Fotograma de El jardín que soñamos. © Amondo Cine

El jardín que soñamos es el último largometraje (tercero) del director mexicano Joaquín del Paso, de quien ya había compartido la entrevista que le hice durante su premier mundial fue en la 76 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, un día lluvioso (nevoso) de febrero, creo que el 14, en el ZooPalast, un espacio magnífico, grande, con unos asientos que parecen de piel, de color claro, muy elegantes, que van más allá de lo cómodo, con amplio espacio entre fila y fila que permite estirar las piernas con cierta facilidad y entre asiento y asiento. La sala, a la que no llegué hecho sopa (ni congelado, o sopa congelada) gracias al poderoso chamarrón que traía, estuvo llena, a pesar de que la película fue programada muy cerca de la hora de la comida. No faltaron las voces cantaditas (un poco odiosas) de mexicanos de alcurnia en distintas zonas del inmueble. 

En el estreno (y probablemente en otras funciones) estuvo presente el director quien dio algunas sentidas palabras a la audiencia al inicio de la sesión. Del Paso iba acompañado de como unas 20 personas del equipo de la película, la mayoría productores, y la pareja de actores principales. En un buen gesto del director, los hizo subir a todos al escenario al finalizar la proyección en medio de los aplausos del respetable que había quedado visiblemente conectado con el proyecto que presentaba. Ya después, el moderador del festival, como era de esperarse, con mucha corrección hizo bajar a todos, menos a los artistas, es decir, los actores y el director del pequeño, pero alargada proscenio que hacía las veces de escenario. 

Luego en Málaga, Del Paso se haría acompañar por otro actor, esta vez de reparto, el novel Carlos Esquivel, que hace de Toño en el largometraje, y un productor, que tenía, por cierto, una visión muy mercantil del cine, un tanto pernicioso, como todo buen productor financiero; pero, Málaga, a diferencia de Berlín (donde los bajan de los escenarios, por improvisados que sean, bueno, a veces), se presta para eso. Se entiende que hay que cargar con los productores, porque en este mundo que gira alrededor del dinero, hacen posible la realización de películas, obras artísticas que sólo ven como negocio.

En Berlín, El jardín que soñamos compitió en la Sección Panorama, en la que paso sin mayor trascendencia. En el Festival de Málaga estuvo en la Sección Oficial a competencia, la principal, dentro del apartado de películas latinoamericanas (que algunos llaman iberoamericanas, pero habiendo una parte destinada únicamente a películas españolas, creo que es un error), acompañada de muchas muy buenas película que ya he mencionado en otro texto que se publicó recientemente aquí en la Vagabunda. Con lo que quiero decir que fue un gran mérito que haya terminado siendo la ganadora del máximo premio del festival en su categoría. La película también ganó los premios a Mejor Dirección para Joaquín del Paso y Mejor Fotografía que estuvo a cargo de Gökhan Tiryaki.

El filme trata de una pareja de haitianos: Esther (Nehemie Bastien) y Junior (Faustin Pierre) junto a sus dos hijas, Flor y Aisha. Esta familia de inmigrantes vive en los bosques de Michoacán (o el Estado de México), “contratados” (esclavizados) por la delincuencia organizada mexicana, que dentro de su amplio portafolio de “negocios” tienen ya desde hace mucho tiempo el de la tala ilegal de árboles. Esta familia tratará de sobrevivir en medio de este bosque, en una sencilla cabaña, aislados de las comunidades cercanas y a expensas de lo que sus patrones les abastezcan.

La película está muy bien hecha, se nota la mano de un director maduro, que sabe lo que hace y los resultados que quiere obtener en cada secuencia cuidadosamente realizada (salvo un par de excepciones). Las actuaciones son extraordinarias, incluidas las de las niñas. Un toque cinematográfico determinante de la película, y que termina siendo uno de los principales puentes con el espectador, es que Del Paso le imprime mucho realismo, y por eso, llama la atención, más de lo que debería, una escena, de la que luego hablaré, en la que esta seriedad en el reflejo de la realidad falla. 

Hay también una buena fotografía que aprovecha los espectaculares paisajes de las locaciones, hay una escena magnífica entre la neblina de un yermo donde Esther se arrastra con sus hijas, para el recuerdo. El guion es redondo, está muy bien llevado, no deja vacíos y muestra lo que quiere mostrar, lo cual, como se verá, a mi juicio termina siendo una deficiencia mayor.

