Juan-Pablo-Villalobos-Xquipi-premio-cine. Imagen obtenida de Aristegui Noticias

No te enojes Cihuapipiltin,

 aquí te entrego, no te enojes,

 que viva muy bien la criatura,

 que crezca muy bien,

que no encuentre nada,

que viva muy bien la criatura.

En algunas comunidades originarias de lo que hoy es México persiste la tradición ancestral de enterrar el ombligo del recién nacido. Esto se refiere a enterrar el cordón umbilical y la placenta en algún sitio al aire libre dentro o muy cerca del lugar donde nació la criatura.

Esto surge de la creencia de que los seres humanos venimos del mundo oscuro de la muerte y cuando recién nacemos todavía no nos incorporamos totalmente al mundo de los vivos. La existencia del neonato en la tierra es frágil, en virtud de que su paso por ella es transitorio y su futuro incierto.[1]

El enterramiento del ombligo es un paso de una serie de varios rituales que se tienen que hacer inmediatamente después del surgimiento de la nueva vida y hasta algunos días después. Este procedimiento tiene dos finalidades: “…primero, coadyuvar en la integración del recién nacido al mundo social de los hombres, esto es su conformación como persona, y segundo, lograr su reconocimiento o protección por las divinidades responsables de su cuidado, y los “dueños” de su entorno…”.[2]

También se cree que es una forma de no perder la conexión entre el cuerpo de la nueva persona y la Madre Tierra, lugar de dónde viene y a donde regresará una vez terminado su paso por este mundo.

Xquipi significa ombligo en lengua zapoteca, además es el título del exitoso cortometraje de Juan Pablo Villalobos, que ganó el premio a Mejor Cortometraje de Ficción en el Festival Internacional de Cine de Morelia, gracias a ello, fue al Festival Internacional de Cine de Cannes, en una selección de cortos que todos los años hace el festival mexicano para ser exhibidos en el francés, fuera de competencia en la Semana de la Crítica.

Por si fuera poco, el cortometraje compitió en la 14 edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM) en la Sección Ahora México que se enfoca en largometrajes mexicanos, obteniendo 2 reconocimientos: Premio Estimulo Churubusco UNAM y Premio LCI Seguros otorgado por el Jurado Fósforo.

La historia de Xquipi transcurre en una vieja casona de las que todavía existen en la ciudad de Tehuantepec, Oaxaca; y discurre sobre el momento previo al nacimiento de un nuevo ser humano en aquella casa.

Coral (Julia de la Rosa♰) cuida de su hermana Luz (Azucena Desales) que se encuentra a punto de aliviarse en una casa que esta convertida en un pequeño caos circundante ya que, por un lado, están construyendo una cisterna y por el otro, un arqueólogo revisa la obra que con dicho motivo se lleva a cabo en la casa, a efecto de cerciorarse de que no aparezcan vestigios de “interés nacional”, ya que dada la antigüedad de la ésta y por la zona que ocupa, es probable que suceda.

La película es en blanco y negro, lo cual parece una muy buena decisión, ya que le otorga una mayor estética. En ese sentido, la fotografía destaca notablemente, no solo por la cuestión técnica y artística, sino también porque hace lucir de mejor forma la casa y a sus habitantes, además de que le da el toque ambiental-narrativo que la historia requiere.

Las actuaciones son bastante buenas en términos generales, cumplen con las exigencias dramáticas que el filme requiere con creces. Quizás Julia de la Rosa (dep ♰), está en un principio fuera de ritmo, no convence, sus frases son más tocas, menos naturales, le cuesta meterse en el ritmo que el guion demanda y que han sabido identificar, con la guía del director, sus compañeros intérpretes.

Poco a poco Julia lo va componiendo. No sé si la película se rodó cronológicamente, resulta curioso en ese sentido mi afirmación, pero conforme la película avanza en cuanto a la historia, pareciera que la actriz va adaptándose a la misma, puliendo el ritmo de sus diálogos, se destensa, como que le agarra confianza al personaje o a ella misma. Aunque, como digo, es posible que la película no haya sido grabada cronológicamente y, en ese caso, mi comentario quede fuera de lugar, pero debo decirlo porque así lo sentí y me pareció un tanto obvio.

Azucena Desales y Hugo Ramírez, un personaje secundario que hace de albañil, tienen unas interpretaciones impecables. Ellos surgen de una escuela o grupo de teatro que existe en Tehuantepec, a decir por el director.

Otra gran virtud de la película que se tiene que destacar, es que fue realizada con muy poco dinero: 25,000 pesos, si leyeron bien, 25,000 devaluadísimos pesos mexicanos, obtenidos de un concurso que Juan Pablo Villalobos ganó: Libre Cinema de Mérida, Yucatán. Lo demás, el resto del financiamiento, fue una conjunción de esfuerzos solidarios y aportaciones mayoritariamente en especie, de todos los que participaron en la película, haciendo de Xquipi un exitoso ejercicio de convivialidad, lo que resulta más que maravilloso y extraordinariamente esperanzador en un mundo donde el individualismo nos está consumiendo.

La película es muy buena realmente, aunque no vi todas la películas de la Sección Ahora México del FICUNAM con las que compitió, me queda la impresión de que si no obtuvo el Puma de Plata a Mejor Película fue porque es un cortometraje (lo cual es una decisión correcta del jurado).

