me recordó una muy famosa película mexicana, especialmente recordada en estos días, porque habla de la represión con aspiraciones genocidas que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz ejerció sobre las movilizaciones estudiantiles, en particular el 2 de octubre de 1968 (no se olvida) en la plaza de Tlatelolco. 

Hablo de Rojo amanecer, dirigida por Jorge Fons y magistralmente actuada por María Rojo y Héctor Bonilla. En este largometraje mexicano los estudiantes logran huir e igualmente buscan asilo en uno de los departamentos que rodean la plaza de Tlatelolco, pero ellos están heridos, aterrorizados y su actitud es distinta, son víctimas de todo a todo, uno incluso está tan herido que se encuentra al borde de la muerte, un poco lo que Ferrari estuvo tentada a transmitir con el personaje de Urgoiti.

Por otro lado, un acierto contundente es la inclusión de algunas imágenes de archivo de los hechos reales hacía el final de la película, lo que, a pesar de que son pocas, le da carácter al filme y lo catapulta hacía la búsqueda de la trascedencia. Sin esas adiciones la película hubiese sido muy distinta. En este sentido, al edición y el montaje son otro punto a destacar, en una película bastante buena y que debe ser vista porque resulta amena, entretenida y con una pequeña dosis de consciencia social, en la justa medida para que el gran público no sé sienta amenazado. 

Margherita Ferrari dijo que: «Föa nació de un recuerdo de infancia y de una pregunta sobre el futuro: ¿qué sucede cuando el mundo que habíamos imaginado desaparece? […] Decidimos contar la historia del G8 no como una página de la historia, sino como el sueño colectivo —y la pesadilla— que aún perdura en nuestro interior».

Al margen

Hay dos cosas que me vinieron a la mente después de ver la película de Ferrari: La primera fue este acrónimo que todos hemos visto, por lo menos en el mundo occidental, llámese la Abya Yala, Estados Unidos o Europa, me refiero a: ACAB que significa All Cops Are Bastards. Aunque las generalizaciones son malas y desde luego que siempre hay gloriosas excepciones que salvan las adocenadas reputaciones de instituciones como esta, la policial. La verdad es que el hecho de que este termino se haya internacionalizado tanto, al grado de la universalización, es porque no dejamos de ver 2 características en el actuar de la policía que confirman el acrónimo, la primera es hay abusos policiales en todos lados, siempre y hay veces y lugares, como México, en donde, si no eres burgués, te da más miedo un policía que un posible delincuente, un país en donde la policía puede extorsionarte, sembrarte droga para justificar tu detención o, si te va bien, solo torturarte un poco; y la segunda, porque están siempre al servicio de las clases privilegiadas y vigilando el cumplimiento de las injusticias institucionalizadas convertidas en Ley.

Ejemplo hay muchos, sólo por mencionar dos actuales: las recientes represiones en la marcha conmemorativa del 2 de octubre de 1968, que rememora la brutal actuación de ejército y policía en la movilización estudiantil de aquel año en México. Y, otro ejemplo muy actual, las imágenes de policías sirviendo de escolta y seguridad privada a agitadores de ultra derecha y grupos abiertamente neonazis como Núcleo Nacional en España, frente a la movilización ciudadana en busca de los derechos más elementales como es la vivienda o la búsqueda de una mejor vida en el caso de la migración.

Lo otro que vino a mi mente fue la canción La era está pariendo un corazón del gran Silvio Rodriguez, que empata tan perfectamente en la historia que nos cuenta la película que, estoy convencido, de haberla conocido o relacionado, la directora, la hubiese tratado de incluir en el largometraje. No sólo es porque Nicole está embarazada y pariendo un nuevo integrante (quizás con el corazón de lucha) de una nueva generación que nació sin futuro, sin la posibilidad de vivienda digna ni trabajo, con la amenaza de la Inteligencia Artificial, con el medio ambiente destrozado, el cambio climático matando gente, ya sea por inundaciones o incendios o cualquier otro desastre natural o social que se hubiera podido, sino evitar, prolongar, si viviéramos bajo un sistema económica que no nos obligase a destruirlo todo para aumentar la producción, en beneficio de unos pocos; sino porque ese bebe pudo ser el corazón combativo de aquella era, pero que se puede trasladar al presente porque en estos 25 años, solo se han confirmado los temores de aquellos manifestantes de Genova en el 2001.

La era esta pariendo un corazón habla de la crisis de una época (la tierra llora… no puede más, se muere de dolor), de la necesidad de salir a las calles o a la selva a defender los derechos (y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir), de solidarizarse (mi sombra dice que reírse es ver los llantos como mi llanto), del deber de dejar los privilegios, la casa y el sillón y parir un corazón valiente, consciente y de lucha, la lucha por un futuro, un futuro que no tenemos, hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir, por vivir dignamente. Porque el futuro es un cuento que generación tras generación nos siguen contando, como a los niños, para poder dormir tranquilos, pero que realmente no existe. 

Le he preguntado a mi sombra 

A ver cómo ando, para reírme

Mientras el llanto, con voz de templo

Rompe en la sala regando el tiempo

Mi sombra dice que reírse 

Es ver los llantos como mi llanto 

Y me he callado, desesperado

Y escucho entonces

La tierra llora

La era esta pariendo un corazón

No puede más, se muere de dolor

Y hay que acudir corriendo 

Pues se cae el porvenir 

La era esta pariendo un corazón

No puede más, se muere de dolor

Y hay que acudir corriendo 

Pues se cae el porvenir

En cualquier selva del mundo

En cualquier calle

Debo dejar la casa y el sillón

La madre vive hasta que muere el sol

Y hay que quemar el cielo 

Si es preciso, por vivir

Debo dejar la casa y el sillón

La madre vive hasta que muere el sol

Y hay que quemar el cielo 

Si es preciso, por vivir

Por cualquier hombre del mundo

Por cualquier casa.

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