En fin, en términos generales, la película está muy bien realizada estéticamente hablando —luego hablaré de la parte ética de la que no quedé tan convencido—, pero,  siendo muy exigente haría alusión a un par de detalles que para los exquisitos (entre los que espero no encontrarme. A mí, sino me gusta la película, es por otras razones) podrían resultar negativos: 

Por un lado, hay una escena de violencia, un enfrentamiento, una balacera, que medio se hace y medio no se hace, queda huérfana de padre (guion) y madre (producción). Al final no convence, se oyen y se ven unos balazos, hay algunos movimientos en el cerro y alrededor de un camión, luego todo se corta y lo que sigue son los cadáveres resultado de la acción que se corta. Hay una notable falta de producción en esa secuencia que creo que no era necesario incluirla y que de hecho, era mejor dejarla fuera, porque choca brutalmente con el realismo perfectamente impregnado en el resto del largometraje, donde, entre otras cosas, puedes ver como operaría un grupo delincuencial de este tipo, además de un par de escenas (de acción) de mucha exigencia que también son realizadas de manera implacable.

El otro detalle es en la actuación: Joaquín del Paso decide, muy acertadamente, dar el papel de Toño, el jefe de la plaza, por llamarlo de alguna manera, a Carlos Esquivel, un joven de la región que cumple con la encomienda dada bastante bien, tomando en cuenta que es su primera experiencia frente a la cámara. Pero, en algunas escenas se encuentra fuera de ritmo, a una velocidad distinta de los otros actores (principales) que traen todo el feeling (dicen los gringos) requerido, y eso  merma, un poco, al resultado final. No obstante, creo que es una buena decisión del director y de la coordinadora de casting (otro gringuismo, perdón), Isabel Barajas; porque era importante involucrar, aunque sea un poco, artísticamente, a las comunidades que se encuentran en la región donde se filmó y dar oportunidad a nuevos talentos. En este sentido, mi crítica va más bien enfocada al cobijo que pudo recibir Esquivel durante el rodaje. Quizás Carlos necesitaba de un poco más de trabajo preparatorio y ensayos a muerte, hasta sangrar, fuera de cámara y con lo otros actores, para que agarrará un ritmo parecido a los que ellos traían, porque madera tiene, sólo habría que cuidarla.

Del Paso también recibió la Biznaga de Plata a la Mejor Dirección. / Foto: Rocío Berriobianco. Fuente: El Sol de México

Tuve oportunidad de preguntar a Carlos Esquivel, en la rueda de prensa que se realizó en Málaga, lo siguiente, al respecto:

Pregunta: “Me parece que es tu primera experiencia en cine. Quería saber ¿cómo te sentiste?, ¿cuáles fueron los retos a los que te enfrentaste que tuviste que vencer? y ¿cómo es Joaquín como director en ese sentido, de actores?” 

Carlos: Joaquín es un excelente director. El ojo bueno se lo debemos aquí a Isa[Isabel Barajas], realmente ella nos descubrió. Y vaya, de ahí, pues todo es una inmersión donde para mí todo fue nuevo, porque realmente de vivir inmerso en el campo, a hacer una incursión como actor no es fácil. Porque en primera no tenía ni la preparación ni los elementos, entonces fue un trabajo muy duro de otras personas, todo un equipo de producción. Sería difícil mencionarlos a todos, entre ellos está Sal, Sergio, Francia y muchos, muchos, muchos otros; realmente fue un trabajo de equipo donde nos dejamos guiar; pero sí, fue durísimo. Y como actor, pues la experiencia es muy buena, me llevo una gran satisfacción…

Son nimiedades que observé en el estreno de la película y desde luego no demeritan considerablemente el resultado final. En lo que sí creo que hay más puntos criticables, de cierta trascedencia, es la cuestión narrativa; y como se ha dicho, no porque esté mal contada artísticamente, sino porque alguna persona después de ver está película puede quedar con una idea un poco distorsionada de lo que son los talamontes y las autodefensas.

