El paso de la miniserie Mis muertos tristes por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián ha dejado una de las ruedas de prensa más potentes de la edición. Dirigida por el cineasta chileno Pablo Larraín y basada en los oscuros relatos de la autora argentina Mariana Enríquez (quien también participó como coguionista y productora), la obra combina el terror gótico y sobrenatural con una aguda radiografía de la marginalidad urbana y el duelo. La producción de Fábula y Netflix, que se estrena este 24 de septiembre, sigue a Ema (Mercedes Morán), una médica recién jubilada con la capacidad de ver y hablar con los difuntos en un barrio golpeado del conurbano bonaerense, desencadenando una serie de enfrentamientos con los secretos del pasado y la violencia social de la zona.

Durante el encuentro con los medios, Pablo Larraín reflexionó sobre cómo el género fantástico se convierte en la herramienta perfecta para retratar la realidad latinoamericana. El director enfatizó que temas como la «gordofobia, sexualidad, violencia doméstica, racismo, marginalidad… todos se pueden abordar a través del género del terror». Larraín detalló además que el escenario de la historia es un barrio marginal «situado en el patio de atrás de la sociedad y que nos habla de décadas de abandono y olvido».

El elenco femenino aportó tanto agudeza conceptual como potentes declaraciones políticas y artísticas. Dolores Fonzi, quien encarna a la hija de la protagonista, destacó la libertad creadora que ofreció el universo de la serie al señalar que «de la mano de Mariana y de Pablo se permite hablar de malas madres, de malas hijas, de malas hermanas… se permite a estas mujeres vivir la vida como quieren y eso en general no se cuenta». Además, Fonzi no dudó en utilizar el micrófono para defender el presente de la industria cinematográfica argentina ante los recortes gubernamentales, declarando con contundencia que «la cultura es la memoria, es la identidad de los pueblos» y criticando a la «gente desalmada gobernando que pretende matar lo poco de alma que queda».

Por su parte, al abordar las complejidades del elenco y las temáticas que aborda la producción, la actriz Carolina Álvarez aportó un toque de ironía al recordar el proceso de casting: «Primero pensé que el director me había elegido porque sabía fingir un orgasmo, pero luego vi que él había visto lo que había detrás». Entre risas, elogios a la atmósfera extrañada al estilo de David Lynch y una firme denuncia política, el equipo de Mis muertos tristes cerró una jornada memorable en el certamen donostiarra.

Galería en el Festival de San Sebastián

Fotos: Eduardo Aragón

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