Las vírgenes suicidas (1999), adaptación de Sofía Coppola de la primera novela de Jeffrey Eugenides cumple veintiún años, aunque su estreno está marcado en el año 2000.

La escena de la tenue luz matinal de un barrio de Michigan de los años 70, donde el cuerpo sin vida de una joven es sacado por unos paramédicos muy familiarizados con este hogar trastocó la imagen idílica de esos colores en sepia y cálidos de adolescencia: es Mary, la última hija de los Lisbon que se ha suicidado. «Somníferos, como Teresa», escuchamos de fondo.

La novela en que este film se basó fue escrita por Jeffrey Eugenides (Detroit, 1960). En ella encontramos que «en menos de un año y medio, las cinco hermanas Lisbon, adolescentes entre trece y diecisiete años, se suicidaron. Los jovencitos del barrio habían estado siempre fascinados por esas inalcanzables jóvenes en flor, atraídos por esa casa de densa femineidad enclaustrada –la madre era una católica ferviente y moralista que no dejaba que sus hijas salieran con chicos; el padre, profesor de matemáticas dócil y benévolo, aceptaba las muy estrictas normas de su mujer–, y las primeras muertes no hicieron sino ahondar el misterio y el espesor del deseo. Los Lisbon se encerraron cada vez más en sí mismos y en el interior de la casa, y los jóvenes los espiaban desde las ventanas del vecindario, trataban de comunicarse con las hermanas pidiéndoles canciones por teléfono, contribuían al intrincado tejido de rumores, a la creación de mitologías. Veinte años después, aquellos mismos adolescentes, ya en la frontera de la mediana edad, intentan desentrañar el enigma de aquellas lolitas muertas que siguen fascinándolos» (Anagrama).

Como ye mencionamos, la cinta de Coppola es sumamente fiel al libro de Eugenides. «Los tropos del horror clásico pasan ante nuestros ojos a toda velocidad: chicas espectrales con vestidos blancos que rara vez se ven; padres prepotentes (interpretados excepcionalmente por James Woods y Kathleen Turner) que infligen un tipo particularmente cruel de histeria religiosa; Dunst como la hermana más carnal, Lux, fornicando con chicos pueblerinos en el tejado a los que nunca más verá como una súcubo del tamaño de una pinta de cerveza». (Clark, 2020)

Sofía Coppola creó en su opera prima un universo plagado de claroscuros, una poética atmósfera que logra varias cosas: la recreación de una década, la construcción de recuerdos adolescentes cargados de la pureza, el enigma, la carnalidad que rodean a esta etapa de la vida, así como los mundos disfuncionales que pueden aguardar tras la puerta de una familia ideal en apariencia.

Como siempre, lo mejor que podemos hacer para celebrar el aniversario de una película o un libro es verla o leerlo de nuevo. Así que dejaremos una imágenes, un poco de soundtrack y el trailer para que se animen a rememorarla (o verla por primera vez, si aún no lo han hecho).

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