Hay historias que no buscan complacer al espectador, sino desmantelar su comodidad, y el debut en el largometraje de Ione Hernández Sáenz logra exactamente eso. Hermanas irrumpe en la 71ª edición de la Seminci no como un simple melodrama familiar, sino como un dispositivo dramático que explora cómo las estructuras del silencio patriarcal terminan erosionando los lazos afectivos más íntimos. Ambientada en la aparente calma de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, la película transforma un idílico encuentro veraniego en un territorio minado donde el trauma soterrado durante décadas amenaza con destruirlo todo a su paso.
El verdadero motor de la cinta es la colisión interpretativa entre Emma Suárez y Elena Anaya, quienes encarnan a Chelo y Marta con una visceralidad prodigiosa. La narrativa no se apoya en artificios ni en giros efectistas; la tensión se cocina en la mirada retenida, el gesto contenida y el peso imponente de lo no dicho. Destaca de forma incisiva la contradicción del personaje de Anaya: una periodista dedicada profesionalmente a desentrañar verdades ajenas, pero incapaz de articular el abuso sufrido en su propia infancia. Es en ese dilema ético donde la dirección de Hernández Sáenz acierta al no ofrecer salidas fáciles ni juzgar a sus protagonistas.
Durante su presentación en la Sección Oficial, la película provocó una una mezcla de ovación entusiasta y un silencio reflexivo. En la rueda de prensa, el equipo de producción y el elenco dejaron claro que la propuesta no pretende acorralar al público con maniqueísmos morales sobre cuál es la decisión «correcta», sino exponer con crudeza la complejidad de evitar que una vida entera se desmorone al destapar un secreto doméstico. La recepción mediática y del público en el certamen ratifica que estamos ante una de las cintas más comentadas de la temporada.
Desde la perspectiva de la crítica, la película destaca por la sobriedad y el rigor formal con los que aborda una materia tan delicada como los abusos en el ámbito familiar. Lejos de regodearse en el dolor o derivar en un panfleto ideológico, la puesta en escena utiliza la atmósfera envolvente del paisaje para amplificar el aislamiento interior de sus personajes. Este equilibrio entre el cuidado estético y la fuerza temática posiciona al filme como una ópera prima madura que no teme confrontar las grietas de la institución familiar.
En definitiva, Hermanas se perfila como un punto de inflexión dentro del cine español contemporáneo al atreverse a habitar las zonas grises del dolor y la reconciliación. De cara a su desembarco en las salas de cine el próximo 27 de noviembre de 2026, la película no solo deja una marca profunda por su calidad cinematográfica, sino que se establece como una pieza de debate imprescindible que resonará en la conversación cultural mucho después de que se apaguen las luces de la proyección.
Galería en SEMINCI





Fotos y cobertura: Eduardo Aragón.



