En la película se pinta a las autodefensas de una manera muy negativa, como gente extraordinariamente autoritaria, sin criterio, deshumanizada y con una visión muy corta de la vida y del mundo. Hay una sola secuencia en la que aparecen, en esta, la familia migrante quiere pasar al pueblo, cuyo acceso se encuentra bloqueado por las autodefensas, porque una de las niñas está enferma y necesita con urgencia una medicina en particular. Los autodefensas, lejos de dejar pasar a la familia que explica que solo quiere ir a la farmacia, los maltrata y les niega el acceso con un despotismo fuera de lo común; ósea, el problema no está tanto en que les nieguen el acceso para lo que lo requieren (que ya en sí es un conflicto), sino que lo hagan como lo hacen. Todo ello porque los vinculan, como cierto que es y por lo tanto suena lógico, con la banda que opera en la zona.

Todo esto se complica más y confirma la tendencia hacía ciertas posturas muy bien predeterminadas, ya que, por otro lado, a los talamontes no se les dibuja con el verdadero rigor criminal que estos grupos delictivos tienen en la realidad, de hecho, hay algún momento en el que Del Paso trata de darles cierta humanidad y hasta justificarlos, características que muy difícilmente se pueden encontrar, en términos generales, en estas personas, que así como cortan arboles, levanta migrantes, se apoderan de tierras, desaparecen gente o distribuyen droga. 

Como estos detalles los noté, a primera vista, es decir desde aquel día del amor y la amistad en el nevoso Berlín; cuando tuve oportunidad de entrevistar a Joaquín del Paso, aproveché para preguntarle y tratar de ampliar mi limitado criterio: 

Pregunta: Dentro de todos los temas interesantes que tocas, uno que me parece muy interesante es el de las autodefensas ¿Cambió tu idea respecto de las autodefensas después de este tiempo de convivencia con las comunidades? ¿Cómo ves tú este fenómeno que está sucediendo en México? 

Joaquín: Uno de los temas de la película es que todos están en contra de todos, ¿sabes? Las autodefensas están cuidando sus objetivos; los talamontes, sus objetivos; la familia está intentando sobrevivir ante todas estas como amenazas externas; el bosque también está, digamos, resintiendo todo eso. Entonces, es como un tablero donde todos están jugando en contra de todos. Las autodefensas como es sabido, pues, es como el origen de muchísimos movimientos, el origen es fuerte y es muy noble que es defender el territorio, pero en algunas situaciones ese poder que se adquiere al superar al Estado también trae casos de corrupción y autoritarismo. Yo quería mostrarlo desde un lugar donde existieran las dos cosas: una necesidad de proteger el territorio, pero también de gente que está aprovechándose de la situación.

Pregunta: Hay en particular una escena que me llamó la atención, que fue cuando el personaje de Toño hace como un pequeño monólogo respecto a que nosotros, la sociedad, también somos un poco hipócritas respecto de que, de alguna manera, quizás superficialmente, criticamos las cosas, pero al final no estamos tomando acciones directas respecto de cómo mejorarlas ¿Tú cómo quisiste meter ese mensaje, es decir, qué fue lo que pensaste para meter esta parte?

Joaquín: Yo quería quitarle a Toño el carácter de ser un malo arquetípico; intentar encontrarle las razones detrás de por qué vive esa vida y por qué esta gente vive esa vida al borde de la ilegalidad, o más bien, en la ilegalidad. Siento que las circunstancias nos llevan como personas a hacer diferentes cosas y hay gente que terminó haciendo ese trabajo porque no había, mucho, otra opción, ¿no? Y, entonces, quise generar, digamos, como una duda sobre el aspecto moral de cortar un árbol y sobre por qué ellos serían catalogados como gente mala cuando las circunstancias los llevaron a hacer eso. No viene desde un lugar de malicia, sino de un lugar de necesidad y de que esa es su posición en el mundo. La madera que utilizamos día a día, pues, generalmente nos rodea, y viene de estos lugares y este tipo de gente es la gente que la corta. Y hay veces que la madera que nos llega también viene de recursos ilegales. Entonces, quise mostrarlo desde un lugar, como tú dices, ambiguo y mostrando dos caras de la moneda. 

Como se puede observar, ya explicado, se puede entender la perspectiva del director al hacer la película como la hizo, el problema que yo veo es que a primera vista, es difícil que el espectador llegue a estas conclusiones, porque no hay un equilibrio narrativo dentro del filme. Ese equilibrio se deriva de la entrevista, pero no en la descripción cinematográfica de uno y otro grupo; y lo que preocupa es que parece que es algo que se hace deliberadamente. 

