Fotografía: Miguel Ángel Hernández.

Dice conocida conseja que para conocer una ciudad es preciso caminarla y recorrerla. Recorriendo la Habana puedes llegar a conocido establecimiento en donde una estatua Hemingway te recibe con su clásico Daiquirí; caminando en las calles de la Ciudad de México puedes encontrar vestigios mexicas como la colosal cabeza de serpiente entre Allende y Pino Suárez o una pirámide en el metro Tacuba. Entre los callejones de Guanajuato, en época cervantina, pueden encontrarse cosas peculiares…

Resulta contradictorio invitar a una banda de rock a un festival cultural que se caracteriza –quizá nominalmente- como uno de los más selectos de América Latina. Pero también podría resultar contradictorio que Chava Flores, considerado un cantante alburero de carpas, fue denominado en algún momento el cronista musical de la Ciudad de México. Molotov se presentó en el marco del Festival Internacional Cervantino (FIC) y generó expectativas y reacciones en medio de una comunidad tradicionalista.

Tras presentar rolas como Amateur, Kuleka´s Choice, Hit me o Frijolero, Molotov incomodó con su mensaje anti-sistema –y anti-religioso– a algunas de las buenas conciencias de uno de los estados más católicos y panistas de México  (como lo demostró la elección federal 2018). También fue calificado como una expresión poco profunda de crítica por otras personas.

La crítica a la religión y el estado, intensa o light¸ parece no haber sido obstáculo para los  casi 5000 asistentes en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, sede tradicional del FIC, que al corear Gimme the power, parecen haber llegado a la catarsis colectiva.

Finalmente entre el mitote callejero y los cultos eventos en los diversos recintos, dio inició el XLVI FIC, no sin ánimo polémico, una vez más.

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