Hay que decir, en este sentido y de manera general: por muy bueno que sea un corto, resulta injusto y caótico-disruptivo-negativo otorgarle el premio por el que compiten largometrajes, de hecho, la simple acción de haberlo incluido en la competencia de largos, a pesar de la gran película que Xquipi es, me parece que fue un error que no trasciende, pero si debe ser motivo de debate:

No hace falta decir, creo (debería ser lo suficientemente claro), no es lo mismo hacer un cortometraje que un largometraje, los esfuerzos físicos, intelectuales, creativos, financieros, humanos y de toda índole que requiere un largometraje son considerablemente mucho más grandes que lo que se requiere para hacer un corto. Sin que ello quiera decir que la longitud del metraje sea directamente proporcional a su calidad, es decir, hay largos muy malos y cortos fabulosos no por ello resulta justo que los pongan en el mismo rubro de competencia.

Un cuento no puede, no debe, competir con una novela, por muy bueno que éste sea, porque el esfuerzo creativo —creativo, olvidémonos del esfuerzo material que bastante obvio—, para hacer un cuento no es el mismo que el que se requiere para escribir una novela. Que ésta llegue a ser buena o mala, eso ya es otra cosa. Lo mismo ocurre con el corto en relación con el largometraje.

Hay muchos largometrajes que son forzados a ser largos, aunque debieron ser cortos, porque la historia no da para más o la creatividad artística se fundió con el esfuerzo derramado en el camino recorrido. Quizás a varios de ustedes les ha parecido o habrán oído decir alguna vez que una película larga hubiese quedado bien como cortometraje, pero no como largo, porque ni la historia, ni el guion daban para más.

Aunque la historia de Xquipi da para un largometraje, de eso, de que haya elementos para extender o enriquecer la historia narrativamente, a consolidarla con la misma calidad, hay un trecho largo por recorrer. El trabajo de escritura para esos efectos debe ser al triple o cuádruple de esfuerzo, una prueba mayor. En el entendido de que se trata de mantener una calidad narrativa, extender una película por extenderla es más fácil y es una opción que muchos toman, pero demerita el resultado final.

En un corto se dispensa, hasta se entiende, que el guion sea efímero y superficial, que no profundice en el establecimiento de algunas circunstancias o el tratamiento del final que es tan importante a la hora de cerrar correctamente una buena película. Hay más de un director que pierden la película en el final y en la desesperación de no poder cerrarla tiran todo lo ya hecho por la borda. En un corto esto no pasa, si no puedes cerrar te alargas, es más, a veces, ni siquiera requiere un final, es un cortometraje.

El final es fundamental en el largometraje, en el corto no importa tanto, no hay una exigencia de cierre. En este contexto, un buen final puede rescatar un largometraje que se pierde en su propia narrativa; y un mal final puede echar a perder toda la película, en el corto el final no tiene está trascendencia.

No puedo evitar recordar Love Lies Bleeding (2024), una película reciente de Rose Glass, que tiene un final que afecta la calidad de toda la película, al grado de destrozarla. O, por el contrario, y sin la intención de comparar nada ni a nadie entre los dos ejemplos que propongo, El último metro de Francois Truffautt, cuyo final le proporciona al largometraje de más de 2 horas toda la emotividad que fue perdiendo en ese largo camino de construcción de la historia.

En cuanto al diseño y desarrollo de los personajes, tampoco se puede juzgar de la misma forma personajes en una y otra longitud de metraje, el largo requiere un trabajo con los personajes protagonistas mucho mayor para que la historia pueda conectar con el espectador. En un corto no importa mucho el dibujo del personaje porque en sí la historia y dramatización no lo requieren.

Podríamos hablar de otras razones y circunstancias por las cuales no es conveniente ni justo que un corto compita con un largometraje, como el financiamiento, por ejemplo, pero creo que no es necesario, ni el objetivo principal de este texto, aunque tampoco se podía dejar pasar el comentario fundado.

Como sea, Xquipi y todo el talentoso equipo que trabajo en la película no tienen la culpa de ser seleccionados en una competencia distinta a la de su categoría, ni mucho menos demerita en lo más mínimo el excelente trabajo de Juan Pablo Villalobos. Cualquier oportunidad debe aprovecharse al máximo y sí la ofrecen, hay que tomarla.

Tengo muchas esperanzas, y me parece que no soy el único, en que estemos presenciando el nacimiento de un talento creativo en la figura de Juan Pablo Villalobos, que tanta falta le hace al cine mexicano. Espero que hayan seguido los rituales del enterramiento del ombligo cuando nació Xquipi y que los dioses zapotecos ayuden a vencer los obstáculos que el capitalismo siempre tiene reservados para el talento con genio y originalidad pero que no es parte de las élites cinematográficas monopolizadoras.

No te enojes Cihuapipiltin,

aquí te entrego, no te enojes,

que viva muy bien la criatura,

que crezca muy bien,

que no encuentre nada,

que viva muy bien la criatura.


[1] Báez Cubero, L. (2021). Acciones rituales del nacimiento y sus implicaciones simbólicas entre los nahuas de la Sierra Norte de Puebla. Revista De Estudios De Antropología Sexual1(11), 95–113. Recuperado a partir de https://revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologiasexual/article/view/16930

[2] Ibidem.

Fotografías por Eduardo Aragón durante FICUNAM 2024.

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