Mi nombre es Akata, tengo 23 años y soy una artista drag latina originaria de McAllen, Texas, orgullosamente representante del Valle del Río Grande y de la frontera entre México y Estados Unidos. A través del drag, el diseño de vestuario, el maquillaje y la fotografía, busco crear imágenes que rindan homenaje a mis raíces mexicanas desde una perspectiva contemporánea, teatral y personal. Mis creaciones incorporan elementos de la identidad mexicana, la moda y el arte, convirtiendo cada imagen en una expresión de orgullo cultural y libertad creativa. Creo que el arte también es una forma de preservar, reinterpretar y celebrar nuestras raíces, y sería un honor poder compartir esta visión con sus lectores.

Este vestuario es mi manera de decirle a México que lo llevo conmigo, que honro a quienes vinieron antes que nosotros y que, mientras exista el arte para contar nuestra historia, nuestras raíces jamás dejarán de florecer.

La Entrevista

Afirmas que México vive en tu imaginación y que la conexión no depende de una frontera. ¿Ha habido momentos en los que has sentido tensión entre la identidad del lugar donde vives y el México de tu memoria o imaginación? ¿Cómo resuelve tu arte esa nostalgia?

Akata: México siempre ha sido parte de mí desde que era pequeño. Mis padres siempre nos llevaban a Tamaulipas para visitar a nuestra familia, así que crecí viendo y viviendo México de muchas maneras. Incluso en casa, a través de la comida de mi mamá, del idioma español y de nuestras tradiciones, nuestra identidad mexicana siempre estuvo muy presente.

Conforme fui creciendo, comencé a aprender mucho más sobre México, especialmente sobre su arte. También soy pintor y trabajo con óleo. Frida Kahlo es una de mis mayores inspiraciones, junto con Remedios Varo, Leonora Carrington y tantos otros artistas mexicanos que han marcado mi manera de ver el mundo. México siempre ha estado presente en mi obra, y ahora que me he convertido en artista drag, todas esas influencias se unen y encuentran una nueva forma de expresión a través de mi arte.

Creo que una de las cosas más difíciles de vivir en Estados Unidos en este momento es el clima político y la manera en que se ha intentado dividir a nuestra gente, nuestra identidad y nuestra cultura mexicana. Sin embargo, eso jamás me impedirá seguir representando a México con orgullo. Al contrario, me motiva aún más a honrar nuestras raíces, nuestra historia y la belleza de nuestra cultura. Porque, sin importar las fronteras, México siempre vivirá en mí y en todo lo que hago.

Akata Drag. Fotografía cortesía del artista

Hablas de un proceso de uno a dos meses donde cada flor y cristal fue colocado a mano con tu madre. Más allá de la paciencia, ¿qué desgaste o transformación personal viviste durante ese tiempo de confección íntima y qué descubriste sobre ti a través de las manos de tu madre?

Akata: ¡Ay, Dios! Todo lo que soy se lo debo, en gran parte, a ella. Mi mamá y toda mi familia siempre han celebrado quién soy, sin pedirme que cambie ni que deje de soñar. Pero mi mamá, en especial, ha sido una de las razones más grandes por las que hoy puedo hacer todo lo que hago. No importa qué tan loco, imposible o fuera de lo común parezca uno de mis sueños; si eso me hace feliz, ella encuentra la manera de apoyarme. Su amor nunca me ha hecho sentir que tengo que ser alguien diferente para merecerlo.

Crear este vestuario junto a ella me hizo comprender algo que quizá siempre había sabido en el fondo de mi corazón: que tenerla a mi lado es uno de los regalos más grandes de mi vida. A veces, cuando perseguimos nuestros sueños, pensamos que necesitamos muchas cosas para sentirnos completos: reconocimiento, éxito, oportunidades o la aprobación de los demás. Pero mientras colocábamos cada flor y cada cristal, me di cuenta de que, mientras tenga su amor y pueda compartir estos momentos con ella, ya tengo algo invaluable. El mundo puede cambiar, las circunstancias pueden ser difíciles y muchas cosas pueden faltarme, pero su amor es una de esas cosas que me recuerdan que nunca estoy solo.