En el caso del grupo delincuencial, aunque no dudo que algunos de los grupos delincuenciales que operan en esa región sean muy locales, es decir, gente, sin tanta malicia que sólo busca la explotación privada del bosque. La verdad es que también muchos de esos grupos son creados, absorbidos o controlados por las grandes organizaciones delincuenciales del país. Y que en cualquiera de los casos, con tal de seguir la explotación ilegal, agreden a las comunidades que quieren detenerlos en grados de violencia a veces extremos que hacen que surjan las vilipendiadas autodefensas. No es que la gente quiera tomar las armas y defender su territorio y su comunidad por gusto, lo que pasa es que entre la incapacidad del Estado mexicano y la violencia ejercida por las bandas, no les que da de otra. 

Para muestra un botón, justo cuando escribo estas líneas (30 de marzo) leo en los periódicos que la comunidad nahua de Ostula, en Michoacán, informó que: en la madrugada del domingo 29 de marzo el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) atacó la encargatura de La Cofradía, tenencia de Santa María Ostula, municipio de Aquila. Cuarto ataque directo desde 2025 del CJNG contra la comunidad indígena. El más reciente ocurrió el 6 de diciembre de 2025, cuando un coche-bomba estalló frente a las instalaciones de la Policía Comunitaria de Coahuayana, con un saldo de siete personas muertas, entre ellas, tres policías comunitarias. Anteriormente, en julio de 2025, La Cofradía fue baleada con armamento de alto poder, aunque la guardia comunal también pudo repeler la agresión. En abril de ese año hubo otra agresión en la localidad de Las Minas. En febrero, se reportó una incursión de más de 40 atacantes que balearon e incendiaron las oficinas de la policía de La Cofradía. Las autoridades comunales de Ostula han relacionado los ataques del crimen organizado con el despojo de los recursos naturales, pues en las 17 mil hectáreas comunales hay minerales (oro, plata y hierro) y maderas preciosas. Para frenar la inseguridad, Ostula, La Cofradía, y demás poblaciones de la zona han demandado desde hace más de un año la instalación de una Base de Operaciones Mixta, así como el respeto de las guardias comunales y garantías para su funcionamiento de su guardia comunal.

En Málaga, pregunté a Toño, Carlos Esquivel respecto de esto:

Pregunta: ¿Cómo es este contexto, porque yo sé que tú eres de ahí, ¿cómo qué nos podrías enriquecer un poco más del contexto de la problemática? Porque el cine no puede abarcarlo todo, ¿no? Es decir, hay muchas cosas que por más que uno quisiera no pueden establecerse. Entonces, ¿qué comentario nos podrías hacer respecto al lugar donde se lleva a cabo la película y sus comunidades? 

Carlos: La situación es mucho más dura y compleja de lo que se alcanza a ver. Aunque Joaquín dice que es mera ficción y, como en todos lados se dice: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, no. Yo creo que es un proceso que se vive a nivel global, donde las grandes mafias, o la maña como le llamamos en México, está presente. Y es muchísimo más fuerte que, al menos en México, que el gobierno, porque pone y quita a, precisamente, quiénes van a dirigir. Y aunque si hay permisos controlados para el aprovechamiento forestal, es muchísimo más lo que se explota por estos grupos criminales. Entonces, en la película encarno a un personaje que se llama Toño o don Toño, que finalmente, como ahí mismo se menciona, es un mal necesario. ¿Por qué? Porque entre estos grupos de migración, llámese que vienen de África para Europa o que vienen de Sudamérica para Estados Unidos, a México nos toca ser centro, un centro donde sí, se estaban quedando y se siguen quedando muchos que ya no buscan oportunidades en Estados Unidos. ¿Por qué? Porque el cine es una forma de… A final de cuentas es política. Se tratan temas muy, muy, muy políticos que se velan un poco, pero la cuestión es de que estos grupos criminales manejan grandes, grandes cantidades, no solo de personal, sino de dinero, y finalmente son los que le dan trabajo a todas estas personas que legalmente no pueden, porque acordémonos, es muy difícil que se les dé un permiso tan solo de estadía o de ciudadanía o para migrar; entonces de algo tienen que vivir, y ahí es donde entra don Toño… la tala es muy, muy, muy fuerte. Hay muchos grupos, son más de 16 a nivel nacional. Y todo esto no se acaba si desde arriba no les cortamos la cabeza.    

No pierdan la oportunidad, que seguramente tendrán, de ver El jardín que soñamos de Joaquín del Paso, y sacar sus propias conclusiones, a la luz claro de la presente critica que seguramente le abrirá el espectro de análisis.

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