Al igual que en nuestra reseña vagabunda anterior sobre la novela de Vila-Matas, Extraña forma de vida (2013), Recuerdos del futuro de Siri Hustvedt trata también sobre una aspirante a escritora, solo que aquí, nuestra protagonista llega desde Minnesota a la Nueva York de finales de los años setenta.

En Nueva York descubrirá la multitud, poco a poco a los amigos, los relatos entrecortados de su vecina Lucy que espiará a través de la pared, el mundo cosmopolita, sello distintivo de la ciudad de los grandes rascacielos que la cautivará y que tratará de replicar con sus pocas prendas y actitudes simuladas, hasta que poco a poco, Minnesota -como más tarde la bautizó su amiga Whitney- se camuflaría entre los miles de neoyorquinos.

Se instaló en un pequeño cuarto, con la austeridad propia de estudiante que apenas alcanza para cubrir la renta y salir del paso con comida enlatada o repitiendo el menú día tras día. Se dispuso a hacer de esa minúscula habitación la guarida desde donde labraría su obra como escritora.

En Nueva York no buscaba la felicidad ni comodidades sino aventuras, y sabía que la persona aventurera debe someterse a un sinfín de pruebas por tierra y por mar antes de regresar a casa, o acaba sucumbiendo a manos de los dioses. Entonces no sabía lo que ahora sé: que al escribir también me escribía.

Y así fue. Las pruebas llegaron una a una, en medio del descubrimiento de lo sexual, la rabia, la amistad, el amor, la soledad, trastocando su mundo y las propias ideas que tenía de aquello a lo que debía enfrentarse, pues estas la sorprendieron y se vio atrincherada entre el miedo y la vergüenza; la obstinación y el orgullo. A través de pequeñas historias o de los apuntes de diario, Minnesota nos sumergirá en sus aventuras del pasado.

Hustvedt nos entrega una obra cargada de metaliteratura y feminismo

De thriller psicológico y bildungsroman, reza la contraportada. Una novela a medias entre la ficción y la autobiografía, que nos traza la construcción a tientas del universo femenino desde la niñez y la juventud hasta la edad madura desde la que se ven los recuerdos y se cae en cuenta de cómo las épocas dejan su huella en esa misma construcción.

Foto: Silvia Ibarra Ramos

En esta entrevista del El País, Siri Hustbedt habla sobre Recuerdos del futuro:

 

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