Tira de la Peregrinación

En su origen, los mexicas se denominaban aztecas, lo cual aludía al recuerdo de Aztlán, el punto mítico del que emigraron. Se concebían como herederos de los antiguos habitantes de Tula, los toltecas, grupo que floreció alrededor de los siglos X y XI.[1] Los mexicas fueron uno de los grupos nahuas más importantes del Altiplano central mesoamericano durante el posclásico tardío (ca. 1350-1521).[2] El término “posclásico” remite a los seis siglos previos a la conquista.[3] Alrededor del siglo XII se dio un incesante movimiento migratorio[4] y a la última parte es a la que pertenece el arribo de los mexicas.

Los toltecas se retiraron del valle a Tulanzingo y a Tula, probablemente por la presión de los olmecas.[5] Se gestó entonces su época de esplendor, hasta que con la caída de la ciudad se desintegró “el Estado militar tolteca, después del año 1000 d. C.”[6] Las tribus del norte, denominadas genéricamente chichimecas, se desplazaron y entraron en contacto con los vestigios de los toltecas, absorbieron y reconfiguraron sus costumbres, de lo que “derivaron un modelo tolteca de orden político-cosmológico, que incluía el culto al sol y el sacrificio por medio de la extirpación del corazón”.[7] Dentro de estas tribus estaban los mexicas, llamados entonces aztecas. Fundaron su aldea bajo la tutela del dios Huitzilopochtli, quien los condujo durante más de un siglo en su peregrinar. Para 1325 todavía faltarían cincuenta años para que lograran designar a Acamapichtli como el primer soberano del imperio en que se convirtieron.[8]

Códice Boturini, también conocido como Tira de la Peregrinación.

El cambio de nombre que va de aztecas a mexicas obedece al poderío obtenido. En la Crónica Mexicáyotl encontramos que: Dicen los antiguos que cuando los aztecas salieron de Aztlan todavía no se llamaban mexitin, sino que su único nombre era el de aztecas; y que sólo después tomaron el nombre de mexitin, cuando, según dicen los antiguos, Huitzilopochtli les dio ese nombre. Él les cambió su [antiguo] nombre de aztecas, diciéndoles: “Ya no os llamaréis aztecas, sino mexitin”.[9]

Esta referencia nos habla de cómo los mexicas hicieron de su cambio de nombre una manera de narrar su ascenso en el poder. En esta toma del poder, los mexicas se dividieron a su vez en tenochcas, habitantes de Tenochtitlan, y en tlatelolcas, que eran los habitantes de Tlatelolco.[10]

Sobre el origen de los mexicas: el Códice Boturini o Tira de la Peregrinación

Además de ahondar en la explicación sobre la distinción entre las denominaciones azteca o mexica cabe hablar sobre uno de los Códices que son clave en la historia prehispánica. Nos referimos al Códice Boturini o Tira de la Peregrinación. A continuación mostramos dicha información, que hemos extraído de la Secretaría de Cultura (2019).

Pese a que este archivo está inconcluso, es considerado uno de los documentos fundacionales de la historia de nuestro país, pues es el documento más temprano de la migración azteca y la versión histórica que retrata es una de las más utilizadas. Incluso se encuentra reproducido en grandes dimensiones en el patio central del Museo Nacional de Antropología.

El códice, también conocido como Tira de la Peregrinación, fue hecho en una tira de amate constituida por 22 láminas que forman un biombo de 5.49 metros. Se cree que puede estar basado o ser una copia de un documento más antiguo.

Códice Boturini

De acuerdo con lo narrado en las láminas, el dios Huitzilopochtli ordena a los aztecas abandonar Aztlan, su tierra de origen cuyo nombre significa “lugar de garzas” o “lugar de blancura”, un sitio misterioso ubicado al norte que obtiene su denominación probablemente ante la abundancia de garzas en las aguas que rodeaban la isla donde se asentó originalmente este pueblo.

Su dios les indica que deben buscar un nuevo asentamiento por lo que los aztecas, portando las reliquias o una figura de madera que representaba a Huitzilopochtli, inician su recorrido atravesando lugares desérticos acompañados de siete u ocho barrios provenientes de un poblado cercano.

Tras separarse de ellos por orden de su dios, se encontraron en su camino con los mimixcoas, divinidades lunares o demonios. Huitzilopochtli ordenó a los aztecas que los sacrificaran como primera ofrenda para él.

Después del sacrificio, Huitzilopochtli renombró a su pueblo y a partir de ese momento tomaron el nombre de mexicas; fueron consagrados así cuando su dios les entregó el arco, la flecha y la red.

Siguieron su camino y se asentaron por primera vez desde que salieron de Aztlan en Coatlicamac (las fauces de la serpiente) y Cuextecaichocayan (lugar donde lloró el huasteco). El códice narra que tras varias décadas llegaron a Tollan, donde se quedaron por 20 años, para después llegar al antiguo lago de Texcoco, en donde viajaron y se asentaron por diversa zonas durante varios años (Tlemaco, Atotonilco, Apazco, Tzompanco, Xaltocan, Acalhuacan, Ehecatepetl, Tulpetlac y Cohuatitlan, en este último descuben el maguey y aprenden a hacer pulque).

Códice Boturini

Son atacados por un pueblo y obligados a asentarse en Pantitlan, donde son víctimas de una epidemia.

Continuaron su viaje nómada hasta que se asentaron en Chapultepec por 20 años, pero ahí son tomados prisioneros por el tlatoani de Colhuacan, quien ante la abundancia de mexicas en uno de sus barrios, los usa como guerreros para deshacerse de ellos en una batalla contra los Xochimelcas.

El tlatoani les pide que maten o tomen prisioneros a varios de ellos y que les corten sus orejas, las cuales deberán llevar en un saco como muestra de su hazaña. Los mexicas se organizan y deciden utilizar hojas de obsidiana como armas y resuelven que mejor cortarán las narices de sus enemigos para que el tlatoani de Colhuacan no piense que cortaron ambas orejas; así llevarán una pieza por cada enemigo.

Hasta aquí llega el Códice de Boturini, el cual relata las vicisitudes de este pueblo previas al encuentro con la manifestación sagrada del águila sobre el tunal, una visión narrada como una profecía dictada por Huitzilopochtli como seña del lugar elegido para asentarse.

A partir de este momento inicia el periodo sedentario definitivo de los mexicas; el portento del águila y el nopal es narrado en el Códice Mendocino, en el que se muestra entre otros personajes a Tenoch, un sacerdote sentado sobre un petate que vislumbra al águila en donde es fundada Tenochtitlan (el lugar cerca del tunal).

Bibliografía

[1] Soustelle, Vida, 1970, p. 10.

[2] Noguez, “Códices”, 2002, p. 158.

[3] Gibson, Aztecas, 1996, p. 8.

[4] Ibídem., p. 11.

[5] Ibídem., p. 8.

[6] Wolf, Figurar, 1998, p. 180.

[7] Ibídem., p. 181.

[8] Soustelle, Vida, 1970, p. 11.

[9] Chimalpáhin, Tres, 2012, p. 41.

[10] Noguez, “Códices”, 2002, p. 158.

Secretaría de Cultura, 2019).

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