Fuente: https://www.nytimes.com/2017/02/08/arts/design/his-art-is-on-the-oxxo-shelves-keep-your-receipt.html?_r=0

Recuerdo la primera vez que escuché el nombre de Gabriel Orozco durante una clase en la Universidad. Me inquietaba escuchar como unos lo adoraban y otros lo odiaban.

Cuando por fin estuve frente a algunas de sus obras me quedé en medio de la balanza, nunca me fascinó pero tampoco deteste o minimicé sus obras, pero siempre me quedó esa inquietud por saber cuál es la razón de la fascinación que ejerce en muchos, saber por qué está tan sobrevalorada su manera de hacer arte y por qué los jóvenes buscan imitarlo o imitar su manera de conceptualizar esas obras vacías que luego presenta.

Lo escuché por primera vez cuando vi su documental y lo que llamó mi atención fueron sus cuadernos de apuntes, ahí me parecía que residía toda la importancia de su obra. Orozco sabe a la perfección de lo que habla, sobre todo cuando se burla del mismo arte o cuando cuestiona al espectador. Desde esos cuadernos y anotaciones Gabriel Orozco empodera su discurso y lo hace meticulosamente natural. Para mí, ahí radica el encanto que a muchos les produce.

Muchos lo cuestionan y otros simplemente le aplauden. En febrero de este año presentó en la Galería Kurimanzutto, su obra Oroxxo, el consumo masivo de la sociedad actual así como el manejo en el mercado del arte. Instaló en dicha Galería una sucursal de tiendas Oxxo. Orozco intervino 300 piezas, productos tales como papitas, cervezas, golosinas, condones, botellas, jugos y otros más. La intervención consistió en colocarle a las envolturas de los productos figuras geométricas superpuestas de color rojo y azul. Las voces no se hicieron esperar, desde fuertes críticas hasta burlas y fastidio.

Fuente: http://www.sdpnoticias.com/estilo-de-vida/2017/02/07/oroxxo-la-nueva-y-controvertida-pieza-de-gabriel-orozco

Dar de qué hablar, pareciera que es justo la intención de Gabriel Orozco, provocar al espectador, dice él. Considero que la provocación se queda en el impacto de la obra y después sólo se reproduce el eco de la fama en la figura del artista, quien finalmente se posiciona como un complemento a la obra misma. Y entonces, sólo confunde.

El mundo del arte contemporáneo oscila entre vagas concepciones sobre lo que es hacer arte actualmente. Las grandes e importantes galerías, así como los artistas entran en ese juego, tal cual como personajes en acción de una película costosa e impactante. En una construcción de figuras y de historias que van fincándose y posicionándose como piezas de ajedrez, donde alguien como Gabriel Orozco es un rey –aunque no para todos–.

La intención de una reflexión como esta, a partir de la última pieza de Orozco, no está hecha bajos los efectos de una apreciación del arte clásico o convencional, ni en la triste y ya vieja tarea para entender lo posmoderno, sino sobre un presente donde el arte como tantas otras cosas, se encuentran nadando entre viejos dilemas y nuevos paradigmas que se dibujan y desdibujan sin cesar.

El Oroxxo se come a sí mismo en ese intento por criticar el sistema capitalista y el consumismo,pues finalmente genera círculos viciosos que no logran identificar los límites de la obra por sí sola,  ni genera una crítica profunda sobre dichos acontecimientos.

Cuando Gabriel colocó aquella caja de zapatos en la Bienal de Venecia de 1993, estaba seguro que por más vacíos que presentara dicha obra o su manera de hacer arte a partir de ello, no importaría, ya que cuando existe un gran vacío, un hueco profundo, cualquier cosa que aparezca para intentar llenarlo, conseguirá tener significados sobrevalorados en cualquier dimensión. Más de veinte años después su Oroxxo ya no intenta llenar nada, sólo acumular latas y cajas vacías.

 

Fuente: http://www.magis.iteso.mx/anteriores/010/010_ergosum_gabrielorozco%20.htm

Lucía Ges. Construye fotografías al compás de sus parpadeos. En lo visual y audiovisual radica su delirio. Licenciada en Artes Visuales y Maestra en Comunicación por la Universidad de Guadalajara.

 

 

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Lucía Ges
Maestra en Comunicación y Licenciada en Artes Visuales, ambas por la Universidad de Guadalajara. Entre sus líneas de investigación se encuentran el fotoperiodismo, el análisis de la imagen, narrativas audiovisuales y artes digitales. Como artista visual construye fotografías al compás de sus parpadeos; ahí radica su delirio.

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