Proposition, obra de Roger Ballen

El respeto de las normas sociales

El hombre plenamente insertado en la sociedad respeta las normas sociales. Y las respeta aunque sean injustas. Como la comunidad ha sido conceptualizada como un valor, los jóvenes que están buscando un camino para su vida aspiran a integrase en ella y, por balas perdidas que sean, acaban por hacerlo, lo que supone aceptar esas normas. Hay varias razones para que todo el mundo lo haga.

Roger Ballen, S/T

I.- Una de ellas es que la gente respeta más el orden social que la justicia y la verdad. El acomodo que ese hombre ha alcanzado, o que espera alcanzar, proporciona seguridad. El hombre respeta la comunidad como el niño respeta a sus padres, porque depende de ellos. En sociedades avanzadas, la muerte del cabeza de familia, o sea, de quien proporciona los ingresos, se vive como una tragedia emocional, relativamente dolorosa, puesto que la sociedad ha previsto cómo atender las necesidades de sus familiares. En ciertos países, la muerte del marido no solo es una tragedia emocional es, ante todo, una tragedia económica porque, en muchas sociedades, la mujer no puede ganar un salario suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus hijos. Aquí tenemos un refrán que dice el muerto al hoyo y el vivo al bollo, pero, en ciertas sociedades, no hay bollos. Es decir, la gente respeta las normas sociales porque respetarlas les da de comer.

Roger Ballen, S/T

Por otra parte, la coincidencia en el punto de vista de las cuestiones sociales facilita la socialización, en cambio, la diferencia de puntos de vista produciría distanciamiento. Los buenos ciudadanos buscan la integración porque la falta de integración los equipararía con los malos ciudadanos y, como tales, serían tratados y condenados al ostracismo.

Roger Ballen, Die Antwoord, Groping

II.- Como consecuencia del respeto generalizado hacia las normas establecidas, el individuo no las cuestiona porque tendría que enfrentarse a toda la comunidad. El individuo se conciencia de la validez de lo establecido como los secuestrados se identifican con el punto de vista del secuestrador en el caso del Síndrome de Estocolmo. Cuando el hombre no es libre para decidir, emocionalmente, se engaña para asumir como propia una imposición externa.

Roger Ballen, S/T

Hay un antiguo y lamentable caso de un médico que recomendó a una paciente abstemia con la tensión baja que tomara una copa de güisqui todas las noches para compensarla. La mujer acabó siendo alcohólica. Menuda ocurrencia tuvo el médico, eso no es un tratamiento clínico ortodoxo. Pero el caso nos muestra cómo reacciona la mente ante una imposición social y cómo actúa quien tiene un título, lo que debe llevarnos a cuestionar las decisiones de los titulados, por precaución, porque podríamos encontrar a más de uno que actúe de esa forma. Pero el caso es un perfecto retrato de la conducta social: El titulado siente que tiene una inteligencia superior para encontrar la verdad, y, que su inferior ‒según la organización de la comunidad‒ no tiene la capacidad necesaria para contradecir una imposición establecida por una persona con poder en la comunidad. Si esa persona hubiera sentido que tenía alguna autonomía para tomar sus propias decisiones, hubiera visto que, aunque el tratamiento le resolviera un problema, le estaba creando otro, y hubiera dejado de hacer caso de esa prescripción (RAE: Prescribir: 1. tr. Preceptuar, ordenar, determinar algo. 2. tr. Recetar, ordenar un remedio).  Cuestión socialmente relevante es cómo se tomaría el titulado esa decisión de su paciente, esa muestra de independencia, esa insubordinación al incumplir una orden de un titulado. 

Roger Ballen, Shivering

Hoy, puede resultar incomprensible la conducta de esa paciente, porque, ahora, la gente tiene mayor independencia gracias a que puede cambiar de médico, pero ¿Qué alternativas tenía una persona que no podía cambiar de médico y que, tarde o temprano, tendría que volver a su consulta? Ninguna. Por lo tanto, el error es de quienes creían que el caso podría tener otra solución porque no comprendían la situación. Y la consecuencia de la existencia de tales errores es que el caso, con otras formas, se repite constantemente ‒y hablamos del presente, no del pasado‒, pero la comunidad sigue sin verlo.

