Es la onceava película de Tsai Ming-Liang de la serie «El caminante». Con su título en español «La deriva», fue proyectada en la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián el sábado 19 de septiembre a las 16:00 en un espacio cultural muy interesante que se llama Tabakalera. La cinta compite dentro de la sección Zabaltegi-Tabakalera, espacio donde se da cabida al cine que busca «nuevas miradas y formas, una auténtica zona abierta y de riesgo”. Su premier mundial se llevó a cabo hace tan sólo unos días en el Festival Internacional de Cine de Venecia («Venice Open»). Tendrá su estreno en salas españolas el 9 de octubre gracias Vitrine Filmes.

La serie El caminante empezó en 2012 y se centra en un monje budista que camina a otro ritmo, muy despacio, como si fuera en cámara lenta, mientras atraviesa distintos espacios con estéticas interesantes, mayoritariamente abiertos, que le proporcionan un atractivo visual. Es como si se meditara caminando, no hay trama visible, no hay diálogos, en estricto sentido no hay actuaciones y un solo personaje principal, tampoco hay drama ni conflicto alguno.

Son películas contemplativas. La deriva es la segunda que veo de la serie y la he disfrutado mucho más que la primera que vi, era la anterior a esta, creo. Uno va a los festivales de cine a ver de todo y muchas veces ni siquiera nos interesamos, algunos, en buscar información respecto de cada función que vamos a ver; abiertos a las sorpresas de la vida. Fue, sólo así, como entré la primera vez a ver una película de El caminante, de manera planeada a lo mejor nunca lo hubiese hecho.

Para serles honesto, la primera impresión que tuve es que había perdido el tiempo, pero luego, otra vez por accidente, volví a ver en el FICUNAM, la misma película que había visto en Berlín, en está ocasión mi decisión tampoco fue producto de una deliberación, en este caso, la confusión vino porque cuando la vi en Alemania el nombre estaba en chino, creo, alemán e inglés, en el festival mexicano se anunció con su título en español y no caí en la cuenta de que se trataba de la misma hasta que ya estaba sentado en la Sala Revueltas del Centro Cultural Universitario.

Pero este segundo accidente, porque desde luego que la volví a ver completa, rara vez me salgo de una sala de cine a media función, me sirvió para apreciarla mejor, con la mente abierta, sabiendo de antemano a que me iba a enfrentar y tratando de encontrar el porqué de un película que pasa todo el rato siguiendo a un monje budista que camina en cámara lenta.

El origen del proyecto se remonta a 2011, año en el que Tsai Ming-Liang colaboró con el actor Lee Kang-Sheng en la obra teatral Only You y quedo fascinado con una secuencia en la que el actor caminaba con extrema lentitud, al grado que decidió trasladar ese ritmo corporal a la pantalla, convirtiendo el cuerpo en un observador que recorre distintos lugares del mundo. El cuerpo entero como un observador, no solo los ojos, porque uno experimenta el mundo o debería de hacerlo con todos los sentidos, quizás esa es una de las lecciones que nos pueden dejar estas películas.

Para Tsai Ming-Liang, esta búsqueda de la lentitud conecta con la figura del monje chino Xuanzang, quien recorrió miles de kilómetros hasta la India en busca de escrituras budistas, durante la dinastía Tang (entre los siglos VII y X), época considerada como la Edad de Oro de la civilización china. Lee Kang-Sheng encarna una versión contemporánea de este monje: con la cabeza rapada, los pies descalzos y una túnica roja, el personaje camina a través del paisaje urbano en un ejercicio introspectivo radical.

Desde 2012, la serie Walker se ha filmado en diez ciudades, entre las que se encuentran Taipéi, Hong Kong, Marsella, Tokio, París, Washington D. C. y ahora, en esta entrega, San Sebastián, rodada durante el verano de 2025.

Esta nueva entrega, que he visto, ahora sí, por decisión propia, libre e informada, fue filmada en localizaciones de Gipuzkoa (San Sebastián, Hernani, Oiartzun), en espacios tan icónicos como el Peine del Viento, la Concha o Chillida Leku.

Tsai Ming-Liang, ha comentado que: «Este proyecto es experimental por su tratamiento del tiempo, el espacio y el lenguaje audiovisual. No tiene estructura narrativa tradicional, ni diálogos, ni progresión dramática. Su propuesta consiste en modificar la forma de mirar y escuchar: desautomatizar la percepción al romper con las convenciones del montaje, la continuidad y la expectativa narrativa. El efecto visual se construye a partir de planos fijos de larga duración, encuadres compuestos con precisión, y una atención minuciosa al ritmo interno de cada escena».

Como he mencionado, esta vez he disfrutado de La deriva. Para hacerlo hay que mentalizarse y estar abierto a una experiencia más estética y sensorial que cinematográfica y narrativa. La fotografía es muy buena, las locaciones que se escogen son la clave del metraje, siempre entornos con personalidad propia, que participan de la caminata del monje.

También hay una especial preocupación por el sonido, se buscan los que produce el propio ambiente, pero, en ocasiones, se magnifican con micrófonos estratégicamente colocados en los lugares donde se puede producir una mejor experiencia integral. Me da la impresión que también, al menos en esta edición, se han buscado paisajes naturales o con una arquitectura sobre saliente, brutalista, ya sea por los edificios o por que se enmarca entorno a esculturas de tamaño jumbo.

También en esta ocasión me ha dado la impresión de que se le da más participación a otros personajes (por llamarlos de alguna forma), la película ya no sólo sigue exclusivamente al monje, sino que se distrae de repente en otras personas, lo que creo que es una variación que aporta dinámica al largometraje de 79 minutos, más no podría ser.

Teniendo todo esto en cuenta, ver La deriva es una muy grata experiencia, muy disfrutable, si estamos en disposición de hacerlo, y seguramente dará mucho tema para comentar si se ha visto en compañía, a pesar de no tener trama, no tener diálogos, ni drama, ni ningún otro de esos elementos que juegan un papel importante en la cinematografía.

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