En Guadalajara, el río San Juan de Dios yace oculto bajo la Calzada Independencia. No logró convertirse en un icono que dota de identidad a la ciudad, como ha sido el caso de tantos otros.

En el siglo XVII se promulgó una ley que prohibía que los desechos de las casas se vertieran a las calles, por lo que se construyó el primer sistema de la ciudad y los desechos fueron a dar al río. A fines del siglo XIX el río ya recibía totalmente las aguas negras de la ciudad.

De allí que la propuesta del gobierno fue enterrarlo bajo una gran loza de asfalto que creara una gran avenida, dando un aire de «progreso» urbano a la ciudad según el concepto de la época (que lamentablemente a veces sigue perviviendo).

Esta nueva avenida conectaría los dos grandes parques de la ciudad: al sur el Parque Agua Azul, lugar en que nacían los manantiales que daban vida al río; y al norte «La Alameda», actual Parque Morelos. Sus cauces terminaban el la Barranca de Huentitán.

Calzada Independencia y Javier Mina
El río y el mercado
Puente sobre el río San Juan de Dios

Comienzan las obras 

El proceso de entubamiento comenzó durante el mandato del coronel Miguel Ahumada (1903-1911), al respecto se señaló: “Las fiestas del Centenario, también adornaron con la entubación del río San Juan de Dios» (García-Martínez, 2016).

En 1908, Ahumada contrató al ingeniero Miguel Marroquín y Rivera para comenzar con el entubamiento del río. Se contrataron 700 obreros que trabajaron por casi dos años. El tramo a entubar fue de un kilómetro aproximadamente, desde la calle Federación, a un costado del Parque Morelos, hasta Medrano, antes de la Avenida Revolución, al Sur de la ciudad. Las obras concluyeron poco antes de las fiestas del Centenario de la Independencia y el tramo del río entubado recibió el nombre de “Paseo Porfirio Díaz”. (El Informador, 2010)

Obras de entubamiento en el río San Juan de Dios en 1890, publicada por José Luis Batista

La Calzada Independencia

Después de las obras impulsadas por Miguel Ahumada, el entubamiento del río en distintas zonas continúa durante buena parte del siglo XX. Todavía en 1975 se gestionaba presupuesto para su enbovedado (al menos en la mayor parte de su ruta).

Una vez que el río quedó sepultado bajo la loza de asfalto, la nueva Calzada Independencia fue la que tuvo diversas intervenciones con la intención de mejorar su aspecto y uso urbano. Algo que nunca ha terminado por retribuirle su antigua esencia que combinaba lo natural con un flujo urbano de tipo más orgánico.

La Calzada, como es bien sabido por los tapatíos, además creó una división no solo territorial, sino sociocultural. «Los habitantes percibieron la ciudad como un territorio dividido en dos direcciones: Poniente y Oriente, en donde la lucha de poderes económicos acentuaban la desigualdad y la exclusión social que creaba la idea de dejar a unos afuera y a otros adentro como si existiera una frontera que separaba a la ciudad en dos culturas». (El Informador, 2010)

La última intervención ha sido la creación del Macrobús en 2009, lo que modificó de nueva cuenta el «paisaje» de la Calzada.

Calzada Independencia y Javier Mina

La Calzada en la actualidad

Bibliografía

El Informador. (2010). Cien años después, la Calzada perdió su grandeza.

García-Martínez. (2016). Estudio de vulnerabilidad socio-urbana en un asentamiento irregular sobre el margen de un segmento del río San Juan de Dios.