Roger Ballen, Seduction

III.- La tercera razón para aceptar una injusticia es que la injusticia proporciona poder. Las normas sociales son justas desde el punto de vista de quien sale beneficiado. Solo, desde el punto de vista de quien sale perjudicado, son injustas.

Lo que hace quien no tiene bienes o razones es quitárselas a quien las tiene. Hacer eso es injusto… o no, depende de quien lo juzgue. La sociedad puede establecer normas para que la injusticia parezca justificada.

El médico del caso citado siente que, dado su estatus social y lo que se espera de él, tiene la obligación de encontrar una solución a un problema y como, no la tiene, ofrece una ocurrencia, porque, como titulado, tiene una obligación social y su cargo implica un prestigio que debe mantener, para lo que debe ofrecer soluciones.

Roger Ballen, Madness

Médico y paciente son víctimas de las normas sociales, aunque la paciente sea, además, víctima de los efectos del tratamiento, y, en cambio, el médico tenga el respaldo social y mantenga su prestigio y su puesto.

¿Cuál es la razón o el bien que ha robado ese médico?  Lo que ha robado el titulado, gracias a su cargo en la comunidad, es la autonomía de la paciente, su voluntad. El médico se ha impuesto por su cargo. Por sus conocimientos, no debería imponerse, solo podría proponer, pues es decisión de su cliente/paciente/víctima hacer o no caso de lo que le han prescrito. El médico se ha convertido en un dictador.

El caso, mutatis mutandis, es el mismo que el de la muerte de George Floyd en Mineápolis, en 2020, cuando un agente policial puso la rodilla sobre su cuello durante su arresto para inmovilizarle. Al hacer eso, anuló su voluntad ‒y, en este caso, por completo‒ e impuso la propia.

Roger Ballen, Doomed

Confianza

El hombre socializado ha acabado preso en las redes de la comunidad. Ese hombre carece de independencia, aunque crea lo contrario porque puede tomar algunas decisiones, pero no se da cuenta de cuáles no puede tomar.

Una persona respetada puede recibir un trato justo en su comunidad. Ahora bien, cuando una persona sin escrúpulos recibe como cliente a un desconocido con quien no tiene relación y cuando tampoco tienen amigos comunes que pudieran afearle su conducta, verá únicamente la ocasión para una perpetrar una  perfecta e indemostrable fechoría. Y gente sin escrúpulos la hay en todas las actividades de la comunidad.

Roger Ballen, Subconscious Mind

No estamos diciendo que el poderoso sea malo siempre, decimos que puede ser malo si, en determinados casos, le conviene y calcula que puede quedar impune. Jack el destripador no fue malo porque matara a todas las mujeres de Londres fue malo aunque solo matara a cinco y dejara vivas a  las demás. Pero la gente, en general, es tan ingenua que no quiere creer que los poderosos cometan delitos aprovechando su cargo. ¿Cómo va un médico a hacer una operación innecesaria? ¿Cómo va un abogado a aconsejarte ir a un pleito en el que no tienes la menor oportunidad de ganar? ¿Cómo va un juez a prevaricar?, o, como piensa la ingenua señora Penny  Fleck en la película Joker (de Todd Phillips, 2019), ¿Cómo no va a ocuparse el señor  Thomas Wayne de Arthur, su hijo?

Cuestionar al poderoso supondría cuestionar la fe en la sociedad en la que vivimos formada por instituciones en las que sus responsables adquieren poder. Reconocer la podredumbre de estas supondría reconocer la podredumbre de la comunidad.

La experiencia nos dice que, cuando a un ingenuo le pones esta realidad ante los ojos, su reacción inmediata y emocional es negarla y, como siempre ocurre en estos casos, el portador de las malas noticias es quien acaba siendo la víctima del destinatario de la información. El disgusto por la negativa valoración de la conducta comunitaria es tan grande como el que se llevaría un niño si le quitaras la confianza en su padre.

