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No pretendemos negar que ciertas representaciones contengan verdades esotéricas, símbolos o enigmas. Lo que se niega es que para que una obra sea artística deba tener un origen o un carácter mágico, y que nos lleve a un mundo superior, pero desconocido para el común de los mortales. Y aceptamos que exista otro aspecto del mundo material, pero que estaría formado por verdades lógicas o comprobadas por la experiencia y no reveladas al público general; de la misma forma que un nobel de literatura –por mucha cultura que tuviera– no sabría de los secretos de la medicina nuclear. No es aceptable pensar que una representación pictórica pueda trasmitir un conocimiento del que, hasta su ejecución, no se tuviera constancia. Cuestión distinta sería que, alcanzado un conocimiento, este nos permita, por la razón o la experiencia, sin magia alguna, ascender un peldaño en la escalera del conocimiento –como hace la ciencia–, y descubrir una nueva verdad y hasta presentarla de forma figurativa –artística o no artística–.

Imagen de Pexels, de Hulki Okan Tabak

Nuestro interés no es criticar  la novela histórica, pues todos buscamos relajarnos con una buena historia. Pero lo que a nosotros realmente nos interesa es definir el arte, y nada de lo que dicen los iniciados tiene que ver con la cuestión teórica, aunque lo pudiera parecer, en vista de que nos presentan hechos evidentes relacionados con el arte. Pero es posible que su interpretación sea incorrecta y que esos hechos no sirvan para definir el arte,  y eso es lo que queremos aclarar.

Todo cuanto se manifiesta en una pintura artística puede mostrarse en una representación no artística o en una exposición verbal. Pero vemos un empeño por vincular al arte con lo esotérico, y nos encontramos ante una situación que resulta desconcertante, debido al mal uso de los términos que hacen los iniciados, pues lo que se produce es un error por ignorancia, aunque la filosofía ya se había tenido que encargar de aclarar la cuestión, y nos dice que, aunque dos cosas sean simultáneas, eso no implica que una sea causa y, la otra, efecto.

Imagen de Pexels, de Kindel Media

¿Qué es lo que está ocurriendo? Pues que, en esa búsqueda de lo arcano, se han mezclado y presentado como idénticas dos cuestiones diferentes. Y, según la explicación que se nos ofrece, el arte quedaría condicionado a la verdad de su contenido. Y resulta sorprendente pues los autores y defensores de esa “verdad” tienen una extensa y envidiable cultura y, aun así, no han sido capaces de comprenderlo. Pero es posible que no quieran hacerlo porque no tengan un absoluto interés por la verdad y ya hay quien ha dicho que busca la verosimilitud, es decir, la apariencia de verdad, que se opone a la veracidad, a la verdad.

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