Cada flor y cada cristal de ese vestido fueron colocados con muchísimo amor, paciencia y dedicación. Para mí, no eran simplemente adornos; cada detalle guardaba un pedacito de nosotras, de nuestro tiempo juntas y de todo lo que hemos construido a lo largo de mi vida. Quizá alguien vea el vestuario y admire sus colores, sus brillos o su belleza, pero yo siempre voy a ver algo más: voy a ver las manos de mi mamá trabajando junto a las mías, las horas que compartimos y el amor que quedó impregnado en cada detalle. Y eso es algo que ningún diseñador, ningún premio y ningún reconocimiento podría reemplazar.

Akata Drag. Fotografía cortesía del artista

Dicen que la comida sabe más rica cuando se prepara con amor, y creo que es completamente cierto. Pero esa misma idea se puede aplicar a todo lo que hacemos en la vida. Cuando creas algo con amor, no solo estás construyendo un objeto bonito; estás dejando una parte de tu corazón en él. El amor transforma las cosas más sencillas en algo extraordinario, porque les da un significado que va mucho más allá de lo que los ojos pueden ver.

Creo que eso fue lo que descubrí durante esos uno o dos meses de confección: que la verdadera belleza no está únicamente en el resultado final, sino también en todo lo que entregas para llegar a él. Aprendí que el amor puede convertirse en arte, y que a veces las piezas más hermosas que creamos no son las que llevamos puestas, sino los recuerdos que construimos con las personas que amamos.

Por eso, cuando llevo este vestuario, no siento que estoy representando solamente a México, a mis raíces o a mi identidad como artista drag. También llevo conmigo a mi mamá. Llevo su amor, su apoyo y una parte de todo lo que ella me ha ayudado a ser. Y si alguien me pregunta por qué quedó tan hermoso, mi respuesta siempre será la misma: porque lo hicimos con amor. Y para mí, no existe nada más hermoso que eso.

Utilizas la flor —un elemento efímero por naturaleza— como un símbolo para inmortalizar y desafiar el paso del tiempo. ¿Es el arte drag tu manera de hacer permanente lo que la sociedad muchas veces considera pasajero o marginal?

Para mí, el drag es la oportunidad de darle vida a un alter ego, a una versión de mí que quizá no muestro todos los días. Es belleza, glamour, fuerza, audacia y feminidad. Me permite encarnar a esas mujeres extraordinarias que admiro y que me han inspirado a lo largo de mi vida, convirtiendo esa admiración en algo propio. Pero el drag también es una forma de arte: arte en el maquillaje, en los vestuarios, en cada detalle y en cada historia que contamos a través de nuestra imagen.

Creo que, muchas veces, la sociedad no valora el arte ni a quienes dedicamos nuestra vida a crearlo tanto como debería. Esto no sucede solamente con el drag, sino también con los pintores, los diseñadores y todos aquellos que transformamos nuestras ideas, emociones y experiencias en algo tangible. A veces, las personas ven únicamente el resultado final, sin comprender las horas de trabajo, la historia y el corazón que existen detrás de cada creación.

Por eso amo crear piezas extraordinarias. Saber que podrán conservarse y ser apreciadas por generaciones me hace sentir que estoy dejando algo de mí en este mundo. Quizá algunas personas no comprendan su valor hoy, pero confío en que, tarde o temprano, encontrarán a quienes sepan mirarlas y reconocer todo lo que representan. Porque el arte verdadero no siempre necesita ser comprendido por todos en el presente; a veces, solo necesita sobrevivir al tiempo para encontrar a las personas indicadas. Para mí, esa también es la magia del drag: convertir algo que muchos consideran pasajero en una obra que puede vivir mucho más allá de nosotros.

