En defensa del arte clásico y del actual
Para que no se me malinterprete, debo decir que entiendo, partiendo de que el arte existe desde la prehistoria, que en todas las épocas ha habido arte y que el arte actual es arte. Ahora bien, en cada época ha habido una forma de pensar y eso genera formas artísticas distintas, produciéndose, en esos cambios estéticos, los períodos culturales. En el caso del arte actual, el arte se analiza a sí mismo y, al hacerlo, por ejemplo en pintura, separa sus componentes, distinguiendo: el bastidor, el lienzo, los tubos, los pinceles, las líneas, los colores, la intervención del artista, el objeto representado, las formas, las figuras… lo cual, en cierto modo, ya lo había expresado Maurice Denis ‒aunque se quedó corto en la relación de elementos que decía conforman un cuadro, pues solo incluye dos‒, cuando dijo que: “un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores reunidos con cierto orden”.

Esta labor de análisis deconstruye (destruye) el cuadro, es decir, la imagen representada de alguna cosa (persona, paisaje, batalla, marina, bodegón…), pero los elementos resultan ser artísticos. El caso es evidente en las líneas del cubismo, en los colores de la pintura abstracta y en otros nuevos estilos, creados por la posibilidad que ofreció la deconstrucción de generar nuevos lenguajes, como el ready–made, el nuevo realismo, el soporte superficies, el arte povera…; y sería el público de los no entendidos quienes cuestionarían que esas obras fueran arte, pero ni los sabios ni yo.

En esta (y en otras cuestiones), se ha malinterpretado el sentido de mis palabras. En este caso se ha entendido que yo tengo la dificultad de encontrar una definición del arte que abarque todos sus periodos de la historia, No es cierto y ya lo he demostrado dando una definición. Yo digo que esa dificultad de dar una definición es la de los sabios, ya que dan un valor a las obras figurativas habidas hasta ciertas épocas y otro a las posteriores, dividiendo la cultura en un período sin arte y otro con él, en contra de las evidencias.
Y, como ya he mencionado en la primera parte (ver), entiendo que el arte es comunicación, que el arte existe desde la prehistoria, que durará toda la existencia del hombre, que es y será un hecho continuo, sin períodos no artísticos, y que se caracteriza por utilizar una forma de expresión que es consecuencia de la forma de pensar de una comunidad cultural en cada etapa de su historia.

Lo que niego es que, en la historia del hombre, haya habido un cambio cultural drástico y que, en determinado momento ‒en Grecia, en el Renacimiento, en 1.300, en 1.400 o a finales del siglo XIX, según autores‒, apareciera de repente el arte y que lo anterior no fuera arte. La prueba de lo equivocada que resulta esa teoría es que ni siquiera se ponen de acuerdo en cuándo se habría producido esa eclosión artística, demostrando que no saben qué es el arte. Si lo supieran, sabrían cuándo apareció.

Lo que ha habido siempre es un cambio periódico de la mentalidad del hombre, que ha ido pasando por diversos estados (por lo que cada época tiene un carácter) los cuales han influido en la forma de expresión. Según entiendo, y creo más o menos aceptado, Grecia era idealista, y así era su arte. Roma era realista, especialmente en escultura. El Renacimiento era más racional, como lo demuestra la obra de Palladio, y el arte moderno y contemporáneo, aparecido a finales del siglo XVIII, es subjetivo.
Con un esquema similar, Winckelmann dividió la historia del arte griego en cuatro épocas diferenciadas por sus respectivos estilos. En esas épocas se producirían el estilo arcaico, el primer clasicismo, el segundo clasicismo y el estilo helenístico: respectivamente, con un sentido trascendental, material, lógico y emocional. Y los principios de esa clasificación pueden aplicarse a las etapas de cada período de la cultura occidental, de la misma forma que los hemos aplicado a los períodos de la cultura en la que vivimos y que todavía no ha terminado.

En defensa de la objetividad
Ya he manifestado anteriormente que no comparto ni las definiciones de los sabios ni las ideas de Avelina Lésper, a quien, sin embargo, reconozco el derecho a expresar su opinión sin que vea razón para la violencia con la que es atacada, que dice más de sus oponentes que de ella. Lo que critico es que los sabios, que no tienen una definición para el arte, nieguen validez a sus ideas ‒que repito, no comparto‒, puesto que, sin una definición, ellos no tienen forma objetiva de establecer si una obra es o no arte, pudiendo entenderse que esa clasificación sería caprichosa. Y si los argumentos de los sabios son caprichosos, la señora Lésper tendría derecho a clasificar el arte como mejor le parezca.

A falta de razones por parte de los sabios ‒que tienen generalmente razón, pero no razones‒, gana valor la interpretación objetiva de la señora Lésper, que dice que el arte es forma. En un tribunal no serían admisibles argumentos no razonados, como los presentados por los sabios, y se hubieran impuesto los argumentos razonados de esta crítica. Mi defensa de la señora Avelina es una defensa de su argumentación objetiva y en contra de las violentas manifestaciones de sus detractores por una cuestión de gustos e ideas.

Pero el caso es que, si mal no recuerdo, fue Ernst H. Gombrich, un sabio muy respetado entre los sabios, quien decía que la historia del arte era la historia del perfeccionamiento de la técnica de la representación (como si el arte se redujera a la pintura), resultando ser un valedor de la teoría de la mencionada señora. Pero, a diferencia de ella, Gombrich nunca fue atacado por sus ideas, demostrándose que los sabios no defienden la verdad, defienden a su fraternidad.
Nota 4: Imagen de Wikipedia. Águila de Zeus. – Attribution: Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com – Cambios: Dorada.



























