Hace 30 años se estrenó una película que en sí misma es un homenaje a la historia del cine: Cinema Paradiso. La película dirigida por Giuseppe Tornatore que en aquel entonces tenía apenas 32 años.

La historia está ambientada unos años después de la Segunda Guerra Mundial, en un pequeño pueblo llamado Giancaldo, en Sicilia, Italia. Cuenta la historia de Toto, un niño que pasa su infancia dentro del cine del pueblo, en compañía de Alfredo, el encargado de poner las películas.

Alfredo, era un señor bonachón y que a pesar de ser analfabeto, le dio las más grandes enseñanzas a Toto, quien había perdido a su padre en la guerra.

Él le enseñó a trabajar, a apreciar la vida, y en especial, a amar el cine. Lo que llevó a Toto a convertirse en un gran cineasta.

Toto duró 30 años sin regresar a Giancaldo, y tras el éxito y la fama, recibió la noticia de la muerte de su gran amigo y tutor, que lo llevó a enfrascarse en un mundo de recuerdos.

Recordó los días en que las funciones reunían a toda la gente del pueblo, a sus compañeros de juegos, al sacerdote que recortaba las escenas «pecaminosas», recordó sobre todo a su gran amor: Elena.

A través de la vida de Toto, esta joya cinematográfica nos narra lo que durante años representó el cine para una sociedad: el eje sobre el que giraba la distracción que aglutinaba a todas las clases sociales. Así como el derrumbe de esa época dorada.

Acompañada de la música de Ennio Morricone, Cinema Paradiso nos hace experimentar la nostalgia del paraíso perdido y el amor al séptimo arte.

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