Roger Ballen, Revenge

Los justicieros: Toda la maldad de la buena gente

La gente se siente bien haciendo el mal porque hacer daño constituye un ejercicio de poder. Pero sabemos que los seres sociales no pueden hacer lo que no está socialmente permitido hacer. No obstante, encuentran formas de causar daño. Y, además, hay dos motivos para ello. Uno, como hemos dicho anteriormente, por simple beneficio propio, aprovechándose de la confianza de su víctima en su profesionalidad. Ellos, los buenos, se presentan como salvadores siendo los verdugos. Terrible era aquello que hacía la buena gente al encender hogueras en las costas en las noches de tormenta para que los barcos que zozobraban se dirigieran hacia los arrecifes, creyendo que eran puertos seguros, y se estrellaran contra ellos, y todo con el fin de robar sus mercancías y las vidas y la honestidad de sus ocupantes.

Roger Ballen, S/T

El motivo que esgrimen los buenos ciudadanos convertidos en delincuentes para cometer su delito, y que presentan como justificación ética de su acto, por el cual recibirán la aprobación de otros buenos ciudadanos ‒porque, entre ellos, no ocultan su delito, sino que se regodean en él‒, es que su víctima era uno de los malos ciudadanos. La actitud de estos delincuentes la vimos muy bien representada en la actuación de Robert de Niro en su papel de Murray Flanklin en la película citada, Joker. El desprecio que muestra por los delitos del bufón no le tiene hacia los suyos ni hacia las burlas que él mismo ha hecho de Arthur, porque él es un  buen ciudadano que tiene derecho a causar el mal y no tiene por qué pensar que la conducta del joker sea consecuencia de sus propios actos. El bufón es un ciudadano de segunda que tiene que aguantar lo que le pase. Esa es la soberbia con la que actúan los poderosos y que tan bien refleja de Niro.

Entonces, encontramos una incoherencia en esta conducta, que no es sino hipocresía por parte de los buenos ciudadanos que delinquen de manera socialmente aceptable, porque a los malos ciudadanos no les está permitido hacer el mal, pero los buenos ciudadanos se conceden el derecho de causarle. Por lo tanto, los buenos ciudadanos son malas personas, aunque, como tienen el poder de establecer la verdad, se catalogan ellos mismos como buenos. Así, el juez, el médico, el abogado, el policía el político… pueden actuar descaradamente contra los malos, porque nadie en la respetada sociedad va a hacer nada en contra de ellos. La prueba de que esto es así la tenemos en los Estados Unidos en donde matar a un negro, durante decenios, no tenía ninguna consecuencia.

Roger Ballen, Flaunt

Conclusión

Hay una interpretación errónea de la conducta de los seres sociales. El niño sufre una trasformación cuando poco después de entrar en la escuela se le obliga a pensar de forma racional y a abandonar la comprensión. El niño pasa de tener un conocimiento genial a uno lógico. A la vez, va aprendiendo que hay unas formas sociales que nada tienen que ver con las naturales, empleadas casi exclusivamente en las relaciones familiares, y es cuando aprende que la conducta social es puro teatro. La actuación en la comunidad tiene tal importancia que la gente asume que esas formas son la verdad, cuando la verdad ha quedado escondida bajo la apariencia. Con esos cambios en la forma de conocer y en la forma de comportarse, racionalizando ambas, la gente se inserta en la comunidad y nada cuestiona, porque ha sido previamente amaestrada. De hecho hay, como ha habido siempre, una creencia en el buen orden establecido; antes, por considerar que en todo acto humano había una trascendencia que era ley, hoy, por una ingenua confianza en que el estado y las instituciones sociales velan por nosotros. De esa ingenuidad actual y de ese sentido de la trascendencia del pasado surge la confianza en los cargos, a pesar de que estén demostrando que no merecen ninguna. Por eso, la gente cree en la honestidad de los profesionales con una ingenuidad que hace dudar de su capacidad intelectual. Y esa gente debe pensar que los malos son perfectamente identificables porque nacen con un carné de malo debajo del brazo. Entonces, de quien dudan es de quien expone la verdad porque ellos ya no ven la verdad, ven el mundo según la interpretación que les han dicho que deben hacer, y cuestionar esa visión es cuestionar sus creencias.

Imágenes de Roger Ballen, con derechos reservados, prohibida su reproducción. Estas fueron proporcionadas a Revista Vagabunda Mx por Mario Rodríguez Guerras.

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