Akata Drag. Fotografía cortesía del artista

Reúnes en una misma pieza la devoción mariana de la Virgen de Guadalupe, el tránsito del Mictlán con el Xoloitzcuintli y la irreverencia de María Félix. ¿Cómo dialogan en tu mente estos símbolos que a menudo parecen contradictorios, y qué dicen sobre la libertad de redefinir lo sagrado?

Akata: El drag es la oportunidad de darle vida a un alter ego, a una versión de mí que quizá no muestro todos los días. Es belleza, glamour, fuerza, audacia y feminidad. Me permite encarnar a esas mujeres extraordinarias que admiro y que me han inspirado a lo largo de mi vida, convirtiendo esa admiración en algo propio. Pero el drag también es una forma de arte: arte en el maquillaje, en los vestuarios, en cada detalle y en cada historia que contamos a través de nuestra imagen.

Creo que, muchas veces, la sociedad no valora el arte ni a quienes dedicamos nuestra vida a crearlo tanto como debería. Esto no sucede solamente con el drag, sino también con los pintores, los diseñadores y todos aquellos que transformamos nuestras ideas, emociones y experiencias en algo tangible. A veces, las personas ven únicamente el resultado final, sin comprender las horas de trabajo, la historia y el corazón que existen detrás de cada creación.

Por eso amo crear piezas extraordinarias. Saber que podrán conservarse y ser apreciadas por generaciones me hace sentir que estoy dejando algo de mí en este mundo. Quizá algunas personas no comprendan su valor hoy, pero confío en que, tarde o temprano, encontrarán a quienes sepan mirarlas y reconocer todo lo que representan. Porque el arte verdadero no siempre necesita ser comprendido por todos en el presente; a veces, solo necesita sobrevivir al tiempo para encontrar a las personas indicadas. Para mí, esa también es la magia del drag: convertir algo que muchos consideran pasajero en una obra que puede vivir mucho más allá de nosotros.

Mencionas que María Félix te inspira a «ocupar tu espacio y crear sin miedo». Como artista fronteriza y drag queen, ¿cuáles han sido las fronteras invisibles o prejuicios más difíciles de romper para reclamar tu propio espacio dentro y fuera de la escena artística?

Akata: Para mí, estos símbolos no son opuestos; representan distintas partes de la identidad mexicana: la fe, nuestras raíces ancestrales, la fuerza, la feminidad y la libertad. Todo México me inspira, desde nuestra religión y nuestras tradiciones hasta los íconos que admiro y que han marcado mi manera de ver el mundo. María Félix, por ejemplo, no representa solamente la rebeldía, sino también el poder, la belleza y, sobre todo, la confianza en una misma. Ella nos enseñó que una mujer puede ocupar su espacio sin pedir permiso ni disculpas por quién es.

Akata Drag. Fotografía cortesía del artista

Representar a una cultura entera ante el mundo puede ser un honor, pero también una responsabilidad pesada. ¿Existe el temor de que tu visión personal de México no encaje en lo que otros esperan, o has hecho las paces con que este homenaje es únicamente tu propia verdad?

Akata: México es un país inmensamente diverso, lleno de historias, tradiciones, creencias y formas de expresión, y creo que ningún artista podría representar por completo todo lo que significa ser mexicano. Por eso, mi intención nunca ha sido hablar en nombre de todos, sino compartir mi propia verdad y rendir homenaje al México que me ha formado, al que vive en mis recuerdos, en mi familia y en todo lo que me inspira.

Por supuesto, cada persona puede interpretar mi arte de manera diferente, y eso también es parte de su belleza. No creo que exista una sola manera correcta de representar a México, porque nuestra cultura es demasiado grande y rica para caber en una sola visión. Lo que busco es honrar nuestras raíces desde mi propia perspectiva, con respeto, admiración y amor. Al final, este homenaje es mi manera de decirle al mundo lo que México significa para mí. No necesito representar a todo un país para demostrar cuánto lo llevo en el corazón.

Akata Drag. Fotografía cortesía del artista

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