Fuente https://alchetron.com/James-Nachtwey-278522-W

James Nachtwey es un fotógrafo estadounidense. Nació en Siracusa, estado de Nueva York, en 1948. Comenzó a trabajar en Time desde 1984. Fue hasta 1986 que el fotógrafo se incorporó a Magnum Photos, donde continuó hasta 2001. Ese mismo año se creó la VII Photo Agency, que es una cooperativa internacional de fotógrafos. James Nachtwey formó parte de su fundación. Estudió Ciencias Políticas e Historia del Arte. “Ha sido acreedor de numerosos premios, entre ellos la Robert Capa Gold Medal en cinco ocasiones, el World Press Photo, el Infinity Award for Photojournialism y el Dresden Peace Prize[1].

El trabajo de James Nachtwey representa diversos conflictos alrededor del mundo; entre los más sobresalientes están: el colapso de la antigua Yugoslavia y el conflicto de Chechenia; el genocidio de Ruanda y las luchas independentistas del IRA en Irlanda. En los años ochenta cubrió las guerras civiles de América Central e inició una larga exposición en Afganistán, desde la resistencia a la invasión soviética a la expulsión de los talibanes en 2001. El 11 de septiembre de 2001 cubrió y fotografió el derrumbamiento del World Trade Center de Nueva York. En 2013 dejó la VII Photo Agency”. [2]

Es el fotógrafo de prensa estadounidense de mayor trayectoria y renombre en la actualidad. Ha sido premiado en World Press Photo, en dos ocasiones con el premio del año y más de diez veces en las diversas categorías de la premiación.

Al revisar el trabajo de James Nachtwey, queda claro lo que al fotógrafo le interesa representar y mostrar: el dolor humano una vez expuesto por medio de sus fotografías. Como lo señala Susan Sontag, “las fotografías de una atrocidad pueden producir reacciones opuestas. Una llamada a la paz. Un grito de venganza. O simplemente la confundida conciencia, repostada sin pausa de información fotográfica, de que suceden cosas terribles” [3] .

En el caso de Nachtwey, con un trabajo en blanco y negro, hace hablar a las fotografías de una manera intensa y contundente; a la vez su propio trabajo habla sobre la doble función en la que se puede presentar el fotoperiodismo. Por un lado la noticia vuelta imagen que demanda situaciones específicas y por otra, la fotografía que se vuelve artística por la estética manejada.

Los contextos que rodean el trabajo fotográfico de Nachtwey nos llevan a pensar cómo el fotógrafo estadounidense coloca al centro de sus imágenes las atrocidades, así como las consecuencias que dejan los conflictos en cualquier parte del mundo en la que suceden, pero con una firma singular. La manera de encuadrar los sucesos, el manejo del blanco y negro, los primeros planos y los planos detalle pueden dar respuestas a una manera particular de su quehacer fotográfico. Sin embargo, su fotografías son el ejemplo perfecto de la doble función en la que se ve envuelta la fotografía de prensa, como se ha mencionado anteriormente.

Las fotografías de Nachtwey han sido acreedoras de premios y mundialmente reconocidas, la potencia que adquiere la estética que construyen las vuelve artísticas casi de inmediato. Por ello quizás su reconocimiento internacional. No se puede negar la calidad y el profesionalismo de Nachtwey, pero una vez colocadas en los premios, sucede de manera similar con la fotografía de Samuel Aranda (WPP 2012) que evoca a una obra de arte. En el caso de James Nachtwey su propia producción se vuelve artística y no en el caso de Aranda que evoca a una obra de arte ya existente. Sin embargo, se vuelven artísticas sobrepasando el dolor y el sufrimiento que está impreso en ellas.

¿Qué es lo valioso en el trabajo de Nachtwey y qué es lo que se pierde en dichas escenas, las cuales adquieren múltiples significados, más allá de los intereses particulares del autor por dar a conocer alguna situación particular? Quizá esta cuestión es la que sucede a muchas de las fotografías de prensa a lo largo de su propia historia, donde no se sabe justamente en qué momento una primera intención lleva a otra y así en efecto cadena, haciendo un abanico de interpretación más allá de los contextos que las respaldan y que a la vez las aíslan de un supuesto cometido principal.

En el caso particular de este fotógrafo, su trabajo marca un legado dentro del fotoperiodismo que sobrepasa los premios y reconocimientos adquiridos, aunque también es a causa de ellos que se legitima su obra. James Nachtwey es un ejemplo a seguir para muchos fotoperiodistas. No obstante, la firma estética en su trabajo va a acompañada también de una serie de ideas que se desprenden de la denuncia sobre las injusticias que aquejan a países en conflicto, con hambre y guerra.

Es un fotógrafo humanista con su obra como testimonio, pero que desarrolla su trabajo dentro de las grandes agencias y diarios que siguen una lógica de medios donde la mirada estadounidense no deja de manifestarse y de ser la predominante. Nachtwey, independientemente de su historia de vida, en su discurso fotográfico no termina por romper con los esquemas de los fuertes sobre los débiles y de las grandes potencias que generalizan la mirada sobre lo vulnerable, lo frágil y lo injusto, en una dinámica donde los roles están muy bien definidos. Sus fotografías no provocan una ruptura contundente con esas maneras de representación de la violencia, la pobreza y la guerra en las que está muy anclada la mirada occidental que prevalece en el mundo y que se pone de manifiesto sin cesar en el fotoperiodismo.

Notas al pie:


[1] The Gold Medals, 2015, p. 210.

[2] The Gold Medals, 2015, p. 211.

[3] Sontag, Ante el dolor… 2003,  p. 10.

 

 

Bibliografía 

S. Sontag, Ante el dolor de los demás, Santilla ediciones, España, 2003.

The Gold Medals, Lunwerg, Madrid, 2015.

 

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