Este año el Festival de Sevilla incrementó al doble el número de películas de su sección Panorama Andaluz. Hay quien cree que esto se debió al compromiso que el festival quiere re-adquirir con el cine hecho en Andalucía, y hay quien opina que ante los inconvenientes que se presentaron antes de la realización del festival que estuvo incluso cancelado por unos días, echar mano del cine andaluz era la salida más viable para rescatar su 20 edición. El cine andaluz al rescate del Festival de Sevilla.

Un poco de las dos cosas hay. Pero sea cual fuere la intención de incrementar la oferta de películas en la Sección dedicada al cine andaluz, la verdad es que las consecuencias son positivas y necesarias, y el balance debe ser más que positivo; porque es claro que la apertura de estos escaparates nos ayuda a ver cosas que se están haciendo en Andalucía y que de otra forma no veríamos, a pesar de que calidad no les falta.

Fueron los días, es una historia sencilla, romántica, de esas que uno busca para pasar un buen rato y distraerse —y no está mal, el problema es que hay quienes quieren pasar todo el tiempo distraídos, más abstraídos—.

No es el tipo de películas que en lo personal prefiero, —parto de la premisa que el arte tiene que ser político o social y el arte que no es político o social no merece la pena verlo en estos tiempos de apatía generalizada—. Aun así, al finalizar la película quedé con un buen sabor de boca.

A pesar de la sencillez y hasta superficialidad de la historia, la trama va llevando a descubrir algunas cosas más allá, más profundas, que una relación de amor fallida. La historia nos mete un poco en la vida del cine, pero no desde el glamur y fama de los que han triunfado, tan deseado por todos, sino más bien, desde la persistencia, resistencia y esperanza de los que esperan activamente su momento.

En una industria en la que es tan difícil triunfar debido a las reglas impuestas por el mercado y el capital. Representado el triunfo en términos de glamur, pocos se paran a pensar qué es del día a día de toda esa gente que vive dedicada al cine, que vive para el cine (literalmente hablando) y que con talento o sin él, sigue esperando la oportunidad que le abra las puertas de los sueños a medio morir que muchas veces los motivaron a hacer cine. Aunque el amor al arte es grande, nadie vive en estos tiempos ni de amor, ni de arte, desgraciada e inexplicablemente. La película nos muestra esto en un segundo plano, si ponemos atención a los detalles —¿o será mi afición a lo político y a lo social que me hizo percibirlo así?—.

Es de destacar la actuación de la protagonista Alma, encarnada en Adela Castaño que le da un toque de formalidad necesario al largometraje. Así como, los recorridos que a través de la película podemos hacer de la bella Sevilla y las tomas “robadas” del Festival de cine europeo de esta ciudad, que le dan un toque de nostalgia para todos los que algún momento han estado, massea como audiencia en este gran Festival que estuvo a punto de ser cancelado y que a pesar de las declaraciones de arrepentimiento de los políticos, y quizás por ello, corre peligro de extinción.

El director Bernabé Bunes dice que su “historia habla de cómo, a pesar de que nuestras vidas pueden estar condicionadas por las decisiones de otros, nuestra felicidad si depende de nosotros mismos y de cómo valoramos nuestro presente”.

Dice que su “opera prima, surge de la necesidad de hacer una película que dialogue con mi generación [Sevilla, 1982], una generación marcada por una sensación general de expectativas incumplidas. Crecimos creyendo que con nuestro esfuerzo alcanzaríamos nuestros sueños, que el mundo estaba esperándonos, pero el mundo estaba en otros menesteres. Aun así, nos esforzamos día a día por encontrar nuestro sitio en el mundo y darle sentido a una existencia en la que muchos de los valores tradicionales no tienen sentido.”.

Y es en esta última parte donde quizás todo tome sentido, paradójicamente: en la perdida generalizada de sentido de los valores tradicionales; donde la modernidad, la fama, el mainstream, los grandes premios y las grandes distribuidoras, son la ventana al progreso y el desarrollo personal, a la tan mal interpretada felicidad y todo lo demás es poco importante.

La imagen negada, a pesar del esfuerzo, de estar en el Festival de Sevilla o de ganar un Goya, aunque sólo sea como parte del trabajo de filmación de un guion forjado en las promesas incumplidas, en los sueños a medio morir. Pero es allí, en este colapso existencia, desde donde también podemos reconducir nuestras vidas a lo verdaderamente importante y ser feliz más allá de los festivales y los premios, en la verdadera autonomía de la felicidad.

Como sea, tenemos más cine andaluz en el Festival de Sevilla y eso es de festejar. Y como sea, el director cumple, merecidamente, su sueño de que una de sus creaciones forme parte de una de las secciones del Festival de Sevilla.

Si tienen la posibilidad, no pierdan la oportunidad de ver Fueron los días, está garantizado que pasaran un buen rato.

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